La tienda de modas que le habían recomendado estaba situada en el primer piso de un edificio muy moderno en la zona centro de la ciudad. A Dña. Patro le hubiese gustado más que se encontrase en una planta baja; cuando tenía que subir al primer piso le daba apuro llamar al ascensor, prefería ir por las escaleras, no porque no se cansase no, sino por el qué dirían. Sus kilos de más le pesaban bastante. Hizo una parada en el rellano y cuando consiguió coger aire terminó el tramo de escaleras que le faltaba para llegar. Quería un traje de madrina y, en ese lugar, podía encontrar lo que ella necesitaba. Un letrero fluorescente señalaba que estaba en el sitio adecuado: “Modas Ana, vestidos inteligentes para gente elegante”. Las letras parpadeaban intermitentemente avisando de los trajes que podían encontrar y de quiénes los podían vestir. Cuando se recuperó del impacto que le había producido el anuncio, llamó al timbre y esperó jadeante a que abriesen la puerta mientras su corazón se iba calmando según pasaban los segundos.
Una señora rubia, elegantemente vestida toda de negro, salió a recibirla:
-Buenas tardes, ¿qué desea? -dijo mirándola con cara de extrañeza al darse cuenta de que esa señora, precisamente, no era del tipo de las que se vestían en su tienda.
-Buenas tardes. Verá, necesito un vestido para una boda. Voy a ser la madrina y me han dicho que ustedes tienen los mejores de la ciudad.
La señora rubia la volvió a mirar de abajo a arriba. Paseó despacio sus ojos por los tobillos hinchados y las pantorrillas rechonchas de la clienta y siguió por los michelines de la cintura y su abundante pecho.
-Pase, pero…, no sé si aquí habrá algo que pueda servirle. Vaya mirando entre los vestidos que hay expuestos –le indicó señalando unos percheros- y cuando encuentre algo que le guste, veremos si tenemos su talla – dijo de una manera algo despectiva, como si quisiera perdonarle la vida por el atrevimiento de querer vestirse en su local.
Dña. Patro fue repasando las perchas: gasas, terciopelos, sedas adamascadas, muarés… Por fin pareció decidirse por uno de ellos,lo señaló para que la señora rubia y elegante que la había recibido, le buscase su talla:
-Me gusta este. Creo que me hará más delgada.
-Pues lo siento, ese modelo es el único que nos queda, y es una treinta y ocho- dijo regodeándose con una sonrisa que no tenía nada de agradable-, pero aquí hay uno que le puede sentar de maravilla. Tiene que vérselo puesto. No diga nada hasta que se lo pruebe.
Dña. Patro cogió el vestido que le enseñaban y entró en el probador; primero se quitó la blusa un poco sudada -¡como le molestaba esa humedad que siempre le acompañaba debajo de las axilas cuando iba de compras!-, luego la falda. Con un poco de esfuerzo intentó meterse en el vestido de terciopelo rojo que le habían ofrecido,por fin entró en él. Empezó a subirse la cremallera hasta que logró cerrársela. Se encontraba muy incómoda. El vestido le apretaba y se iba ciñendo más y más a su cintura, era como si los tentáculos de un pulpo la abrazaran dejándola sin respiración. Intentó quitárselo pero era imposible, la cremallera se había atascado. Llamó a la encargada de la tienda pero nadie la oía, se empezó a marear y a asfixiarse, hasta que la falta de aire fue la causante de que perdiera el conocimiento.
El golpe que Dña. Patro se dio en el suelo, hizo que entrasen enseguida a socorrerla. Rápidamente le bajaron la cremallera y una corriente de aire fresco empezó a entrar en sus pulmones.
-¿Se encuentra usted bien? le preguntaron las dos mujeres que en ese momento estaban en la tienda.
-¡Ay, sí, qué alivio! Ya se me está pasando. ¡Qué susto me he llevado! Creí que me moría.
La dueña la ayudó a vestirse y, Dña. Patro recogiendo su bolso que también había ido a parar al suelo, salió de la tienda disparada con el susto todavía en el cuerpo.
La señora rubia y elegante vestida de negro –un poco molesta- habló con su dependienta:
-Mis creaciones son así, no sé porqué no leen bien el rótulo de la entrada, lo pone bien claro:
“ Modas Ana, vestidos inteligentes, para gente elegante”.
El dibujo lo he tomado prestado una página de "Dibujos de señoras gordas" de internet.
Páginas
martes, 21 de mayo de 2013
sábado, 4 de mayo de 2013
Visita al colegio Virgen de la Fuensanta con motivo del Día del Libro 2013.
El pasado 23 de abril mis
antiguas compañeras de cole me invitaron a
visitarlas para que los niños y yo hablásemos sobre los cuentos. Como
era el día de San Jorge, me recibieron con una rosa. Estaban celebrando la
Semana Cultural y, con este motivo, cada niño o niña había escrito un cuento, lo había
encuadernado y estaban todos expuestos en la entrada del colegio. Daba gusto
ver con qué primor habían elaborado sus primeras obras literarias.
![]() |
| En la biblioteca del cole |
La charla fue en la biblioteca y
me acompañaron varias profesoras. Salieron muchos temas, todos relacionados con
los cuentos, por eso, les expliqué que
en mi blog los niños pueden encontrar muchos cuentos que voy subiendo de vez en
cuando; les indiqué cómo pueden buscar los cuentos en él. También hablamos
de la inspiración, ellos me contaron los temas sobre los que han escrito sus historias:
sobre muñecas de porcelana, sobre la amistad, sobre naves espaciales… Una niña
nos explicó que había hecho uno sobre
una Caperucita diferente. Así, con este motivo, hablamos de que, a
veces, se pueden hacer variaciones sobre un tema por ejemplo el de Caperucita.
Da la casualidad de que yo tengo un cuento en mi blog llamado “Caperucita roja, pero menos” y estuvimos leyéndolo. Les gustó mucho porque es muy gracioso. Les conté que el dibujo del cuento lo había hecho mi nieto. Pasamos un rato estupendo. A casi todos los niños les gusta mucho leer, pero había dos o tres que dijeron que les aburría. Yo les aconsejé lo siguiente:
Da la casualidad de que yo tengo un cuento en mi blog llamado “Caperucita roja, pero menos” y estuvimos leyéndolo. Les gustó mucho porque es muy gracioso. Les conté que el dibujo del cuento lo había hecho mi nieto. Pasamos un rato estupendo. A casi todos los niños les gusta mucho leer, pero había dos o tres que dijeron que les aburría. Yo les aconsejé lo siguiente:
-Si te aburres al leer un libro,
déjalo y busca otro; hay muchos libros para que te empeñes en leer uno que no
te gusta; seguro que encuentras alguno que te enganchará y, entonces empezarás
a amar los libros y la lectura.
Después les firmé para la
biblioteca del colegio algunos libros de
“Tango, el perro pastor” y hablamos de mi nuevo libro “Paloma y el corzo blanco”.
Se portaron estupendamente.
Volveré cuando ellos quieran.
Os pongo el enlace de" Caperucita roja pero menos" por si queréis leerlo.
http://laabuelaatomica.blogspot.com.es/2012/04/caperucita-roja-pero-menos-2-y-3er.html
Os pongo el enlace de" Caperucita roja pero menos" por si queréis leerlo.
http://laabuelaatomica.blogspot.com.es/2012/04/caperucita-roja-pero-menos-2-y-3er.html
viernes, 26 de abril de 2013
2ª Visita al colegio Jesús María de Murcia, con motivo del Día del Libro.
Este año, como el pasado, con motivo del día del libro, me
volvieron a invitar a dos colegios para que contase mis experiencias como
escritora de cuentos infantiles.
En El C.E.I.P. Jesús
María de Murcia, los tutores de 4ª curso habían elegido por segundo año
consecutivo mi libro Tango, el perro pastor. Me hizo mucha ilusión que me
dijesen que a los niños del curso pasado les había gustado tanto que, este año,
lo habían vuelto a elegir como libro de lectura. Aunque está recomendado para
el tercer ciclo, cuando los niños tienen hábito de lectura, como pasa en este
colegio, es fácil leerlo en 4º. Sin embargo, hay algunas palabras que pueden
desconocer, por lo que deberán usar el diccionario. Así, el 22 de abril les
hice una visita que me resultó muy gratificante. Los tres cursos los agruparon
en dos y estuve una hora con el 1er. grupo
y otra con el segundo. Me llama mucho la atención cómo la marcha de la charla
es totalmente diferente entre los dos grupos, cada uno tiene sus características.
