Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

jueves, 3 de octubre de 2013

El gorrión y La Flauta Mágica. 2º Ciclo de educación Primaria.

 
Dibujo realizado por Guillermo Martínez Ortiz para
la ilustración de este cuento.
 
Todo el bosque estaba preparado para recibir a la nueva estación. La primavera estaba a punto de llegar y los primeros brotes aparecían en las ramas de los árboles;  los campos se llenaban de flores y los pájaros ya tenían sus nidos preparados para acomodar su puesta de huevos.
Una pareja de gorriones  llevaba unos días esperando el acontecimiento. Sus huevos blancos con pequeñas manchas negras, descansaban sobre las  hojas, ramas y  trozos de hilos y cuerdas que habían tejido para formar su casa. El padre y la madre se turnaban para incubarlos. Una mañana la primera cría rompió el huevo con el pico y se vio libre de la cáscara que lo tenía aprisionado. A continuación,los demás se empezaron a animar y los cuatro gorrioncillos estuvieron dispuestos para recibir la comida que les traerían sus padres.
Los gorriones se alternaban en el cuidado de los pequeños; unas veces los cuidaba la madre, y el padre iba a recoger granos, frutas y pequeños insectos, y otras era ella la que salía a buscar la comida mientras el padre se quedaba con los pichones. Pasó el tiempo y los pajaritos se prepararon para salir del nido. Una tarde el más espabilado saltó de la rama y sus padres le siguieron para ayudarle . Le enseñaron a coger las hormigas del suelo y le sostuvieron con sus alas para que levantase el vuelo,  así  lo hicieron con todos hasta que   fueron mayores y totalmente independientes.
Los pájaros piaban tanto que las ardillas que vivían cerca de ellos a veces tenían dolor de cabeza, sin embargo, había uno en especial al que sí daba gloria escuchar. Él no piaba, él cantaba y lo hacía mejor que  un ruiseñor. Conseguía que todos los animales que estaban cerca dejasen lo que estaban haciendo y  parasen para oírlo. El gorrión no descansaba aunque estuviese anocheciendo. Una tarde, el búho del árbol vecino  que estaba asombrado de los pulmones del pequeño gorrión dijo:
-Sus trinos parecen el sonido de una flauta mágica; a partir de ahora te llamaré Flautín...
 A  los animales del bosque les hizo gracia lo que dijo el búho, así que, Flautín por aquí, Flautín por allá, se quedó con ese nombre.
Los padres estaban  muy  orgullosos y asombrados de su hijo; no era normal que un gorrión cantase así, por eso dudaban de si ese huevo que habían incubado podría ser de otra clase de pájaro, quizás de un canario o de un ruiseñor,  aunque por otro lado su apariencia externa era  la de un gorrión: Flautín tenía que ser hijo suyo.
Los pequeños  gorriones  cada vez se atrevían a volar más lejos; durante el día hacían sus inspecciones por los alrededores y luego volvían a dormir al mismo árbol. Flautín era el más madrugador y también el que regresaba más tarde. Sus padres  estaban intrigados; no sabían cuáles serían las ocupaciones diarias de su hijo.
-Mañana, en  cuanto se levante, lo seguiremos para ver  dónde va-, dijo la madre un poco preocupada.
Eso hicieron, en cuanto Flautín levantó el vuelo  sus padres lo siguieron a una distancia prudencial para no ser descubiertos. Volaron  durante un rato sobre unos huertos cercanos que estaban llenos de naranjos y limoneros. El  olor a azahar  llenaba el aire. Divisaron a lo lejos a su hijo; se había posado  en la rama de un limonero. En ese momento oyeron la melodía que él siempre cantaba. Al principio, pensaron  que se había parado a descansar y había aprovechado para entonar su canción  favorita pero comprobaron  que cerca  había  una casa de donde salía el sonido de una flauta que parecía mágica de verdad. Su hijo la escuchaba embobado. La casa  era pequeña, pero  se veía muy  cuidada; en el jardín había un perro que ladraba sin parar  y dos o tres gatos que no quitaban ojo a la rama en donde estaba Flautín posado. Los padres se preocuparon un poco, no parecía un lugar seguro. En el piso superior  de la  casa  había  una ventana abierta y, dentro, una señora  sentada al piano acompañaba a una jovencita que tocaba con una flauta la misma melodía que su hijo les entonaba todos los días. Cuando terminó la muchacha, Flautín empezó con sus trinos. Ella  se asomó a la ventana, parecía que ya estaba acostumbrada a oírlo porque sonreía  mirándolo mientras el gorrión  repetía una melodía parecida a la que ella acababa de interpretar. Los padres se dieron cuenta de que en ese lugar  su hijo había aprendido a cantar tan bien. Levantaron el vuelo y dejaron a Flautín  disfrutando de sus clases de música.
Todos los días, el gorrión volvía  para escuchar a su amiga, se colocaba en el limonero  que había elegido el  primer día que llegó a aquel huerto y esperaba   a que se abriese la ventana, a que la señora se sentase al piano y a que su amiga empezase a ensayar. Una mañana estuvo aguardando durante mucho rato  pero nadie  se asomó.  Flautín volvió a su casa muy triste; no  se explicaba dónde había ido su amiga ni por qué había dejado de interpretar sus preciosas canciones. El búho, extrañado  de que  esa tarde no cantase, le dijo  desde su rama:
-Qué te pasa Flautín, ¿esta tarde no cantas?
-No tengo ganas señor búho, lo siento-, y se acurrucó en una rama al lado de sus hermanos. Todos, en el bosque, echaron de menos sus trinos.
Por la noche estuvo lloviendo sin parar. Flautín no pudo pegar ojo,  aprovechó para levantarse más temprano y como no sabía qué hacer se dirigió hacia el huerto en donde se encontraba la casa de  su amiga. Cuando se colocó en su rama, la vio,  se dio cuenta de que la chica estaba en la puerta esperando a alguien. En ese instante apareció un coche  rojo como el  tejado, y dentro de él  la señora que tocaba el piano con un vestido negro muy elegante. La chica  también estaba muy  guapa, parecía una artista. Se subió al coche  y el motor arrancó suavemente, parecía que el conductor no  lo quería manchar  con el barro de  los charcos que había por el jardín. Flautín, intrigado se dispuso a seguirlas. Atravesaron los huertos que rodeaban la casa y salieron a una carretera que tenía mucho tráfico. ¡Ay! Qué complicado era volar por encima de tantos coches. El humo subía hacia donde él estaba y le irritaba los ojos, le lloraban tanto que casi  no veía, además iban tan deprisa que le costaba mucho seguirlas, menos mal  que el color rojo se veía a gran distancia y eso le facilitaba un poco las cosas. De repente, sin saber de dónde, salió otro coche del mismo color y forma parecida ¿Cuál de ellos sería? Ahora sí que estaba en un aprieto. Bajó un poco el vuelo y aprovechando que  los coches se habían parado se dispuso a mirar por las ventanillas para ver en cuál de ellos estaba su amiga. Por fin la vio, ya no se le iba a escapar. Entonces se encendió una luz verde que estaba colgada de un árbol  muy extraño, sin ramas ni hojas ni nada, y todos los coches salieron corriendo haciendo mucho ruido. Por poco se cae al asfalto; estaba desprevenido cuando los motores arrancaron. El coche rojo se  paró y las dos chicas se bajaron de él; se pararon ante  el  edificio más bonito de todos los que allí había.
La entrada  era tan alta que  sus dos amigas parecían hormigas cuando subieron por las escaleras. Intentó seguirlas pero se dio cuenta de que había unas puertas de cristal que daban vueltas y vueltas y, aunque hizo varios intentos de pasar detrás de ellas estuvo a punto de estrellarse contra los cristales, así que desistió y se posó en un árbol que había por allí cerca para esperar a qué salieran.
Había transcurrido bastante rato y Flautín se estaba impacientando. Allí solo, sin nadie de su familia y sin saber dónde estaban sus amigas empezó a  notar que el corazón se le encogía, la verdad es que estaba un poco asustado.Nunca se había sentido así y no le gustó nada esa sensación.
Levantó el vuelo y se acercó a una de las ventanas que el edificio tenía en la parte superior, se  posó encima del alfeizar  y pudo ver una sala grandísima en donde   hombres y mujeres tocaban cada uno un  instrumento diferente aunque interpretaban a la vez la misma melodía. Entonces la vio: su amiga, delante de todos, tocaba con su flauta una de  las   canciones que ella había ensayado. Después, ¡qué maravilla!  todos tocaron la que ella y él practicaban a diario  en la casita del huerto.No  lo pudo resistir, se coló por una claraboya que estaba abierta y, volando en círculos, se  posó encima del piano.
En el centro de la sala, ella estaba radiante, parecía la más importante de todos; llevaba un vestido rojo largo y estaba más guapa que nunca.  Un señor con una ramita pequeña en la mano hizo un gesto y todos se pararon. Entonces oyó un sonido muy fuerte y cuando miró hacia el otro lado  vio a muchas personas que juntaban y separaban  las manos, haciendo un ruido parecido al que él hacía con las alas cuando  estaba aprendiendo a volar. La joven se inclinaba hacia adelante y sonreía a todos.
 Uno de los músicos se dio cuenta de la presencia de Flautín y avisó a unos compañeros:
-¡Coged a ese pájaro! Nos va a estropear el concierto.
Otro se levantó y le echó por encima su chaqueta negra para atraparle pero, en ese momento ella miró hacia donde estaba el gorrión y lo reconoció enseguida, ese gorrión  era Flautín, la había seguido hasta el Teatro de la Ópera.
-¡No! Por favor no le hagáis daño, es mi amigo, ya veréis cómo  canta conmigo mientras toco la flauta-, exclamó asustada.
Lo cogió con cuidado y  lo colocó sobre su hombro, sujetó despacio  la flauta para que Flautín no se cayera y empezó a tocar la pieza  que siempre  ensayaba y que  él oía  desde la rama del limonero. Ante el asombro de todos, el pajarito acompañó con sus trinos las notas que salían de la flauta. Los músicos de la orquesta, el director  y el público no se podían creer lo que estaban escuchando en ese momento: un gorrión  interpretando La Flauta Mágica de Mozart, ¡eso era impensable!
 Se hizo un gran silencio y volvieron a  repetir la misma pieza del repertorio ¡qué maravilla! no desafinó ni una nota.
La gente volvió a mover las manos como habían hecho antes con su amiga. Ella estaba muy contenta y él  muy feliz porque, aunque era un simple gorrión, cantaba como un ángel. Eso era lo que siempre  le decía Laura cuando se iba la gente y se quedaban solos. A veces, cuando actuaban por la noche, a través  de los cristales de las ventanas, se veía a un extraño grupo compuesto por un búho y un grupo de gorriones escuchando sin pestañear  las preciosas melodías de Laura y Flautín. Luego, se acercaban a la puerta del teatro a ver el cartel anunciador:
                                                 HOY

