Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

jueves, 8 de noviembre de 2012

Vanesa de los cardos. Educación infantil y 1er y 2º ciclo

Añadihttp://www.rafaelzapatamojarro.com/index.html?body42.htmlr leyenda
Dña.  Vanesa, una elegante mariposa de bellos colores, acababa de llegar de un largo viaje  desde África; había recorrido mil kilómetros en dos o tres días como quien no quiere la cosa, y no estaba nada cansada. Ella tenía un truco: aprovechaba los vientos que venían del desierto del Sahara y se dejaba llevar por ellos, así no tenía que realizar ningún esfuerzo.
Era primavera y necesitaba un lugar donde poner sus huevos para tener descendencia. Normalmente  utilizaba una  zona  en donde proliferaban los cardos. Allí, sus huevos, primero se convertían en unas oruguitas negras y amarillas, bastante peludas, que se alimentaban de las flores que estas plantas pinchosas daban, después se encerraban en una crisálida y,  más tarde, de cada una de ellas salía una preciosa mariposa, tan bonita, como su madre.
Vanesita, una de las orugas, estaba muy triste porque se encontraba horrorosa. No le gustaba la forma agusanada de su cuerpo ni el color a rayas negras y amarillas; tampoco le gustaba que estuviese cubierto de pelos y, por último, lo que más le desagradaba era no poder volar como su madre.
-¿Cuándo podré volar cómo tú, mamá? Es aburridísimo ir arrastrándome por el suelo mientras que tú vuelas por las alturas. Además… soy tan fea, tengo muchas ganas de parecerme a ti.
-Mira, Vanesita-, le decía su madre con  mucho cariño-, tendrás que tener mucha paciencia; para llegar a mariposa primero hay que  ser  durante una semana, más o menos, una  oruguita  y aunque tú te veas fea, para mí eres la cosa más linda del mundo-, le explicaba su mamá dándole ánimos-, luego te encerrarás en un saquito de dormir colgada de una rama y después de estar allí unos días despertarás una mañana transformada en una linda  mariposa



Vanesita no veía la hora de convertirse en  una Vanesa de los Cardos hecha y derecha, que era como llamaban los demás insectos a su mamá, hasta que un día se hizo  el milagro, el saquito desapareció y pudo desplegar al aire sus preciosas alas de color naranja, moteadas con lunares negros y blancos. ¡Qué guapa se veía! Ya no tenía ningún complejo; revoloteaba por aquí y por allá luciendo palmito y presumiendo delante de otros insectos a los que ella consideraba más feos. No se había dado cuenta  de que cada insecto tiene una  forma diferente porque se tiene que adaptar al medio que le rodea y, ahí, no hay ni guapos ni feos si no  que  son de una manera y no de otra porque siguen las leyes de la Madre Naturaleza
 El día amaneció precioso, el sol no calentaba demasiado y  soplaba una ligera brisa que Vanesita aprovechó para levantar el vuelo y recorrer un espacio muy grande sin tener que esforzarse demasiado. Se detuvo cerca de un gran lago. Se acercó revoloteando y se dio cuenta de que había otra Vanesa de los cardos frente a ella dentro del agua.
-¡Sal de ahí que te vas a ahogar! Exclamó Vanesita, pero la otra mariposa no la hizo caso, parecía que le estaba haciendo burla; todos los movimientos  que hacía ella, los repetía sin parar.
Tan enfadada se puso que echó a volar y volvió con su madre, creyendo que dejaba  a la otra mariposa dentro del agua.
Cuando se lo contó a Dña. Vanesa ella se imaginó lo que había ocurrido y volvieron las dos juntas al lago; tenía que empezar a darle lecciónes a la pequeña.
-Mira, Vanesita, ¿Cuántas mariposas ves ahí dentro?
-Dos, mamá.
-¿Y si yo me aparto de la orilla?
-Solo una, mamá.
-Entonces ¿Qué es lo que crees que ocurre?
-Pues no sé-, la pobre Vanesita era muy guapa pero un poco lenta de reflejos.
-Mira, las dos mariposas que ves ahora  somos nosotras. El agua nos devuelve nuestra imagen cuando nos acercamos al lago.
-Entonces esas alas tan bonitas ¿son mías? ¿Y ese cuerpo tan esbelto también?
-Sí, así eres tú ahora-, contestó su madre.
-Pues entonces, vendré todos los días al lago a mirarme.
-Ni hablar, no sabes lo peligroso que es eso, Vanesita, aquí hay muchos  pájaros, peces, ranas y sapos que estarán encantados de que te acerques para comerte.-
-¿Para comerme? ¡Qué va mamá!  Quién va a querer comerse una cosa tan linda como yo. Los mayores siempre amargando a los jóvenes.
La madre se preocupó al escuchar a su hija.
-Prométeme que no vendrás, prométemelo.
Vanesita hizo un gesto de asentimiento con sus antenas y la madre se quedó satisfecha.
Esa noche la mariposa no dejaba de pensar en lo bonita que se había visto reflejada en el agua; la luna estaba en el cielo iluminándolo todo y ella no pudo resistirse.
-Iré una vez más, solo esta noche. Me fijaré bien cómo soy y mañana  saldré de viaje con mi madre y mis hermanas.
http://ichn.iec.cat/Bages/brolles/Imatges%20grans/cVanessa%20cardui.htm

Vanesita voló hasta el lago;  el cielo estaba cuajado de estrellas y la luna tan brillante que parecía que era de día. Se acercó al agua y estuvo volando por encima como si estuviera interpretando un ballet acuático. No dejaba de mirarse reflejada en ese líquido espejo y de pensar en lo linda que era. Se oía un ruido sordo y seco que ella no conocía; era el croar  de las ranas,  también el chapotear de algunos peces que saltaban fuera del agua para capturar insectos, pero ella inconscientemente creía que el peligro no existía; de repente algo saltó a su lado y la salpicó. Se sobresaltó mucho pero voló más alto y se recuperó pronto del susto, después volvió a interpretar su danza, cada vez más segura de la belleza de sus movimientos y de su cuerpo. De repente, algo  largo y glutinoso salió de un cuerpo viscoso con ojos saltones que se encontraba encima de una roca. No tuvo tiempo de reaccionar, era tarde para levantar el vuelo  y, Vanesita cayó  atrapada dentro del estómago de un sapo horrible, que se relamió con su captura.