Yo casi siempre empiezo de la misma forma, pero luego los niños me llevan a lugares
diferentes. Primero, empecé a interesarme por si había algún escritor en
ciernes; una niña me dijo que a ella sí que le gustaría escribir cuentos cuando
fuese mayor y que ya tenía elegido el cuento que iba a escribir y el nombre.
Estuvimos charlando durante un rato sobre el cuento: sobre los perros, el
pueblo de Burgui, los almadieros, las presas, los bosques etc. En una clase se me ocurrió cantar como si
fuese un rap la canción de los almadieros y eso les gustó mucho. Ellos, casi siempre,
me preguntan cosas parecidas, pero a mí no me cansa responderles: que cómo me inspiré, que cuáles son los personajes
reales y cuáles son los ficticios, que si conocía Burgui, que cómo se me
ocurrió el capítulo del oso y el del rapto de Tango. Una niña me preguntó algo
que nunca me habían preguntado:
![]() |
| Después de la charla, durante la firma de libros. |
-Conchita, cuando estabas escribiendo que Tango se moría ¿tuviste
pena? Yo les expliqué que no, que entonces si escribes una historia de miedo,
lo pasarías muy mal.
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| Con Ismael, uno de los tutores de 4º |
Después, muy rápidamente tuve que firmarles los libros. Me
hubiese gustado que las dedicatorias fuesen más largas y personales pero, como
eran casi noventa libros, tuve que ponerles una frase cortita a cada uno y
siempre la misma.
Al final de la clase me entregaron un montón de dibujos
preciosos sobre Tango. Yo he elegido entre todos, unos pocos, en representación
del colegio. También dos poesía que copio para que las leáis.
| Autor: Pablo Monteagudo |
| Autora:Susana Flores Riquelme |
DE PEQUEÑO LA ALERGIA, DE MAYOR LA CURACIÓN
¿QUÉ SERÁ LO PRÓXIMO QUE LE OCURRA AL CAMPEÓN?
QUE LE ROBE UN LADRÓN, QUE SE ENCUENTRE UN LEÓN,
QUE SE VAYA EN AVIÓN, QUE SE META EN EL PELOTÓN.
AUTOR.MASSIMO VAN PASSEL FUSTEC
AUTOR.MASSIMO VAN PASSEL FUSTEC
| Autor:Adrián Pérez Ruiz |
DESDE MUY PEQUEÑO
TANGO TENÍA UN PROBLEMA
ERA ALERGICO
CUANDO FUE MAYOR
YA SE LE PASÓ
PASTOREÓ Y PASTOREÓ
HASTA QUE NO PUDO HACERLO MEJOR
CUIDÓ DE LUIS, TENÍA UN GRAN CORAZÓN.
AUTORA:MARIOLA ROS
VEO LA PRADERA
ES UN EXPLENDOR LO QUE MIRO
POR EL MIRADOR.
ES TAN BONITO COMO EL MAR MARÍTIMO
TANGO EN MI AMIGO Y DE TODOS MI FAVORITO.
AUTOR:ANÓNIMO.
Como veréis, las poesías no tienen desperdicio. Luego, me
regalaron una caja de bombones que me supieron a gloria. Me despedí hasta el
próximo curso si Dios y ellos quieren.
Etiquetas:
Actividades dentro de la semana del Fomento de la lectura.Firma de libros.Visitas a Colegios,
Animación lectora,
Dibujos de Tango realizados por los niños.
lunes, 15 de abril de 2013
Paloma y el corzo blanco, 2º y tercer ciclo de primaria.
Por fin, despues de muchos meses de gestación, hoy sale a la venta en las librerías, PALOMA Y EL CORZO BLANCO. Estoy deseando verlo en las manos de los pequeños lectores.
Os comunico que ya está en la web de Dylar el primer capítulo
http://www.dylar.es/Libros/770/09.%20Paloma-y-el-corzo-blanco.html
Si pincháis en el enlace y cuando estéis dentro, buscáis VER MUESTRA DEL LIBRO podréis leer el primer capítulo.
Estoy segura de que os gustará.
Material educativo didactico
Os comunico que ya está en la web de Dylar el primer capítulo
http://www.dylar.es/Libros/770/09.%20Paloma-y-el-corzo-blanco.html
Si pincháis en el enlace y cuando estéis dentro, buscáis VER MUESTRA DEL LIBRO podréis leer el primer capítulo.
Estoy segura de que os gustará.
Material educativo didactico
www.dylar.es
Material educativo didactico| Cuentos educativos infantiles. Dylar editorial de materiales educativos, cuentos infantiles, literatura juvenil, cuadernos de apoyo escolar, materiales didacticos. Material educativo didactico
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Actividades dentro de la semana del Fomento de la lectura.Firma de libros.Visitas a Colegios,
Autora Conchita Gª de las Bayonas,
Detectives.Corzos,
Riofrío.
lunes, 8 de abril de 2013
Guille y Pablo vuelven a Alicante. Educación infantil y 1º de primaria.
-
-¡Abuelo, yo nunca he ido a Alicante!- dice Pablo suplicando- ¡Guille, sí!
La mamá de Guille y Pablo les ha preparado las mochilas, una con la ropa, los bañadores y las cosas de aseo y, otra, con todos los juguetes y un libro para leer en la hora de la siesta. Les ha puesto además, crema protectora pues en la playa, el sol, a veces, juega malas pasadas. Los niños están nerviosos esperando que vengan a por ellos, así que cuando llegan sus abuelos les dicen muy contentos:
A Guille le gusta mucho la plaza de abastos de Alicante porque allí hay pescados de todas clases: morenas grandísimas y congrios, también atunes y emperadores gigantes, meros y unos peces rojos que se llaman gallinetas. La cabeza de un atún tremendo está de adorno en uno de los puestos, y Guille pregunta que en cuanto la venden.
También les asombra la cantidad de personas que venden cosas encima de mantas que ponen en el suelo: bolsos, gafas, gorros y, los chinos y chinas que ofrecen juguetes con pilas que se mueven sin cesar al compás de una música un poco machacona, pero que alegran el ambiente. A un lado del paseo, se colocan todas juntas, unas chicas negras guapísimas, muy altas, vestidas con túnicas de muchos colores con la cabeza llena de trencitas que están, a su vez, peinando a niñas rubias o morenas que quieren llevar el cabello como ellas y los grupos de indios que cantan canciones de los Andes y tocan flautas hechas con caña y tambores multicolores. A los niños les encanta todo lo que ven allí, por eso tenían tantas ganas de volver. Los abuelos les dicen que todas esas personas han venido de muy lejos porque en su país no tienen donde trabajar. También hay muchos pintores haciendo caricaturas. Guille y Pablo se han sentado y les han hecho un dibujo a los dos, vestidos de futbolistas, Pablo, con el nº 10 y Guille con el 9. Les ha hecho mucha ilusión y se han puesto la mar de contentos.
También les gustan mucho las casetas de la feria de Artesanía que han instalado allí mismo. Después, han cruzado a la zona del puerto y en un restaurante desde dónde se veían todos los barcos, han cenado de maravilla. A Guille, que le gusta mucho el pescado, ha comido como los mayores; Pablo prefiere las chuletas de cordero, pero los dos han cenado muy bien.
Después se han montado en unas canoas indias que van por un rio artificial y las van moviendo con remos, por un momento se han imaginado que eran pieles rojas. Han repetido el viaje porque les ha encantado. Luego Guille, ha conseguido un peluche muy gracioso pescando unos patitos con una caña. Pablo se ha puesto muy contento porque se lo ha regalado a él. Ya es tarde, así que se van a casa para poder levantarse temprano al día siguiente.
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| Escudo de Alicante realizado con flores. |
-¡Abuelo, yo nunca he ido a Alicante!- dice Pablo suplicando- ¡Guille, sí!
-Sí que has ido, lo que ocurre es que eras muy pequeño y casi no te acuerdas.
-Anda, llévanos, aunque sean solo unos días.
-Vale, de acuerdo, os vendréis con nosotros-dice la abuela.