            9 REPRESENTACIÓN DE ´LA FLAUTA MÁGICA

                                           (DE MOZART)

Entonces los padres de Flautín  preguntaban al  señor búho, que era muy sabio y  sabía leer muy bien:
- ¿Quién será ese Mozart?
Y el búho  haciendo gala de su sabiduría contestaba:
-Debe de ser el dueño del teatro-, afirmaba. Luego añadía:
-En ese cartel  pone que están tocando La Flauta Mágica, seguro que se refieren a Flautín, ¿habéis visto como yo tenía razón? su sonido es verdaderamente mágico.
Y al escucharle, sus padres se sentían muy orgullosos de tener un hijo como Flautín.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Dos músicos en la familia

Instantáneas
 
Esta mañana me han dado una alegría por teléfono. Ha sonado el teléfono y mi hija me lo ha dado rápidamente.

-Toma, es Pablo que quiere hablar contigo; no entiendo lo que dice.

-Hola Pablo, ¿qué ocurre?

-Abuela ¿tú me puedes enseñar a tocar el fagot?

Pablo siempre me sorprende de una forma u otra.

-Pablo, yo no sé tocar el fagot, eso debe de ser muy difícil. Solo sé  tocar un  poco el piano y, hace tanto tiempo que no lo hago, que ya casi ni me acuerdo.

-No, si me refiero a que si me puedes enseñar las notas, es que no me las sé y quiero aprenderlas para tocarlo.