¡Qué contentos están! Guille y Pablo van a pasar unos días de vacaciones con sus abuelos en esa bonita ciudad. Guille ya ha ido varias veces , y su hermano Pablo también, pero como este es más pequeño, no se acuerda muy bien de cómo es; solo tenía tres años cuando estuvo por última vez y ahora ya tiene cuatro, ya es más mayor y podrá darse cuenta de todo. Llevan toda la semana hablando con las profesoras del taller de verano diciéndolas que durante una semana no van a ir al cole, porque se van a bañar en la playa de Alicante, y a sus amigos y a sus primos también les están dando la paliza diciéndoles lo mismo.
La mamá de Guille y Pablo les ha preparado las mochilas, una con la ropa, los bañadores y las cosas de aseo y, otra, con todos los juguetes y un libro para leer en la hora de la siesta. Les ha puesto además, crema protectora pues en la playa, el sol, a veces, juega malas pasadas. Los niños están nerviosos esperando que vengan a por ellos, así que cuando llegan sus abuelos les dicen muy contentos:
-Creíamos que ya no veníais.
Cuando se meten en el coche, se llevan una sorpresa porque también va con ellos su tía Paloma que como es muy joven le gusta mucho jugar con los niños, así es mejor, porque se van a divertir más.
El viaje, desde Murcia, dura una hora pero nada más montarse, Pablo pregunta:
-¿Falta mucho para llegar?
Vuelve a repetir la misma pregunta unos segundos después, así que la abuela piensa que hay que hacer algo para distraerle y se pasan el viaje jugando a Veo Veo y cantando canciones infantiles. Por fin llegan pero como no tienen comida en la casa, se van todos al Mercado.
| Plaza de abastos, mercado Central. |
-Te la regalo si la quieres -le dice la pescadera.
| Puesto de pescado. |
-¡Sí, sí! -exclama Guille muy ilusionado.
-Pero ¡cómo vamos a llevarnos eso! -dicen asustados los abuelos-, dentro de un rato la cabeza empezará a oler mal y tendríamos que salirnos de casa.
Guille se conforma con ver los pescados, pues en dónde él vive casi nunca traen peces grandes. Aquí, sí que es divertido. También han visto tres mandíbulas de tiburón colgadas en otro puesto. Mientras, Pablo va andando con la nariz tapada; dice que del pescado no le gusta ni el olor. Después pasan a la parte de la fruta y Pablo se quita la mano de la nariz y dice en voz alta:
-¡Frutita frutita, que bien huele! A Pablo sí que le gusta la fruta porque está muy buena y, además, la profesora, sus padres y sus abuelos dicen que la fruta es muy sana. Eligen paraguayas, nectarinas, naranjas y melocotones. También les gusta mucho el pan de Alicante, la coca de moyitas y los fartons. Los abuelos les compran todo lo que los niños les piden. Después, suben por las escaleras mecánicas al piso de arriba y allí se aprovisionan de carne y de fiambre. Luego de dar unas cuantas vueltas más se van muy contentos comentando todo lo que allí han visto.
| La Expalnada por la mañana |
| Explanada por la tarde. |
Esta noche van a cenar a un restaurante del puerto. ¡Qué bonito que está el paseo de La Explanada! Guille y Pablo se han quedado con la boca abierta al ver tanta agitación en la calle; aunque ya lo han visitado otras veces, siempre les sorprende y les parece precioso. Las palmeras y los mosaicos rojos, azules y blancos que hacen como olas en el suelo, les maravillan. Hay muchísima gente paseando, algunos son alicantinos pero, ahora en vacaciones, hay muchos turistas y todo está animadísimo.
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| Fotografo en la explanada |
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| Artesanía con azucar. |
A la mañana siguiente, se han preparado para ir a la playa bien tempranito.
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| Juegos para niños en El Postiguet. |
-La playa que tiene Alicante se llama El Postiguet-les explica el abuelo.
-¡Menuda suerte, tener una playa en el centro de la ciudad! -dice Guille a sus abuelos. La verdad es que el niño tiene razón. Es estupendo tenerla tan cerca y poder bañarse siempre que uno quiere sin tener que marcharse lejos. Han cogido una sombrilla y dos tumbonas, pero ellos no quieren estar tumbados, quieren hacer un castillo y una muralla. Cuando llega su tía Paloma, les ayuda a hacerla. Al terminar, se van al final de la playa con un trozo de pan duro a una cala pequeña, a la que llaman la playa del Cocó; allí lo desmenuzan y lo echan al mar. De repente empiezan a acudir pececillos y el agua empieza a moverse como si hirviera. Se acerca uno bastante grande, como una pescadilla, de esas de ración y a Pablo le da miedo; dice que le va a morder y se quiere salir del agua. Paloma se sale con él, pero Guille se queda con su abuela y, otros niños, se acercan a ver como comen los peces.
-¡Qué divertido abuela, cuántos peces han venido!
Pablo está bañándose cuando ha levantado la cabeza y ha visto el Castillo de Santa Bárbara. ¡Qué imponente le parece esa mole de piedra! ¡Tan alta y tan grande!
| Castillo de Santa Bárbara desde la playa del Postiguet. |
-Abuela, yo quiero subir allí- le dice el niño asombrado
-¡Abuela, mira, en el castillo hay una piedra que parece la cara de un jefe moro! ¿Cuando vamos a ir a verlo?- dice Guille.
-Cuando haga más fresco porque ahora hace mucho calor.
El agua está buenísima y se bañan durante mucho rato, pues la bandera está verde y no hay peligro. Están muy contentos porque saben que después de la siesta toca ir a montar en las atracciones del parque de Canalejas.
Después de merendar se han puesto guapos y se han ido a la feria. Cuando llegan allí se vuelven locos porque no saben en qué montarse primero; casi siempre eligen los tirantes. A su abuela se le pone el estómago a la boca cuando los ve subir tan alto, pero los otros niños también lo hacen, por eso no tienen más remedio que dejarles.
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| Un paseo por la feria. |
Así, casi sin darse cuenta se les han pasado los tres días muy deprisa y sus papás han venido a recogerlos. Ellos se marchan de Alicante con mucha pena -¿Cuándo nos vais a traer otra vez? preguntan los niños.
-Pronto, al final no hemos subido al castillo, así que esa visita queda pendiente para otro día, le responde la abuela.
Sus padres les prometen que pronto harán otra excursión a Alicante, y entonces verán otro montón de cosas bonitas que les están esperando.
lunes, 18 de marzo de 2013
El mejor padre del mundo.Para todos los padres, en su día.
Para escribir este cuento me he inspirado en un precioso reportaje de la segunda cadena sobre los pingüinos emperador, espero que os guste.
El mejor padre del mundo.
El color blanco azulado de las grandes masas de agua, convertidas en glaciares, dominaba el paisaje. Solo una mancha oscura rompía la monotonía de esa gran inmensidad helada. En la lejanía se divisaba una fila de puntos oscuros que avanzaban pesadamente, acercándose, sin desviarse de una ruta imaginariamente marcada. La distancia desde el mar, en donde habían estado alimentándose para coger fuerzas, era tremenda; por eso, caminaban pesadamente, unas veces de pie y otras arrastrándose sobre su vientre por encima del hielo. Según se iban aproximando, los puntos negros se hacían más grandes hasta que se fueron perfilando sus siluetas. Poco a poco sus figuras se hicieron más y más nítidas hasta que la fila se convirtió en una gran procesión de pingüinos emperador que volvían, después de pasar unos meses en el mar, a la colonia de cría. Algunos, tanto hembras como machos, era la primera vez que iban a emparejarse y en la colonia había una gran animación; debían buscar pareja para poner su huevo.