-Ah-, suspiro aliviada-, eso sí que puedo hacerlo, pero ¿cómo se te ha ocurrido escoger ese instrumento? Le pregunto todavía sorprendida.

-Pues no sé, ayer en la clase donde va Guille a aprender flauta travesera, estaban tocando un fagot y me ha gustado.

Pues nada-, le digo-, en cuanto vengas a casa, te enseño.

Pablo se ha quedado muy contento y yo más. Siempre he querido  tener un músico en la familia, y ahora con un poco de suerte tendremos dos: Guille y Pablo.
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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Una lluvia muy especial. Educación infantil y primaria.



 
Hace una tarde fea y gris, de esas en las que apetece estar en casita con la calefacción puesta y merendando, calentitos,  chocolate con churros o cosas parecidas: donuts, madalenas, bizcocho de la abuela, croissants, torrijas…
Guille está aburrido, tiene mucha hambre pero, en casa, para merendar, solo hay cosas tan aburridas como él: plátanos, manzanas y galletas. A él le gusta mucho la fruta, pero  una tarde aburrida necesita algo divertido para  levantar el ánimo. De un momento a otro,  las nubes van descargar toda el agua que, como esponjas grises, han empapado en el mar.
-Guille, ha empezado a llover-, le dice Pablo, entrando en el salón como un loco.
-Vaya fastidio, ya no vamos a poder ir a casa de la abuela, me prometió que hoy nos iba a hacer un bizcocho de chocolate. Voy a llamarla.
-Hola abuela, soy Guille. ¿Nos has hecho el bizcocho?-, pregunta con ansiedad.
-Pues claro, pero con la que está cayendo no os aconsejo que salgáis. Es mejor esperar a que pare de llover.
Guille se asoma una y otra vez, nervioso,  esperando que termine de caer agua. Por fin aclara, ya se ven las estrellas y la luna ha aparecido  entre las nubes como un globo lleno de leche.
-Mamá, ya podemos salir, la abuela nos está esperando para darnos el bizcocho-,le dicen muy contentos ante la perspectiva de una rica merienda.
Los niños se meten en el coche y van a casa de la abuela, que está en el campo, sin  miedo a ponerse como sopas.
Cuando salen del coche su madre les avisa:
-Alto, mucho cuidado por donde pisáis, el suelo está lleno de caracoles.  
Es verdad, los niños se asombran de la cantidad de estos animalitos que hay por todas partes, nunca habían visto tantos ni tan juntos; están paseando solos o en grupo, por el suelo pero también están subiéndose por las paredes y han empezado a comerse las macetas. Pasan despacito mirando donde ponen el pie para no pisarlos. Pobres caracoles si los pisaran les romperían la casa y  se morirían. Cuando llegan a la puerta, tocan el timbre y al salir su abuela, le dicen llenos de emoción:
-Abuela, ¿sabes qué? ¡Han llovido caracoles!
La abuela comprende que sus nietos necesitan algunas aclaraciones sobre los caracoles y la lluvia, así que con una gran sonrisa les invita a pasar.
-Vamos  dentro, chicos, al lado de la chimenea hablaremos de los caracoles.


martes, 18 de junio de 2013

El ogro Zampón visita el colegio de los Maristas Merced Fuensanta.



Esta mañana, bien tempranito,  he tenido el gusto de visitar con mi cuento, EL OGRO ZAMPÓN, el colegio de Los Maristas.  Un total de ciento cincuenta  niños, cinco clases  de tercero de infantil, has asistido a una sesión de cuentacuentos y  se han portado de maravilla. Ester, una de las  profesoras me pidió que les mandase el cuento el día anterior con el fin de leérselo  una vez, antes de que yo se lo  contara para que les sonase algo. La verdad, no tenía muy claro si sería un poco largo para niños tan pequeños, pero me han dejado asombrada con la cantidad de datos que habían retenido de él.   Han participado mucho y han contestado a mis preguntas con un interés tremendo. Al principio, les iba preguntando cosas según les contaba el cuento pero, luego, he tenido que dejar de hacerlo y contárselo todo seguido porque cuando intervenían era difícil hacerlos parar. Cuando hemos llegado a un punto en el que al ogro Zampón le pican las hormigas, han empezado a nombrar las clases de hormigas que conocían y ríete de los programas  de animales de la segunda cadena.  Les he preguntado qué era lo que más les  había gustado del cuento y muchos de ellos han contestado que cuando el niño  le cambia el nombre  de Zampón por el de Cumplidor.
Después de leer les he preguntado si encontraban algún parecido entre este cuento y algún otro que ellos conociesen. Uno de ellos, enseguida ha respondido que en el cuento de Pinocho el  hada también le castiga por mentir. No era fácil encontrar ese paralelismo pero, ellos, lo han hecho.
 Al terminar,  les he dicho que les tocaba el turno a ellos: les he pedido que  alguien me recitase una poesía o me contase un cuento. Ha salido un poeta, una cantante y un intelectual; todos lo han hecho muy bien sin ningún apuro han cogido el micrófono y con mucha soltura han actuado delante de sus compañeros. Después, Jorge creo que se llamaba, nos ha dado una charla sobre el Universo que nos ha dejado a todos con la boca abierta. ¡Qué manera de explicar los planetas! Por supuesto que Jorge, de mayor, quiere ser astronauta.
Por último les he enseñado mi blog de cuentos y les he recomendado que entren en él de vez en cuando.Seguro que se divierten.
Solo he estado una hora con ellos pero ha sido muy intensa y provechosa para todos.
Un beso muy fuerte para todos ellos y para sus profesoras.

domingo, 2 de junio de 2013

Guille y Pablo: La sorpresa de Guille. Educación Primaria.