Pinkfeather, una hembra muy hermosa, divisó a lo lejos un macho muy erguido pero con la cabeza en el pecho, señal inequívoca de que no tenía pareja, lanzando llamadas de cortejo, era King. Pinkfeather contestó a las llamadas de King, se acicaló sus plumas y se acercó a él. Se colocaron los dos frente a frente e inclinaron el cuelo en señal de saludo durante unos minutos. Ya eran pareja, uno junto al otro se pasearon alegremente por la colonia balanceándose hacia los lados mientras caminaban. Saludaban con mucha alegría a las demás parejas. Todos en la colonia estaban felices esperando el maravilloso acontecimiento de ser padres. Pasó aproximadamente un mes y Pinkfeather puso un precioso huevo. Al principio era Pinkfeather la que lo tenía encima de sus pies, pero ahora tenía que trasladarlo a los pies del padre que sería el encargado de cuidarlo durante dos meses. Con el hielo tan resbaladizo, era un momento muy peligroso. A veces, algunos huevos se caían y se rompían o se helaban encima del suelo. Después de mucho esfuerzo, a base de dar pasitos muy cortos para acercarse a King, el huevo estaba encima de los pies del padre, había pasado el peligro; ahora le tocaba a él cuidar de su huevo. Colocado encima de sus pies y tapado por una bolsa cubierta de una espesa pluma que todos los pingüinos tienen en el vientre, y que casi les llega hasta el suelo, tenía que permanecer durante dos meses aproximadamente dándole calor para que no muriese. La pobre madre estaba exhausta por el esfuerzo, debía volver al mar a reponer fuerzas y recuperar todo el peso perdido para alimentar a su bebe cuando naciera.
Los padres pingüinos se quedaron en la colonia muy tristes mientras las madres se marchaban a buscar alimento. Los machos se prepararon para la larga espera y, para aguantar las bajas temperaturas. Se apiñaron unos junto a otros para estar más calentitos y colocaron sus espaldas contra el viento para mantener su huevo caliente. Al lado de King se colocó Birdy otro pingüino de la colonia muy amigo de él. Los dos muy pegados se mantuvieron unidos todo el tiempo.
Habían pasado dos meses aproximadamente y los machos estaban muy nerviosos esperando oír algún chasquido que indicase que su hijito quería salir de su huevo. Estaban impacientes por ver aparecer entre sus patas, un piquito y luego una cabecita asomándose curiosamente. King y Birdy permanecían con la cabeza baja, mirando continuamente a sus pies esperando que llegase la hora tan esperada. Por fin un día, la primera en nacer fue la hijita de King. La emoción que sintió al ver esa pequeña bolita de pelusa fue enorme.
-¿Cómo te parece que la llame?-preguntó a su amigo.
-Yo la llamaría Pinky en honor a su madre-, le contestó Birdy, y no se habló más del asunto: había nacido Pinky. Pinky, no hacía más que frotar su cabeza contra su padre y mirarle pidiéndole comida. Su padre, que llevaba más de dos meses sin comer, regurgitó una papilla que todavía guardaba dentro de su esófago y estuvo alimentándola. Birdy estaba un poco nervioso, su huevo tardaba en romperse, King le tranquilizaba pero ellos sabían que, a veces los huevos se estropeaban y algunos pingüinitos no nacían. Una mañana oyeron un crujido y enseguida vieron un pico y luego una cabecita aparecer por el agujero; lo que vio fuera, parece que le gustó porque enseguida intentó romper el huevo y salir al exterior, King, Birdy y Pinky estaban muy contentos. Otra bolita muy blanca salió del huevo, había nacido White.
Pinky no hacía más que picotearle, quería jugar con él.
-No me hace caso-, le dijo un poco triste a su padre.
-Ten paciencia, pequeña, White todavía está un poco aturdido y necesita estar debajo de la bolsa de su padre.
De repente King y Birdy oyeron unos sonidos que les alegraron muchísimo, eran las llamadas de Pinkfeather y Whitefeather que volvían de su largo viaje.
-¡Vuelven las madres!-, gritaron alegres, y cientos de hembras aparecieron trayendo la alegría a la colonia. Entre miles de individuos las madres encontraron a sus parejas; cada macho tenía una llamada inconfundible que las guiaba hacia donde ellos estaban.
Cuando Pinkfeather encontró a King y a su hijita, se prodigaron numerosas caricias con el pico e inmediatamente ella regurgitó comida para alimentarlos. Ahora King era el que estaba extenuado, debía llegar al mar para alimentarse correctamente. A partir de ese momento se alternarían en el cuidado de su cría.
Enseguida Pinky se acostumbró a los cuidados de su madre, a menudo, jugaba con su amiguito White, mientras las madres charlaban amistosamente. Volvieron de nuevo los papás con más alimento y las madres regresaron al mar, así se turnarían en el cuidado hasta que los pingüinos fueran lo suficientemente mayores para quedarse solos. Pasados unos días volvió la mamá de Pinky, pero White esperaba inquieto la llegada de la suya que no aparecía.
-No tengo más remedio que marcharme a buscarla-, le dijo Birdy a su amigo-, ya no me queda comida para alimentar a mi pequeño, por favor cuida de él.
-Vete tranquilo, no le pasará nada-, añadió King y se hizo cargo de White, compartiendo la comida entre los dos pequeños que tenía a su cargo. Pinky y White comían la papilla que regurgitaba King, los dos se llevaban muy bien pero White estaba muy intranquilo. Una mañana se marchó a buscar a su papá y a su mamá por la colonia de cría. Los llamaba sin cesar. Se alejó tanto que se perdió. Los otros pingüinos, como no le conocían, no le dejaban acercarse a ellos, lo rechazaban a picotazos, no tenían comida suficiente para él.
Pinky se dio cuenta de que faltaba su amigo y avisó a su papá, había que buscarle rápidamente, si no lo localizaban pronto, moriría. Salieron en su busca y después de un buen rato lo encontraron cansado y aterido de frío. Enseguida, King regurgitó un poco de papilla y White se recuperó.
-White, ven con nosotros y no te separes más-, le dijo King amorosamente. Le acarició con el pico y a partir de ese momento, los tres formaron un gran equipo.
A los pocos días volvió Birdy, estaba muy triste; le contó a King que, efectivamente, Whitefeather había muerto. Una foca monje la había capturado cuando pescaba peces junto con otro grupo de madres.
Birdy no tuvo más remedio que hacerse el fuerte. No tenía a su pareja para que le relevase en la alimentación de su pequeño, pero tenía la ayuda de su amigo King. King cuidó de White como si fuera su hijo mientras su papá estaba pescando.
El tiempo pasó y llegó el momento en que los pingüinitos cambiaron su pelusa por unas plumas igual de bonitas que las de sus padres: cabeza, espalda y alas de un negro brillante, pecho y vientre blanco y dos orejeras amarillas que les daba un toque de distinción.
Los pingüinos emperador son padres dignos de alabanza; sufren mucho para sacar a sus hijos adelante, aguantan sin moverse de la colonia de cría a temperaturas de -40ª y vientos muy fuertes, y están sin comer muchos días. ¿¡Os habréis dado cuenta de que es muy duro ser pingüino emperador!?
El color blanco azulado de las grandes masas de agua, convertidas en glaciares, dominaba el paisaje. Solo una mancha oscura rompía la monotonía de esa gran inmensidad helada. En la lejanía se divisaba una fila de puntos oscuros que avanzaban pesadamente, acercándose, sin desviarse de una ruta imaginariamente marcada. La distancia desde el mar, en donde habían estado alimentándose para coger fuerzas, era tremenda; por eso, caminaban pesadamente, unas veces de pie y otras arrastrándose sobre su vientre por encima del hielo. Según se iban aproximando, los puntos negros se hacían más grandes hasta que se fueron perfilando sus siluetas. Poco a poco sus figuras se hicieron más y más nítidas hasta que la fila se convirtió en una gran procesión de pingüinos emperador que volvían, después de pasar unos meses en el mar, a la colonia de cría. Algunos, tanto hembras como machos, era la primera vez que iban a emparejarse y en la colonia había una gran animación; debían buscar pareja para poner su huevo.
Pinkfeather, una hembra muy hermosa, divisó a lo lejos un macho muy erguido pero con la cabeza en el pecho, señal inequívoca de que no tenía pareja, lanzando llamadas de cortejo, era King. Pinkfeather contestó a las llamadas de King, se acicaló sus plumas y se acercó a él. Se colocaron los dos frente a frente e inclinaron el cuelo en señal de saludo durante unos minutos. Ya eran pareja, uno junto al otro se pasearon alegremente por la colonia balanceándose hacia los lados mientras caminaban. Saludaban con mucha alegría a las demás parejas. Todos en la colonia estaban felices esperando el maravilloso acontecimiento de ser padres. Pasó aproximadamente un mes y Pinkfeather puso un precioso huevo. Al principio era Pinkfeather la que lo tenía encima de sus pies, pero ahora tenía que trasladarlo a los pies del padre que sería el encargado de cuidarlo durante dos meses. Con el hielo tan resbaladizo, era un momento muy peligroso. A veces, algunos huevos se caían y se rompían o se helaban encima del suelo. Después de mucho esfuerzo, a base de dar pasitos muy cortos para acercarse a King, el huevo estaba encima de los pies del padre, había pasado el peligro; ahora le tocaba a él cuidar de su huevo. Colocado encima de sus pies y tapado por una bolsa cubierta de una espesa pluma que todos los pingüinos tienen en el vientre, y que casi les llega hasta el suelo, tenía que permanecer durante dos meses aproximadamente dándole calor para que no muriese. La pobre madre estaba exhausta por el esfuerzo, debía volver al mar a reponer fuerzas y recuperar todo el peso perdido para alimentar a su bebe cuando naciera.