Los amigos de Guille lo saben, las mamás del colegio lo saben y, hasta Mayca, la madre de Guille, está enterada de todo pero, a él, no le han dicho ni media palabra, quieren que sea una sorpresa. Todo el mundo está de acuerdo en que va a ser la mayor alegría que le pueden dar.
Hoy Guille ha ido a clase como todos los días sin sospechar nada, pero sus compañeros sí que están nerviosos; llevan muchos días guardando el secreto y, eso es algo muy difícil para los chicos de esa edad. Han estado cuchicheando durante el recreo y luego, en el comedor, sus compañeros Pepe, Miguel, Luis y Paco han explotado.
-Guille, vas a tener una sorpresa, adivina qué es-, le dicen poniendo cara de misterio.
Guille se ha quedado pasmado, piensa que es una broma y exclama:
-Que los tres os vais a quedar conmigo a hacer los deberes.
Guille, después de comer se queda haciendo los trabajos de clase mientras  sus amigos tienen futbol, y echa de menos su compañía cuando trabaja, por eso, también le hubiese gustado que ellos se hubiesen quedado con él.
-No, frío frío-, responden
-Ya sé, la sorpresa es que viene mi amigo Adrián-, exclama riendo.
 ¡Todos se han quedado de piedra! ¿Cómo habrá adivinado que es verdad, que Adrián está de nuevo en Murcia? Fingen como pueden.
-Sí hombre, cómo va a venir desde Ecuador-, dicen  disimulando mientras terminan de comer.
-La sorpresa  te va a hacer llorar mucho mucho y es… un sándwich de jamón y queso-, le  explican muy serios.
-Y ¿por eso voy a llorar? –pregunta extrañado.
-Sí, porque quema. Todos ríen ante las tonterías que se les están ocurriendo.
Por fin, terminan de comer y Guille, como todos los días, se va a  estudio mientras que  los otros compañeros salen al patio a jugar al fútbol. Él no sabe que su madre ya ha hablado con las monitoras para que al terminar de comer, en cuanto llegue su amigo, le dejen salir  a jugar con toda la clase para celebrar su regreso.
Cuando llega Adrián al colegio, todos los chicos que están jugando en el patio van corriendo a saludarle, Guille está dentro y no se entera. La monitora le dice que salga, que hay alguien fuera que quiere saludarle, que puede ir también a jugar con todos porque tiene el permiso de su madre.  El encuentro entre los dos amigos ha sido muy emotivo; Guille es un chico muy sensible y al ver a su amigo del alma se ha abrazado a él y no podía parar de llorar. Las madres de los demás niños, que también habían llegado para recibirle y darle la bienvenida después de tantos kilómetros de avión, se han emocionado al ver llorar así a Guillermo.
Adrián y Guille han ido juntos al colegio desde pequeños, siempre  decían que eran los mejores amigos del mundo; celebraron juntos muchos cumpleaños, Guille fue a la comunión de Adrián y este a la suya,  han pasado  jugando  muchos fines de semana, estaban en el mismo equipo de fútbol   y siempre pensaron que no habría nada en el mundo que los pudiera separar, hasta que un día… Tony, el profesor, dio la noticia en clase:
-Chicos, os tengo que decir algo que no os va a gustar mucho. Adrian, vuestro compañero, tiene que volver a su país.
 Guillermo ni siquiera podía sospechar que algún Adrián se iría de España; se había imaginado su vida siempre  al lado de su amigo. Cuando Adrián tuvo que volver a su país se le cayó el mundo encima. Sus abuelos para quitarle el disgusto se lo llevaron a la playa, le dijeron que todas las personas van dejando durante su vida montones de amigos, pero que esas amistades no se olvidan, que se guardan en el corazón como un tesoro, y le ponen el ejemplo de su madre:
-Mira Guille,  nosotros nos teníamos que mudar muchas veces de ciudad por el trabajo de tu abuelo ,y tu madre tenía que hacer amigos en cada colegio nuevo a donde llegaba y dejar a los otros con todo el dolor de su corazón, pero ahora tiene muchos amigos en muchas ciudades-, le dice su abuela.
No parece que eso le consuele mucho pero, poco a poco, entre los baños en la playa y las fiestas de San Juan se le va pasando el disgusto, aunque sigue acordándose de él.
Ahora, tiene de nuevo a Adrián a su lado. Han vuelto las meriendas en las hamburgueserías, las excursiones a la playa, las fiestas de bienvenida, pero hay que hacerle comprender que solo va a estar aquí quince días, después se marchará otra vez y eso será otro golpe para Guille. ¿Cómo lo aceptará? Espero que  mejor que la primera vez; Guille ya tiene once años y debe comprender que la vida, de vez en cuando, nos da sorpresas, unas buenas y  otras malas.
Menos mal que la madre de Adrián les ha prometido que van a volver a España una vez al año. Esta vez, la despedida será un poco menos amarga.

El dibujo en de una página para colorear "Dibujos de amigos"

¡¡Bienvenido, Adrián.!!



sábado, 1 de junio de 2013

Guille y Pablo: Conversaciones con Pablo, un futuro emprendedor.Educación Primaria.

Es la hora de la siesta y mi nieto Pablo está conmigo. Con un niño de seis años es difícil  reposar  después de comer, así que, para que se distraiga y me deje descansar  enciendo la televisión. Con el mando hago una pasada por distintos canales y elijo, con su permiso, un reportaje en la segunda cadena. Los reporteros han realizado un viaje magnifico durante dos años  alrededor del mundo y ahora están descendiendo desde el llamado Nilo Azul hasta su desembocadura. Han pasando por muchos países, algunos son muy  acogedores pero otros bastante peligrosos. Tanto él como yo estamos muy atentos observando maravillados todas las aventuras tan arriesgadas  que están viviendo estos hombres. Entonces Pablo me mira y me pregunta:
-Abuela,  ¿los percebes son caros?
 Lo que menos me podía imaginar en ese momento era que un niño  de seis años saliese con esa pregunta. Intento aguantarme la risa porque me hace mucha gracia.
-Pues sí son caros porque son difíciles de pescar.
-Se pescan donde hay muchas rocas ¿verdad?
 
Pescando percebes

-Sí y además normalmente se agarran en las zonas en donde las olas baten más fuerte. Aquí en el rio Nilo no hay percebes-, le aclaro por si no se ha dado cuenta, pero  el que sigue aclarando las cosas es él:
-Ya lo sé pero en mi playa en Campoamor si hay muchos, y este verano yo voy a vender percebes.
-Me extraña que en Campoamor haya percebes-, le digo para que me deje seguir viendo el reportaje en donde están hablando de las pirámides nubias que son una preciosidad.
-Abuela, ¿cómo se cogen los percebes?-, continúa.
-Pues con un cuchillo para poder despegarlos bien de las rocas-, le explico.
-Y ¿con tijeras no se puede?-, sigue preguntando.
-Yo creo que no, porque los romperías-, le aclaro.
 