Los padres pingüinos se quedaron en la colonia muy tristes mientras las madres se marchaban a buscar alimento. Los machos se prepararon para la larga espera y, para aguantar las bajas temperaturas. Se apiñaron unos junto a otros para estar más calentitos y colocaron sus espaldas contra el viento para mantener su huevo caliente. Al lado de King se colocó Birdy otro pingüino de la colonia muy amigo de él. Los dos muy pegados se mantuvieron unidos todo el tiempo.
Habían pasado dos meses aproximadamente y los machos estaban muy nerviosos esperando oír algún chasquido que indicase que su hijito quería salir de su huevo. Estaban impacientes por ver aparecer entre sus patas, un piquito y luego una cabecita asomándose curiosamente. King y Birdy permanecían con la cabeza baja, mirando continuamente a sus pies esperando que llegase la hora tan esperada. Por fin un día, la primera en nacer fue la hijita de King. La emoción que sintió al ver esa pequeña bolita de pelusa fue enorme.
-¿Cómo te parece que la llame?-preguntó a su amigo.
-Yo la llamaría Pinky en honor a su madre-, le contestó Birdy, y no se habló más del asunto: había nacido Pinky. Pinky, no hacía más que frotar su cabeza contra su padre y mirarle pidiéndole comida. Su padre, que llevaba más de dos meses sin comer, regurgitó una papilla que todavía guardaba dentro de su esófago y estuvo alimentándola. Birdy estaba un poco nervioso, su huevo tardaba en romperse, King le tranquilizaba pero ellos sabían que, a veces los huevos se estropeaban y algunos pingüinitos no nacían. Una mañana oyeron un crujido y enseguida vieron un pico y luego una cabecita aparecer por el agujero; lo que vio fuera, parece que le gustó porque enseguida intentó romper el huevo y salir al exterior, King, Birdy y Pinky estaban muy contentos. Otra bolita muy blanca salió del huevo, había nacido White.
Pinky no hacía más que picotearle, quería jugar con él.
-No me hace caso-, le dijo un poco triste a su padre.
-Ten paciencia, pequeña, White todavía está un poco aturdido y necesita estar debajo de la bolsa de su padre.
De repente King y Birdy oyeron unos sonidos que les alegraron muchísimo, eran las llamadas de Pinkfeather y Whitefeather que volvían de su largo viaje.
-¡Vuelven las madres!-, gritaron alegres, y cientos de hembras aparecieron trayendo la alegría a la colonia. Entre miles de individuos las madres encontraron a sus parejas; cada macho tenía una llamada inconfundible que las guiaba hacia donde ellos estaban.
Cuando Pinkfeather encontró a King y a su hijita, se prodigaron numerosas caricias con el pico e inmediatamente ella regurgitó comida para alimentarlos. Ahora King era el que estaba extenuado, debía llegar al mar para alimentarse correctamente. A partir de ese momento se alternarían en el cuidado de su cría.
Enseguida Pinky se acostumbró a los cuidados de su madre, a menudo, jugaba con su amiguito White, mientras las madres charlaban amistosamente. Volvieron de nuevo los papás con más alimento y las madres regresaron al mar, así se turnarían en el cuidado hasta que los pingüinos fueran lo suficientemente mayores para quedarse solos. Pasados unos días volvió la mamá de Pinky, pero White esperaba inquieto la llegada de la suya que no aparecía.
-No tengo más remedio que marcharme a buscarla-, le dijo Birdy a su amigo-, ya no me queda comida para alimentar a mi pequeño, por favor cuida de él.
-Vete tranquilo, no le pasará nada-, añadió King y se hizo cargo de White, compartiendo la comida entre los dos pequeños que tenía a su cargo. Pinky y White comían la papilla que regurgitaba King, los dos se llevaban muy bien pero White estaba muy intranquilo. Una mañana se marchó a buscar a su papá y a su mamá por la colonia de cría. Los llamaba sin cesar. Se alejó tanto que se perdió. Los otros pingüinos, como no le conocían, no le dejaban acercarse a ellos, lo rechazaban a picotazos, no tenían comida suficiente para él.
Pinky se dio cuenta de que faltaba su amigo y avisó a su papá, había que buscarle rápidamente, si no lo localizaban pronto, moriría. Salieron en su busca y después de un buen rato lo encontraron cansado y aterido de frío. Enseguida, King regurgitó un poco de papilla y White se recuperó.
-White, ven con nosotros y no te separes más-, le dijo King amorosamente. Le acarició con el pico y a partir de ese momento, los tres formaron un gran equipo.
A los pocos días volvió Birdy, estaba muy triste; le contó a King que, efectivamente, Whitefeather había muerto. Una foca monje la había capturado cuando pescaba peces junto con otro grupo de madres.
Birdy no tuvo más remedio que hacerse el fuerte. No tenía a su pareja para que le relevase en la alimentación de su pequeño, pero tenía la ayuda de su amigo King. King cuidó de White como si fuera su hijo mientras su papá estaba pescando.
El tiempo pasó y llegó el momento en que los pingüinitos cambiaron su pelusa por unas plumas igual de bonitas que las de sus padres: cabeza, espalda y alas de un negro brillante, pecho y vientre blanco y dos orejeras amarillas que les daba un toque de distinción.
Los pingüinos emperador son padres dignos de alabanza; sufren mucho para sacar a sus hijos adelante, aguantan sin moverse de la colonia de cría temperaturas de -40ª y vientos muy fuertes, además están sin comer muchos días. Queridos niños, os habréis dado cuenta de que es muy duro ser pingüino emperador, por eso les rindo este pequeño homenaje en el día del padre.
Si queréis más información sobre este tema, podéis consultar esta página
http://es.wikipedia.org/wiki/Aptenodytes_forsteri
Las fotos las he cogido prestadas de esta página; espero que no les moleste, ya que no lo hago con ánimo de lucro.
El mejor padre del mundo.
Pinkfeather, una hembra muy hermosa, divisó a lo lejos un macho muy erguido pero con la cabeza en el pecho, señal inequívoca de que no tenía pareja, lanzando llamadas de cortejo, era King. Pinkfeather contestó a las llamadas de King, se acicaló sus plumas y se acercó a él. Se colocaron los dos frente a frente e inclinaron el cuelo en señal de saludo durante unos minutos. Ya eran pareja, uno junto al otro se pasearon alegremente por la colonia balanceándose hacia los lados mientras caminaban. Saludaban con mucha alegría a las demás parejas. Todos en la colonia estaban felices esperando el maravilloso acontecimiento de ser padres. Pasó aproximadamente un mes y Pinkfeather puso un precioso huevo. Al principio era Pinkfeather la que lo tenía encima de sus pies, pero ahora tenía que trasladarlo a los pies del padre que sería el encargado de cuidarlo durante dos meses. Con el hielo tan resbaladizo, era un momento muy peligroso. A veces, algunos huevos se caían y se rompían o se helaban encima del suelo. Después de mucho esfuerzo, a base de dar pasitos muy cortos para acercarse a King, el huevo estaba encima de los pies del padre, había pasado el peligro; ahora le tocaba a él cuidar de su huevo. Colocado encima de sus pies y tapado por una bolsa cubierta de una espesa pluma que todos los pingüinos tienen en el vientre, y que casi les llega hasta el suelo, tenía que permanecer durante dos meses aproximadamente dándole calor para que no muriese. La pobre madre estaba exhausta por el esfuerzo, debía volver al mar a reponer fuerzas y recuperar todo el peso perdido para alimentar a su bebe cuando naciera.