-Pues yo este verano voy a vender percebes y pescadillas. En mi playa hay muchas, yo las he visto.
En ese momento le llama la atención las pirámides de las que están hablando y su antigüedad. El  reportero  comenta que las ruinas que tiene delante son del 2.115 antes de Cristo, pero Pablo se queda solo con el número.
-Abuela, se ha equivocado, como va a ser el 2.115 si estamos en el 2.013.
-Ha dicho antes de que naciera Jesucristo-, le explico.
-Entonces, las hicieron hace…,-inmediatamente hace la suma-, 4.128 años. ¡Qué bárbaro!-, dice, y se queda tan pancho.
 Con lo pequeño que es, cómo maneja los números; me deja totalmente asombrada y él continúa hablando:
-Abuela, para poner una tienda ¿hay que pedir permiso a alguien?- siguen proyectando el reportaje, interesantísimo, en la televisión-  pero yo ya no sé qué es más interesante si lo que ponen en la pantalla o las preguntas de mi nieto.
-Sí,  tienes que pedirlo en el ayuntamiento para que te dejen vender.
-Y para vender en la calle ¿también?
-Sí,- le contesto.
-Ah, pues mi madre tiene un amigo en el ayuntamiento que a lo mejor nos  puede dar permiso para vender los percebes y las pescadillas.  En mi playa hay muchas pescadillas.  También hay otros peces blancos ¿Tú te acuerdas cuando te pusiste las gafas de bucear, unos peces blancos que había? Pues esos no los he visto nunca en otro sitio, solo en Campoamor-, aclara.
-Bueno, seguro que sí los has visto, lo que pasa es que dentro del agua los peces parecen diferentes con los reflejos de la luz-, le contesto.
-Sabes lo que te digo, que a lo mejor mi madre no me deja vender pescadillas-dice poniéndose pensativo-,  porque el año pasado me metí donde va mi hermano Guillermo a bucear y casi me ahogo. Tuvo que entrar ella a por mí porque no llegaba a la orilla.
 Mientras, los cuatro reporteros  han llegado a los templos egipcios de  Abu Simbel y el tema de la venta callejera ha pasado a segundo término.
Templo de Abu-Simbel


-Abuela, a mí me daría miedo meterme en ese sitio, está muy oscuro. Oye, si Jesús es el verdadero Dios ¿por qué ellos creen en otro Dios?
 A ver cómo le explico esto, ¡me pone en cada aprieto!
-Ellos creen en Alá y nosotros en Jesucristo pero en realidad  solo hay un Dios, lo que pasa es que se le llama  con distintos nombres-. En ese momento eso es lo que se me ocurre para explicarle sus dudas.
Las vistas que salen  en la pantalla son una maravilla; después visitan la pirámide de Keops.
Siguen contando que está hecha con 2.300.000 bloques piedra de 2 toneladas cada uno. Pablo, con sus  seis años, inmediatamente calcula el peso de todas las toneladas.
-Abuela, son 4millones  seiscientas mil toneladas  de piedra….
 
Pirámide de Keops

No recuerdo bien las exclamaciones que siguió haciendo sobre la cantidad de piedra que utilizaron;  menos mal  que los expedicionarios llegaron a El Cairo y mi nieto dejo de darle vueltas a su cabeza. Yo también a la mía.
La conversación de esta tarde me ha devuelto la confianza en la recuperación económica de nuestro país. Si  tenemos suerte, y hay muchos niños como este preparándose en nuestros colegios, la falta de emprendedores que tenemos actualmente se acabará, y  en poco tiempo todos saldremos  de la crisis.
 
Las fotografías las he cogido prestadas de internet. Muchas gracias.
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martes, 21 de mayo de 2013

Una clienta incómoda. Educación secundaria.

La tienda de modas que le habían recomendado estaba situada en el primer piso de un edificio muy moderno en la zona centro de la ciudad. A Dña. Patro le hubiese gustado más que se encontrase en una planta baja; cuando tenía que subir al primer piso le daba apuro llamar al ascensor, prefería ir por las escaleras, no porque no se cansase no, sino por el qué dirían. Sus kilos de más le pesaban bastante. Hizo una parada en el rellano y cuando consiguió coger aire terminó el tramo de escaleras que le faltaba para  llegar. Quería un traje de madrina y, en ese lugar, podía encontrar lo que ella necesitaba. Un letrero fluorescente señalaba que estaba en el sitio adecuado: “Modas Ana, vestidos inteligentes para gente elegante”. Las letras parpadeaban intermitentemente avisando de los trajes que podían encontrar y de quiénes los podían vestir. Cuando se recuperó del impacto que le había producido el anuncio, llamó al timbre y esperó jadeante a que abriesen la puerta mientras su corazón se iba calmando según pasaban los segundos.
Una señora  rubia, elegantemente  vestida  toda de negro, salió a recibirla:
-Buenas tardes, ¿qué desea? -dijo mirándola con cara de extrañeza al darse cuenta de que esa señora, precisamente, no era del tipo de las que se vestían en su tienda.
-Buenas tardes. Verá, necesito un vestido para una boda. Voy a ser la madrina y me han dicho que ustedes tienen los mejores de la ciudad.
La señora rubia la volvió a mirar de abajo a arriba. Paseó  despacio sus ojos por los tobillos hinchados y  las pantorrillas rechonchas de la clienta y siguió por los michelines de la cintura y su abundante pecho.
-Pase, pero…, no sé si aquí habrá algo que pueda servirle. Vaya mirando entre los vestidos que hay expuestos –le indicó señalando unos percheros- y cuando encuentre algo que le guste, veremos si tenemos su talla – dijo de una manera algo despectiva, como si quisiera perdonarle la vida por el atrevimiento de  querer vestirse en su local.
Dña. Patro fue repasando las perchas: gasas, terciopelos, sedas adamascadas, muarés… Por fin pareció decidirse por uno de ellos,lo señaló para  que la señora rubia y elegante que la había recibido, le buscase su talla:
-Me gusta este. Creo que me hará más delgada.
-Pues lo siento, ese modelo es el único que nos queda, y es una treinta y ocho- dijo regodeándose con una sonrisa que no tenía nada de agradable-, pero aquí hay uno que le puede sentar de maravilla. Tiene que vérselo puesto. No diga nada hasta que se lo pruebe.
Dña. Patro cogió el vestido que le enseñaban y entró en el probador; primero se quitó la blusa un poco sudada -¡como le molestaba esa humedad que siempre le acompañaba debajo de las axilas cuando iba de compras!-, luego la falda. Con un poco de esfuerzo intentó meterse en el vestido de terciopelo rojo que le habían ofrecido,por fin entró en él. Empezó a subirse la cremallera hasta que logró cerrársela. Se encontraba muy incómoda. El vestido le apretaba y se iba ciñendo más y más a su cintura, era como  si los tentáculos de un pulpo la abrazaran dejándola sin respiración. Intentó quitárselo pero era imposible, la cremallera se había atascado.  Llamó a la encargada de la tienda pero nadie la oía, se empezó a marear y   a asfixiarse, hasta que la falta de aire  fue la causante de que perdiera el conocimiento.
El golpe que Dña. Patro se dio en el suelo, hizo que entrasen enseguida a socorrerla. Rápidamente le bajaron la cremallera y una corriente de aire fresco empezó a entrar en sus pulmones.
-¿Se encuentra usted bien? le preguntaron las dos mujeres que en ese momento estaban en la tienda.
-¡Ay, sí, qué alivio! Ya se me está pasando. ¡Qué susto me he llevado! Creí que me moría.
La dueña la ayudó a vestirse y, Dña. Patro recogiendo su bolso que también había ido a parar al suelo, salió de la tienda disparada con el susto todavía en el cuerpo.
La señora rubia y elegante vestida de negro –un poco molesta- habló con su dependienta:
-Mis creaciones son así, no sé porqué no leen bien el rótulo de la entrada, lo pone bien claro:
“ Modas Ana, vestidos inteligentes, para gente elegante”.