Los padres pingüinos se quedaron en la colonia muy tristes mientras las madres se marchaban a buscar alimento. Los machos se prepararon para la larga espera y, para aguantar las bajas temperaturas. Se apiñaron unos junto a otros para estar más calentitos y colocaron sus espaldas contra el viento para mantener su huevo caliente. Al lado de King se colocó Birdy otro pingüino de la colonia muy amigo de él. Los dos muy pegados se mantuvieron unidos todo el tiempo.
Habían pasado dos meses aproximadamente y los machos estaban muy nerviosos esperando oír algún chasquido que indicase que su hijito quería salir de su huevo. Estaban impacientes por ver aparecer entre sus patas, un piquito y luego una cabecita asomándose curiosamente. King y Birdy permanecían con la cabeza baja, mirando continuamente a sus pies esperando que llegase la hora tan esperada. Por fin un día, la primera en nacer fue la hijita de King. La emoción que sintió al ver esa pequeña bolita de pelusa fue enorme.
-¿Cómo te parece que la llame?-preguntó a su amigo.
-Yo la llamaría Pinky en honor a su madre-, le contestó Birdy, y no se habló más del asunto: había nacido Pinky. Pinky, no hacía más que frotar su cabeza contra su padre y mirarle pidiéndole comida. Su padre, que llevaba más de dos meses sin comer, regurgitó una papilla que todavía guardaba dentro de su esófago y estuvo alimentándola. Birdy estaba un poco nervioso, su huevo tardaba en romperse, King le tranquilizaba pero ellos sabían que, a veces los huevos se estropeaban y algunos pingüinitos no nacían. Una mañana oyeron un crujido y enseguida vieron un pico y luego una cabecita aparecer por el agujero; lo que vio fuera, parece que le gustó porque enseguida intentó romper el huevo y salir al exterior, King, Birdy y Pinky estaban muy contentos. Otra bolita muy blanca salió del huevo, había nacido White.
Pinky no hacía más que picotearle, quería jugar con él.
-No me hace caso-, le dijo un poco triste a su padre.
-Ten paciencia, pequeña, White todavía está un poco aturdido y necesita estar debajo de la bolsa de su padre.
De repente King y Birdy oyeron unos sonidos que les alegraron muchísimo, eran las llamadas de Pinkfeather y Whitefeather que volvían de su largo viaje.
-¡Vuelven las madres!-, gritaron alegres, y cientos de hembras aparecieron trayendo la alegría a la colonia. Entre miles de individuos las madres encontraron a sus parejas; cada macho tenía una llamada inconfundible que las guiaba hacia donde ellos estaban.
Cuando Pinkfeather encontró a King y a su hijita, se prodigaron numerosas caricias con el pico e inmediatamente ella regurgitó comida para alimentarlos. Ahora King era el que estaba extenuado, debía llegar al mar para alimentarse correctamente. A partir de ese momento se alternarían en el cuidado de su cría.
Enseguida Pinky se acostumbró a los cuidados de su madre, a menudo, jugaba con su amiguito White, mientras las madres charlaban amistosamente. Volvieron de nuevo los papás con más alimento y las madres regresaron al mar, así se turnarían en el cuidado hasta que los pingüinos fueran lo suficientemente mayores para quedarse solos. Pasados unos días volvió la mamá de Pinky, pero White esperaba inquieto la llegada de la suya que no aparecía.
-No tengo más remedio que marcharme a buscarla-, le dijo Birdy a su amigo-, ya no me queda comida para alimentar a mi pequeño, por favor cuida de él.
-Vete tranquilo, no le pasará nada-, añadió King y se hizo cargo de White, compartiendo la comida entre los dos pequeños que tenía a su cargo. Pinky y White comían la papilla que regurgitaba King, los dos se llevaban muy bien pero White estaba muy intranquilo. Una mañana se marchó a buscar a su papá y a su mamá por la colonia de cría. Los llamaba sin cesar. Se alejó tanto que se perdió. Los otros pingüinos, como no le conocían, no le dejaban acercarse a ellos, lo rechazaban a picotazos, no tenían comida suficiente para él.
Pinky se dio cuenta de que faltaba su amigo y avisó a su papá, había que buscarle rápidamente, si no lo localizaban pronto, moriría. Salieron en su busca y después de un buen rato lo encontraron cansado y aterido de frío. Enseguida, King regurgitó un poco de papilla y White se recuperó.
-White, ven con nosotros y no te separes más-, le dijo King amorosamente. Le acarició con el pico y a partir de ese momento, los tres formaron un gran equipo.
A los pocos días volvió Birdy, estaba muy triste; le contó a King que, efectivamente, Whitefeather había muerto. Una foca monje la había capturado cuando pescaba peces junto con otro grupo de madres.
Birdy no tuvo más remedio que hacerse el fuerte. No tenía a su pareja para que le relevase en la alimentación de su pequeño, pero tenía la ayuda de su amigo King. King cuidó de White como si fuera su hijo mientras su papá estaba pescando.
El tiempo pasó y llegó el momento en que los pingüinitos cambiaron su pelusa por unas plumas igual de bonitas que las de sus padres: cabeza, espalda y alas de un negro brillante, pecho y vientre blanco y dos orejeras amarillas que les daba un toque de distinción.
Los pingüinos emperador son padres dignos de alabanza; sufren mucho para sacar a sus hijos adelante, aguantan sin moverse de la colonia de cría a temperaturas de -40ª y vientos muy fuertes, y están sin comer muchos días. ¿¡Os habréis dado cuenta de que es muy duro ser pingüino emperador!?
El color blanco azulado de las grandes masas de agua, convertidas en glaciares, dominaba el paisaje. Solo una mancha oscura rompía la monotonía de esa gran inmensidad helada. En la lejanía se divisaba una fila de puntos oscuros que avanzaban pesadamente, acercándose, sin desviarse de una ruta imaginariamente marcada. La distancia desde el mar, en donde habían estado alimentándose para coger fuerzas, era tremenda; por eso, caminaban pesadamente, unas veces de pie y otras arrastrándose sobre su vientre por encima del hielo. Según se iban aproximando, los puntos negros se hacían más grandes hasta que se fueron perfilando sus siluetas. Poco a poco sus figuras se hicieron más y más nítidas hasta que la fila se convirtió en una gran procesión de pingüinos emperador que volvían, después de pasar unos meses en el mar, a la colonia de cría. Algunos, tanto hembras como machos, era la primera vez que iban a emparejarse y en la colonia había una gran animación; debían buscar pareja para poner su huevo.
Pinkfeather, una hembra muy hermosa, divisó a lo lejos un macho muy erguido pero con la cabeza en el pecho, señal inequívoca de que no tenía pareja, lanzando llamadas de cortejo, era King. Pinkfeather contestó a las llamadas de King, se acicaló sus plumas y se acercó a él. Se colocaron los dos frente a frente e inclinaron el cuelo en señal de saludo durante unos minutos. Ya eran pareja, uno junto al otro se pasearon alegremente por la colonia balanceándose hacia los lados mientras caminaban. Saludaban con mucha alegría a las demás parejas. Todos en la colonia estaban felices esperando el maravilloso acontecimiento de ser padres. Pasó aproximadamente un mes y Pinkfeather puso un precioso huevo. Al principio era Pinkfeather la que lo tenía encima de sus pies, pero ahora tenía que trasladarlo a los pies del padre que sería el encargado de cuidarlo durante dos meses. Con el hielo tan resbaladizo, era un momento muy peligroso. A veces, algunos huevos se caían y se rompían o se helaban encima del suelo. Después de mucho esfuerzo, a base de dar pasitos muy cortos para acercarse a King, el huevo estaba encima de los pies del padre, había pasado el peligro; ahora le tocaba a él cuidar de su huevo. Colocado encima de sus pies y tapado por una bolsa cubierta de una espesa pluma que todos los pingüinos tienen en el vientre, y que casi les llega hasta el suelo, tenía que permanecer durante dos meses aproximadamente dándole calor para que no muriese. La pobre madre estaba exhausta por el esfuerzo, debía volver al mar a reponer fuerzas y recuperar todo el peso perdido para alimentar a su bebe cuando naciera.
Los padres pingüinos se quedaron en la colonia muy tristes mientras las madres se marchaban a buscar alimento. Los machos se prepararon para la larga espera y, para aguantar las bajas temperaturas. Se apiñaron unos junto a otros para estar más calentitos y colocaron sus espaldas contra el viento para mantener su huevo caliente. Al lado de King se colocó Birdy otro pingüino de la colonia muy amigo de él. Los dos muy pegados se mantuvieron unidos todo el tiempo.