El dibujo lo he tomado  prestado una página de "Dibujos de señoras gordas" de internet.

sábado, 4 de mayo de 2013

Visita al colegio Virgen de la Fuensanta con motivo del Día del Libro 2013.

El pasado 23 de abril mis antiguas compañeras de cole me invitaron a  visitarlas para que los niños y yo hablásemos sobre los cuentos. Como era el día de San Jorge, me recibieron con una rosa. Estaban celebrando la Semana Cultural y, con este motivo, cada niño o niña  había escrito un cuento, lo había encuadernado y estaban todos expuestos en la entrada del colegio. Daba gusto ver con qué primor habían elaborado sus primeras obras literarias.


En la biblioteca del cole

La charla fue en la biblioteca y me acompañaron varias profesoras. Salieron muchos temas, todos relacionados con los cuentos, por eso,  les expliqué que en mi blog los niños pueden encontrar muchos cuentos que voy subiendo de vez en cuando; les indiqué cómo pueden buscar los cuentos en él. También hablamos de la inspiración, ellos me contaron los temas sobre los que han escrito sus historias: sobre muñecas de porcelana, sobre la amistad, sobre naves espaciales… Una niña nos explicó que había hecho uno sobre  una Caperucita diferente. Así, con este motivo, hablamos de que, a veces, se pueden hacer variaciones sobre un tema por ejemplo el de Caperucita.
Da la casualidad de que yo tengo un cuento en mi blog llamado “Caperucita roja, pero menos” y estuvimos leyéndolo. Les gustó mucho porque es muy gracioso. Les conté que el dibujo del cuento lo había hecho mi nieto.  Pasamos un rato estupendo. A casi todos los niños les gusta mucho leer, pero había  dos o tres  que dijeron que les aburría. Yo les aconsejé lo siguiente:

-Si te aburres al leer un libro, déjalo y busca otro; hay muchos libros para que te empeñes en leer uno que no te gusta; seguro que encuentras alguno que te enganchará y, entonces empezarás a amar los libros y la lectura.



Después les firmé para la biblioteca del colegio algunos libros  de “Tango, el perro pastor” y hablamos de mi nuevo libro “Paloma y el corzo blanco”.

Se portaron estupendamente. Volveré cuando ellos quieran.

Os pongo el enlace de" Caperucita roja pero menos" por si queréis leerlo.
http://laabuelaatomica.blogspot.com.es/2012/04/caperucita-roja-pero-menos-2-y-3er.html

viernes, 26 de abril de 2013

2ª Visita al colegio Jesús María de Murcia, con motivo del Día del Libro.


Este año, como el pasado, con motivo del día del libro, me volvieron a invitar a dos colegios para que contase mis experiencias como escritora de cuentos infantiles.


Después de la charla, durante la firma de libros.
 En El C.E.I.P. Jesús María de Murcia, los tutores de 4ª curso habían elegido por segundo año consecutivo mi libro Tango, el perro pastor. Me hizo mucha ilusión que me dijesen que a los niños del curso pasado les había gustado tanto que, este año, lo habían vuelto a elegir como libro de lectura. Aunque está recomendado para el tercer ciclo, cuando los niños tienen hábito de lectura, como pasa en este colegio, es fácil leerlo en 4º. Sin embargo, hay algunas palabras que pueden desconocer, por lo que deberán usar el diccionario. Así, el 22 de abril les hice una visita que me resultó muy gratificante. Los tres cursos los agruparon en dos y  estuve una hora con el 1er. grupo y otra con el segundo. Me llama mucho la atención cómo la marcha de la charla es totalmente diferente entre los dos grupos, cada uno tiene sus características. Yo casi siempre empiezo de la misma forma, pero luego los niños me llevan a lugares diferentes. Primero, empecé a interesarme por si había algún escritor en ciernes; una niña me dijo que a ella sí que le gustaría escribir cuentos cuando fuese mayor y que ya tenía elegido el cuento que iba a escribir y el nombre. Estuvimos charlando durante un rato sobre el cuento: sobre los perros, el pueblo de Burgui, los almadieros, las presas, los bosques etc.  En una clase se me ocurrió cantar como si fuese un rap la canción de los almadieros y eso les gustó mucho. Ellos, casi siempre, me preguntan cosas parecidas, pero a mí no me cansa responderles: que cómo  me inspiré, que cuáles son los personajes reales y cuáles son los ficticios, que si conocía Burgui, que cómo se me ocurrió el capítulo del oso y el del rapto de Tango. Una niña me preguntó algo que nunca me habían preguntado:

-Conchita, cuando estabas escribiendo que Tango se moría ¿tuviste pena? Yo les expliqué que no, que entonces si escribes una historia de miedo, lo pasarías muy mal.
Con Ismael, uno de los tutores de 4º

Después, muy rápidamente tuve que firmarles los libros. Me hubiese gustado que las dedicatorias fuesen más largas y personales pero, como eran casi noventa libros, tuve que ponerles una frase cortita a cada uno y siempre la misma.

Al final de la clase me entregaron un montón de dibujos preciosos sobre Tango. Yo he elegido entre todos, unos pocos, en representación del colegio. También dos poesía que copio para que las leáis.
Autor: Pablo Monteagudo




Autora:Susana Flores Riquelme



 
TANGO, EL PERRO PASTOR, TAN BONITO COMO UNA FLOR

DE PEQUEÑO LA ALERGIA, DE MAYOR LA CURACIÓN

¿QUÉ SERÁ LO PRÓXIMO QUE LE OCURRA AL CAMPEÓN?

QUE LE ROBE UN LADRÓN, QUE SE ENCUENTRE UN LEÓN,

QUE SE VAYA EN AVIÓN, QUE SE META EN EL PELOTÓN.

AUTOR.MASSIMO VAN PASSEL FUSTEC
 


Autor:Adrián Pérez Ruiz
Autora: Cristina hernández Millán.





Autor desconocido


 

 








DESDE MUY PEQUEÑO

TANGO TENÍA UN PROBLEMA     





ERA ALERGICO




El autor de este dibujo tampoco lo firmó.
A LA LANA DE LAS OVEJAS

CUANDO FUE MAYOR

YA SE LE PASÓ

PASTOREÓ Y PASTOREÓ

HASTA QUE NO PUDO HACERLO MEJOR

CUIDÓ DE LUIS, TENÍA UN GRAN CORAZÓN.

AUTORA:MARIOLA ROS

 MIRO POR LA VENTANA  
VEO LA PRADERA                                                    

QUE HUELE A PRIMAVERA



Autor:Pablo Guirao López.


ES UN EXPLENDOR LO QUE MIRO

POR EL MIRADOR.

ES TAN BONITO COMO EL MAR MARÍTIMO

TANGO EN MI AMIGO Y DE TODOS MI FAVORITO.

AUTOR:ANÓNIMO.

Como veréis, las poesías no tienen desperdicio. Luego, me regalaron una caja de bombones que me supieron a gloria. Me despedí hasta el próximo curso si  Dios y ellos quieren.

lunes, 15 de abril de 2013

Paloma y el corzo blanco, 2º y tercer ciclo de primaria.

Por fin, despues de muchos meses de gestación, hoy sale a la venta en las librerías, PALOMA Y EL CORZO BLANCO. Estoy deseando verlo en las manos de los pequeños lectores.

Os comunico que ya está en la web de Dylar el primer capítulo 
 
 
 



http://www.dylar.es/Libros/770/09.%20Paloma-y-el-corzo-blanco.html
Si pincháis en el enlace  y cuando estéis dentro, buscáis VER MUESTRA DEL LIBRO podréis leer el primer capítulo.

Estoy segura de que os gustará.










lunes, 8 de abril de 2013

Guille y Pablo vuelven a Alicante. Educación infantil y 1º de primaria.

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Escudo de Alicante realizado con flores.


-¡Abuelo, yo nunca he ido a Alicante!- dice Pablo suplicando- ¡Guille, sí!

-Sí que has ido, lo que ocurre es que eras muy pequeño y casi no te acuerdas.

-Anda,  llévanos, aunque sean solo unos  días.

-Vale, de acuerdo, os vendréis con nosotros-dice la abuela.

¡Qué contentos están! Guille y Pablo van a pasar  unos días de vacaciones con sus abuelos en esa bonita ciudad. Guille ya ha ido varias veces , y  su hermano Pablo  también, pero como este es más pequeño, no se acuerda muy bien de cómo es; solo tenía tres años cuando estuvo por última vez y ahora ya tiene cuatro, ya es más mayor y podrá darse cuenta de todo. Llevan toda la semana hablando con  las profesoras del taller de verano diciéndolas que durante una semana no van a ir al cole, porque se van a bañar en la playa de Alicante, y a sus amigos y a sus primos también les están dando la paliza diciéndoles lo mismo.

La mamá de Guille y Pablo les ha preparado las mochilas, una con la ropa, los bañadores y las cosas de aseo y, otra, con todos los juguetes y un libro para leer en la hora de la siesta. Les ha puesto además, crema protectora pues en la playa, el sol, a veces, juega malas pasadas. Los niños están nerviosos esperando que vengan a por ellos, así  que cuando llegan sus abuelos les dicen muy contentos:

-Creíamos que ya no veníais.

Cuando se meten en el coche, se llevan una sorpresa porque también va con ellos su tía Paloma que como es muy joven le gusta mucho jugar con los niños, así es mejor, porque se van a divertir más.

 

El viaje, desde Murcia, dura una hora pero nada más montarse, Pablo pregunta:

-¿Falta mucho para llegar?

 Vuelve a repetir la misma pregunta unos segundos después, así que la abuela piensa que hay que hacer algo para distraerle y se pasan el viaje jugando a Veo Veo y cantando canciones infantiles. Por fin llegan pero como no tienen comida en la casa, se van todos al Mercado.

Plaza de abastos, mercado Central.
A Guille le gusta mucho la plaza de abastos de Alicante porque allí hay pescados de todas clases: morenas grandísimas y congrios, también atunes y emperadores gigantes, meros y unos peces rojos  que se llaman gallinetas. La cabeza de un atún tremendo está de adorno en uno de los puestos, y Guille pregunta que en cuanto la venden.

-Te la regalo si la quieres  -le dice la pescadera.

Puesto de pescado.
-¡Sí, sí!  -exclama Guille muy ilusionado.

-Pero ¡cómo vamos a llevarnos eso! -dicen asustados los abuelos-, dentro de un rato la cabeza empezará a oler mal y tendríamos que salirnos de casa.