Habían pasado dos meses aproximadamente y los machos estaban muy nerviosos esperando oír algún chasquido que indicase que su hijito quería salir de su huevo. Estaban impacientes por ver aparecer entre sus patas, un piquito y luego una cabecita asomándose curiosamente. King y Birdy permanecían con la cabeza baja, mirando continuamente a sus pies esperando que llegase la hora tan esperada. Por fin un día, la primera en nacer fue la hijita de King. La emoción que sintió al ver esa pequeña bolita de pelusa fue enorme.
-Yo la llamaría Pinky en honor a su madre-, le contestó Birdy, y no se habló más del asunto: había nacido Pinky. Pinky, no hacía más que frotar su cabeza contra su padre y mirarle pidiéndole comida. Su padre, que llevaba más de dos meses sin comer, regurgitó una papilla que todavía guardaba dentro de su esófago y estuvo alimentándola. Birdy estaba un poco nervioso, su huevo tardaba en romperse, King le tranquilizaba pero ellos sabían que, a veces los huevos se estropeaban y algunos pingüinitos no nacían. Una mañana oyeron un crujido y enseguida vieron un pico y luego una cabecita aparecer por el agujero; lo que vio fuera, parece que le gustó porque enseguida intentó romper el huevo y salir al exterior, King, Birdy y Pinky estaban muy contentos. Otra bolita muy blanca salió del huevo, había nacido White.
Pinky no hacía más que picotearle, quería jugar con él.
-No me hace caso-, le dijo un poco triste a su padre.
-Ten paciencia, pequeña, White todavía está un poco aturdido y necesita estar debajo de la bolsa de su padre.
De repente King y Birdy oyeron unos sonidos que les alegraron muchísimo, eran las llamadas de Pinkfeather y Whitefeather que volvían de su largo viaje.
-¡Vuelven las madres!-, gritaron alegres, y cientos de hembras aparecieron trayendo la alegría a la colonia. Entre miles de individuos las madres encontraron a sus parejas; cada macho tenía una llamada inconfundible que las guiaba hacia donde ellos estaban.
Cuando Pinkfeather encontró a King y a su hijita, se prodigaron numerosas caricias con el pico e inmediatamente ella regurgitó comida para alimentarlos. Ahora King era el que estaba extenuado, debía llegar al mar para alimentarse correctamente. A partir de ese momento se alternarían en el cuidado de su cría.
Enseguida Pinky se acostumbró a los cuidados de su madre, a menudo, jugaba con su amiguito White, mientras las madres charlaban amistosamente. Volvieron de nuevo los papás con más alimento y las madres regresaron al mar, así se turnarían en el cuidado hasta que los pingüinos fueran lo suficientemente mayores para quedarse solos. Pasados unos días volvió la mamá de Pinky, pero White esperaba inquieto la llegada de la suya que no aparecía.
-No tengo más remedio que marcharme a buscarla-, le dijo Birdy a su amigo-, ya no me queda comida para alimentar a mi pequeño, por favor cuida de él.
-Vete tranquilo, no le pasará nada-, añadió King y se hizo cargo de White, compartiendo la comida entre los dos pequeños que tenía a su cargo. Pinky y White comían la papilla que regurgitaba King, los dos se llevaban muy bien pero White estaba muy intranquilo. Una mañana se marchó a buscar a su papá y a su mamá por la colonia de cría. Los llamaba sin cesar. Se alejó tanto que se perdió. Los otros pingüinos, como no le conocían, no le dejaban acercarse a ellos, lo rechazaban a picotazos, no tenían comida suficiente para él.
-White, ven con nosotros y no te separes más-, le dijo King amorosamente. Le acarició con el pico y a partir de ese momento, los tres formaron un gran equipo.
A los pocos días volvió Birdy, estaba muy triste; le contó a King que, efectivamente, Whitefeather había muerto. Una foca monje la había capturado cuando pescaba peces junto con otro grupo de madres.
Birdy no tuvo más remedio que hacerse el fuerte. No tenía a su pareja para que le relevase en la alimentación de su pequeño, pero tenía la ayuda de su amigo King. King cuidó de White como si fuera su hijo mientras su papá estaba pescando.
El tiempo pasó y llegó el momento en que los pingüinitos cambiaron su pelusa por unas plumas igual de bonitas que las de sus padres: cabeza, espalda y alas de un negro brillante, pecho y vientre blanco y dos orejeras amarillas que les daba un toque de distinción.
Los pingüinos emperador son padres dignos de alabanza; sufren mucho para sacar a sus hijos adelante, aguantan sin moverse de la colonia de cría temperaturas de -40ª y vientos muy fuertes, además están sin comer muchos días. Queridos niños, os habréis dado cuenta de que es muy duro ser pingüino emperador, por eso les rindo este pequeño homenaje en el día del padre.
Si queréis más información sobre este tema, podéis consultar esta página
http://es.wikipedia.org/wiki/Aptenodytes_forsteri
Las fotos las he cogido prestadas de esta página; espero que no les moleste, ya que no lo hago con ánimo de lucro.
martes, 5 de marzo de 2013
Visita al Colegio Virgen de la Fuensanta, Educación infantil.
La pasada navidad fui a mi colegio invitada por María y Noelia, dos profesoras de educación infantil, para contar un cuento navideño a sus alumnos, ellas dan clase a niños de 5 años. Elegí “Los chupetes y los tres reyes magos” que acababa de subir a mi blog porque estaba gustando mucho a todos los que lo leían; luego, debido a circunstancias imprevisibles, no he podido contaros esa visita ni subir las fotos que nos hicimos; ahora intentaré hacer un pequeño reportaje sobre la misma.
Entré en mi cole, con mucha ilusión, siempre me ocurre cuando llego allí. En sus aulas he dejado muchas horas de mi vida, por eso le tengo mucho cariño. En la puerta del aula de tercero de Educación Infantil, me recibió un pequeño belén que habían montado con figuritas de papel y que tenían las caritas de todos los niños de esa clase, ¿a qué os gusta? A mí me pareció muy gracioso. Mirad las fotos.
Los niños y niñas me recibieron con mucha alegría porque a ellos les gusta mucho que les cuenten cuentos y, además, el tema de los chupetes es algo que tienen muy cercano todavía; muchos recordaban lo que les había costado dejar el chupete para hacerse mayores. Aquí os pongo el enlace del cuento por si lo queréis volver a leer. http://laabuelaatomica.blogspot.com.es/2012/12/los-chupetes-y-los-tres-reyes-magos.html
![]() |
| Dibujos realizados por los niños y niñas de tercero de Educación Infantil. |
Antes de marcharme me hablaron del proyecto en el que estaban trabajando: El vocabulario de El Quijote; me pareció estupendo que desde pequeños le den tanta importancia a una de las obras más importantes de la literatura. Para trabajar el vocabulario habían hecho muchos disfraces de la época y los niños estaban entusiasmados: había un traje completo de D. Quijote con la armadura, la celada, la adarga, la bacía de barbero y un montón de objetos mas que van trabajando según la letra que toca esa semana. Me dijeron que ahora, como cierre de este trabajo tan enriquecedor iban a hacer un viaje para que los niños vieran Los Molinos que tantos problemas le dieron a D. Quijote en uno de sus capítulos. Pasarán por Alcázar de San Juan, Almagro, Las Tablas de Daimiel… En fin, que me fui muy contenta al comprobar que la escuela pública seguirá funcionando mientras haya profesoras que la defiendan tan bién como María y Noelia.
| Contando el cuento |
domingo, 3 de marzo de 2013
Guille y Pablo. Guille y las tortugas moras. Educación infantil y 1º y 2º ciclo de primaria.
Han pasado varios meses desde que están en su nueva casa y Guille quiere tener sus tortugas. Todos los días le pregunta a su mamá que cuándo van a ir a recogerlas.
-Todavía no hemos preparado bien el terreno-,les dice siempre su padre pero, un día, harto ya de oírles protestar, se levanta temprano y arregla toda la zona en dónde van a vivir sus tortugas. Remueve la tierra para que esté blanda y cuando llegue el invierno se puedan esconder fácilmente; también, les ha construido una cueva, ha puesto una valla de madera para que no se salgan de su sitio, ha plantado muchas hierbas aromáticas: romero, tomillo, lavanda y aloe, y ha hecho unos agujeros en la tierra en donde ha puesto unos platos hondos con agua para que se puedan bañar.