Guille se conforma con ver los pescados, pues en dónde él vive  casi nunca traen peces grandes. Aquí, sí que es divertido. También han visto  tres mandíbulas de tiburón colgadas en otro puesto. Mientras, Pablo  va andando con la nariz tapada; dice que del pescado no le gusta ni el olor. Después pasan a la parte de la fruta y Pablo se quita la mano de la nariz y dice en voz alta:

-¡Frutita frutita, que bien huele! A Pablo sí que le gusta la fruta porque está muy buena y, además, la profesora, sus padres  y sus abuelos dicen que la fruta es muy sana. Eligen paraguayas, nectarinas, naranjas y melocotones. También les gusta mucho el pan de Alicante, la coca de moyitas y los fartons. Los abuelos les compran todo lo que los niños les piden. Después, suben por las escaleras mecánicas al piso de arriba y allí se aprovisionan de carne y de fiambre. Luego de dar unas cuantas vueltas más se van muy contentos comentando todo lo que allí han visto.


La Expalnada por la mañana
Explanada por la tarde.
Esta noche van  a cenar a un restaurante del puerto. ¡Qué bonito que está el paseo de La Explanada! Guille y  Pablo se han quedado con la boca abierta al ver tanta agitación en la calle; aunque ya lo han visitado otras veces, siempre les sorprende y  les parece  precioso. Las palmeras y los mosaicos  rojos, azules y blancos que hacen como olas en el suelo, les maravillan. Hay muchísima gente paseando, algunos son alicantinos pero, ahora en vacaciones, hay muchos turistas y todo está animadísimo.

Fotografo en la explanada
También les asombra la cantidad de personas que venden cosas encima de  mantas que ponen en el suelo: bolsos, gafas, gorros y, los  chinos y chinas que ofrecen juguetes con pilas que se mueven sin cesar al compás de una música un poco machacona, pero que alegran el ambiente. A un lado del paseo, se colocan todas juntas, unas  chicas negras guapísimas, muy altas, vestidas con túnicas de muchos colores con la cabeza llena de trencitas que están, a su vez, peinando a niñas rubias o morenas  que quieren llevar el cabello como ellas y los grupos de indios que cantan canciones de los Andes y tocan flautas hechas con caña y tambores multicolores. A los niños les encanta todo lo que ven allí, por eso tenían tantas ganas de volver.  Los abuelos les dicen que todas esas personas han venido de muy lejos porque en su país no tienen donde trabajar.  También  hay muchos pintores haciendo caricaturas. Guille y Pablo se han sentado y les han hecho un dibujo a los dos, vestidos de futbolistas, Pablo, con el nº 10 y Guille con el 9. Les ha hecho mucha ilusión y se han puesto la mar de contentos.
Artesanía con azucar.
También les gustan mucho las casetas de la feria de Artesanía que han instalado allí mismo. Después, han cruzado a la zona del puerto y  en un restaurante desde dónde se veían todos los barcos, han cenado de maravilla. A Guille, que le gusta mucho el pescado,  ha comido como los mayores; Pablo prefiere las chuletas de cordero, pero los dos han cenado muy bien.

A la mañana siguiente, se han preparado para ir a la playa bien tempranito.

Juegos para niños en El Postiguet.
-La playa que tiene Alicante se llama El Postiguet-les explica el abuelo.

-¡Menuda suerte, tener una playa en el centro de la ciudad! -dice Guille a sus abuelos. La verdad es que el niño tiene razón. Es estupendo tenerla tan cerca y poder bañarse siempre que uno quiere sin tener que marcharse lejos. Han cogido una sombrilla y dos tumbonas, pero ellos no quieren estar tumbados, quieren hacer un castillo y una muralla. Cuando llega su tía Paloma,  les ayuda a hacerla. Al terminar, se van al final de la playa  con un trozo de pan duro a una cala pequeña, a la que llaman la playa del Cocó; allí lo desmenuzan y lo  echan al mar. De repente empiezan a acudir pececillos y el agua empieza a moverse como si hirviera. Se acerca uno bastante grande, como una pescadilla, de esas de ración y a Pablo le da miedo; dice que le va a morder y se quiere salir del agua. Paloma se sale con él, pero Guille se queda con su abuela y, otros niños, se acercan a ver como comen los peces.

-¡Qué divertido abuela, cuántos peces han venido! 

Pablo  está bañándose  cuando ha levantado la cabeza y ha visto  el Castillo de Santa Bárbara. ¡Qué imponente le parece esa mole de piedra! ¡Tan alta y tan grande!

Castillo de Santa Bárbara desde la playa del Postiguet.
-Abuela, yo quiero subir allí- le dice el niño asombrado

-¡Abuela, mira, en el castillo hay una piedra que parece la cara de un jefe moro! ¿Cuando vamos a ir a verlo?- dice Guille.

-Cuando haga más fresco porque ahora hace mucho calor.

 El agua está buenísima y se bañan durante mucho rato, pues la bandera está verde y no hay peligro. Están muy contentos porque saben que después de la siesta toca ir a montar en las atracciones del parque de Canalejas.

Después de merendar se han puesto guapos y se han ido a la feria.  Cuando llegan allí se vuelven locos porque no saben en qué montarse primero; casi siempre eligen los tirantes. A su abuela se le pone el estómago a la boca cuando los ve subir tan alto, pero los otros niños también lo hacen, por eso no tienen más remedio que dejarles.

Un paseo por la feria.
Después se han montado en unas canoas indias que van por un rio artificial y las van moviendo con remos, por un momento se han imaginado que eran pieles rojas. Han repetido el viaje porque les ha encantado. Luego Guille, ha conseguido un peluche muy gracioso pescando unos patitos con una caña. Pablo se ha puesto muy contento porque se lo ha regalado a él. Ya es tarde, así  que se van a casa para poder levantarse temprano al día siguiente.

 Así, casi sin darse cuenta se les han pasado los tres días muy deprisa  y sus papás han venido a recogerlos. Ellos se marchan de Alicante con mucha pena -¿Cuándo nos vais a traer otra vez? preguntan los niños.

-Pronto, al final no hemos subido al castillo, así que esa visita queda pendiente para otro día, le responde la abuela.

Sus padres  les prometen que pronto harán otra excursión a Alicante, y entonces verán otro montón de cosas bonitas que les están esperando.