-Papá, los niños de mi clase no se creen que a las tortugas de tierra les guste el agua. Me dicen que me he inventado eso de que se bañan-, le comenta Guille un poco enfadado.
-No te preocupes, cuando las tengamos aquí, los traes un día para que vean que es verdad lo que dices.
Guille se pone muy contento al oír a su padre, por fin van a ver que no miente.
Ya tienen el terreno preparado, así que una tarde van a casa de su abuela a recogerlas. Son cuatro hembras y dos machos que ya están muy grandes.
-Mamá, ¿cómo distingues a las hembras de los machos? –, pregunta Guille.
-Las hembras tienen un tamaño doble al del macho y la cola ancha y corta; los machos la tienen estrecha y larga –le responde.
Han llevado una caja grande para meterlas y su abuela se ha puesto un poco triste porque a ella le gustaba mucho cuidarlas.
-No te preocupes abuela, que en cuanto críen, te traemos alguna para que te hagan compañía-,le dice Guille para consolarla.
Ya las tienen en casa y van a ser Guille y Pablo los que se encarguen de alimentarlas;
les ponen lechuga, rúcula y canónigos, en fin, las verduras que les gusta comer.
Una mañana, cuando han ido a darles la comida, han visto que una de ellas tiene dos bultos en los oídos y casi no puede mover la cabeza. Tampoco la puede meter dentro de la concha porque la tiene tan inflamada que no le cabe.
-Bonita se ha puesto enferma, vamos a separarla de las otras. La pondremos en una caja con tierra y comida y veremos qué pasa – les dice su madre un poco preocupada.
Bonita fue la primera cría de tortuga que nació en casa de su madre cuando ella todavía era soltera. Le costó mucho trabajo sacarla adelante, por eso la tienen mucho cariño. Como ven que han pasado dos días y la tortuguita no tiene ganas de comer, la mamá dice a los niños:
-Esta tarde, cuando vuelva de trabajar, la vamos a llevar a la veterinaria.
Por la tarde cogen a Bonita en su caja y van a la consulta.
La veterinaria mira a la tortuga, pero parece que no sabe mucho de las afecciones de estos animales.
-Lo siento, pero no sé qué enfermedad puede tener vuestra tortuga. Tenéis que llevarla a la Facultad de Veterinaria, allí hay un departamento especializado en animales exóticos-, les dice disculpándose al ver que no puede solucionarles el problema.
Piden hora como si fueran a ir al médico y cuando el veterinario la ve, les dice:
-La tortuga tiene una gran infección de oídos, sino la operamos, se morirá.
Bonita tiene cada vez más hinchada la cabeza, los niños no quieren que se muera y empiezan a llorar cuando le oyen. Al verlos así, su mamá le pregunta que cuando puede operarla:
-Puedo el viernes a las ocho de la mañana-,le contesta-, Mientras cuídenla mucho. Que coma rúcula, canónigos y brócoli, porque son verduras que tienen mucho alimento.
-De acuerdo -responde Mayca-, no se preocupe que la cuidaremos muy bien hasta el viernes.
Le han puesto toda la comida que les ha recomendado, pero la tortuga se encuentra mal y casi no come. Todos están muy preocupados.
Cuando llega el día fijado, a las ocho en punto, Mayca y Guille están en la Facultad de Veterinaria para dejar a Bonita. Pablo no ha podido ir porque se ha resfriado y tiene mucha tos, así es que se ha quedado con sus abuelos.
El profesor les aconseja que no se preocupen que todo va a salir bien y ellos se van más tranquilos.
Por la tarde suben a por la enferma:
-Tenía una infección tan fuerte que si no la hubiésemos operado, se hubiera muerto sin remedio -les dice el profesor.
Después de escuchar todas las recomendaciones para su cuidado, se la llevan a casa.
El veterinario les ha dicho que la bañen en una piscina pequeña porque ellas hacen caca en el agua. Bonita no hace nada:
-Todavía no tiene ganas de comer, le dolerá la mandíbula y por eso no quiere abrir la boca -dice Guille a Pablito.
Pasan los días y, poco a poco, se la ve más contenta. Se baña y hace todas sus necesidades en el agua.
-Eso es señal de que está comiendo, Bonita está fuera de peligro, la pondremos junto a sus hermanas--comenta Mayca, muy feliz al verla sana y salva.
Está entrando el otoño. Dentro de poco, el frio aparecerá y todas las tortugas hibernarán. Se esconderán entre la tierra y dejaremos de verlas durante todo el invierno - le dice la mamá a Pablo.
-¿Y cómo comen si están enterradas? pregunta Pablo.
-Durante este tiempo, las tortugas están como dormidas y no necesitan comer. Eso les pasa a muchos animales, por ejemplo a los osos-,le explica Guille a su hermano.
-¿Al oso Yogui también?
-Sí, y a Bubu-, añade Guille riéndose de la ocurrencia de su hermano
Guille ya sabe eso porque es más mayor y ha visto que todos los años ocurre lo mismo con esos animales, pero Pablito no.
Antes, era muy pequeño para darse cuenta de esas cosas. Ahora, como ya va a cumplir cuatro años, su mamá empieza a explicarle algunas costumbres de los animales para que vaya aprendiendo a comprender lo maravillosa que es la naturaleza que les rodea.
La fotografía de la tortuga está sacada de internet.
Etiquetas:
Autora Conchita Gª de las Bayonas Cuento infantil:colección Guille y Pablo,
cuento infantil,
Educación en valores.,
Fomento al amor a los animales
Guille y Pablo:Guille y Pablo se mudan. Educación infantil y 1er. ciclo de primaria.
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-Chicos, ya está la cocina puesta.
-¡Bien, bien!-, gritan los niños ya podemos irnos.
Guille y Pablo están muy contentos, hoy es la primera noche que van a pasar cada uno en su habitación nueva pero, cuando se acuestan y su mamá les apaga la luz, empiezan a escuchar ruidos sospechosos a los que no están acostumbrados, les entra mucho miedo y no se pueden dormir.
-¡Mamá! -, dice Pablo gritando para que le oiga-, ¿puedo ir a dormir con Guille?, es que tengo miedo.
-Bueno, por esta noche, vale-, le contesta su madre desde su habitación.
![]() |
| Dibujo realizado por mi nieto Guille. |
-¡Mire, le llamo para avisarles de que tienen una culebra en el jardín y los niños están jugando muy cerca de ella!
Mayca, la mamá de los Guille y Pablo, la tranquiliza:
-Gracias por avisar pero, aunque parece de verdad, es una culebra de goma-, le aclara muerta de risa.
-¡No sabe el susto que me he llevado!, le contesta la señora al otro lado del telefonillo.
Cuando se va la vecina curiosa, la madre llama a los niños:
-Guille, quita la culebra de goma del árbol, que nos van a estar llamando todos los vecinos. ¿No ves que parece auténtica?-, les dice la mamá aguantándose, todavía, la risa.
Los niños también se ríen, por cotilla, se ha llevado un buen susto. Si no se hubiese asomado para ver lo que había dentro, no se hubiera alarmado tanto.
La que está contentísima es Cheetah. No para de correr y de dar vueltas alrededor de la casa. Ahora sí que va a hacer ejercicio.
Los niños están impaciente por traerse las tortugas.
-Mamá, ¿cuándo vamos a ir a casa de la abuela Lola a por las tortugas?-, le preguntan .
-Todavía no podemos, tenemos que acondicionar el sitio en donde las vamos a poner. No os preocupéis que iremos pronto a por ellas.
A Guille y a Pablo les gusta mucho su casa de día pero cuando es de noche empieza a entrarles miedo porque ven muchas sombras y oyen ruidos bastante raros. Su madre tiene que estar con ellos hasta que se duermen.
-No os preocupéis, ya veréis como poco a poco os vais acostumbrando a dormir aquí-, les dice siempre para tranquilizarlos.
A los pocos días, ya están familiarizados con todo lo que les rodea y duermen solos. Cada vez están más a gusto.
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Las ilustraciones las he tomado de distintas páginas de internet sobre mudanzas y miedos nocturnos, espero que sus creadores no lo tomen a mal, ya que mi blog no tiene ningún ánimo de lucro.
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