Queridos peques, es la primera vez que termino un cuento sin final feliz, pero no hacer caso de los consejos de los mayores trae a veces malas consecuencias.
 Si queréis saber más cosas sobre las mariposas podéis pinchar en este enlace y allí encontrareis cosas muy interesantes

Todas las fotos llevan indicado el link de su autor.

http://www.kidsbutterfly.org/life-cycle/spanish

viernes, 2 de noviembre de 2012

Guille y Pablo: Llega Cheetah. Educación infantil y primaria.


En recuerdo de  Nana  y de Cheetah, dos perritas que nos dejaron para subir al cielo de los perros. Cheetah, una  foxterrier,  se marchó ayer; allí estará con su amiga Nana y con todos demás animales que tantas alegrías nos dan durante su vida entre nosotros.Este cuento lo tenía escrito hacía tiempo, precisamente cuando Chetaah llegó a casa de mis nietos para hacer compañía a Nana. Nana murió de vieja y quedó Cheetah que se ha ido solo con cinco años.
Lo he subido ahora para hacerla un pequeño homenaje.

Cheetah
 



Nana, la perrita de Guille y Pablo, está muy viejecita y además se ha puesto enferma. Los dos niños la quieren mucho, por eso, cuando vienen de la calle van a verla, la buscan por toda la casa hasta que la encuentran.
Casi siempre está metida es su caseta porque le cuesta mucho trabajo andar. La llevan muchas veces a que la vea Susi, la veterinaria.
Esta les ha dicho que si le dan unas pastillas todos los días mejorará. Parece que le sientan bien pero, Mayca, la mamá de los niños, piensa que, además de enferma, Nana está muy sola. Antes, tenía la compañía de Pongo pero desde que este no está- se lo llevaron sus primos a una casa más grande porque necesitaba espacio para correr- está muy triste:
- Niños, he pensado que vamos a comprar otro perrito.
-¡Bien!-, gritan contentos-, así Nana tendrá compañía.
-Bueno, también hay que pensar que algún día Nana se morirá y así tendremos otro cachorrito.
-Mama, nosotros no queremos que Nana se muera-, le dicen los dos niños.
-Ya lo sé, pero es muy viejecita y está malita; lo más seguro es que se vaya al cielo de los perros en cualquier momento.
Los  niños se ponen a llorar pensando que Nana se va a morir, así  que, para que se les pase el disgusto la madre se va en busca de un libro de razas de perros que tiene desde pequeña y empieza a mirar cuál  es cachorro que más les conviene:
-A mí me gustan los Beagles-, dice Guille muy contento, pensando que podrá tener uno.
-Y a mí también-, repite Pablo al que le gustan  las mismas cosas que a su hermano.
En ese momento entra  el padre:
-¿Qué estáis haciendo?
-Estamos mirando un perrito nuevo para que le haga compañía a Nana y por si se muere pronto-, explica Pablo haciendo pucheros.
-Bueno, no llores. A lo mejor falta mucho para que eso ocurra. ¡Venga, vamos a elegir uno! y el papá se agrega al grupo para animarlos.
A  su padre le gustan los foxterrieres. Siempre ha soñado con tener un perro de esa raza. Encienden el ordenador y buscan en las páginas de venta de animales:
-¡Mirad! venden cachorros de foxterrier con pedigrí, justo lo que yo quiero-, dice. Guille se queda un poco desilusionado pero si traen un foxterrier  también lo va a querer mucho.
Su mamá llama al teléfono que indica en la página de internet, y se pone de acuerdo con el dueño de los perritos en que se lo van a mandar por  una agencia de transportes que está especializada en llevar animales de un sitio a otro. Los niños están contentísimos, van a tener un cachorrito nuevo dentro de dos días.
Les mandan una hembra y le poner de nombre Cheetah, porque los Foxterrier corren mucho lo mismo que esos felinos. El nombre lo ha elegido Guille porque dice que  el Cheetah es el animal que más le gusta.
Cuando llegan del colegio van corriendo a verla. Es una perrita preciosa  que tiene casi todo el cuerpo  blanco con algunas manchitas marrones y otras más pequeñas, negras. No para de llorar porque echa de menos a su mamá,  entonces la meten en la caseta de Nana, se acurruca junto a ella y se calla.
Los abuelos vienen a conocerla:
-¿Qué nombre le habéis puesto?
-Cheetah.
-¿Le habéis puesto nombre de mono a un perro?
-No abuela, cheetah como los leopardos.
Claro, esta palabra aunque se escribe así, se pronuncia de otra forma, por eso los abuelos entienden: Chita
-No nos gusta, parece que la llamáis Chita como a la mona de Tarzán.
Los niños se quedan un poco desilusionados por la opinión de sus abuelos pero inmediatamente se les olvida y se van a buscarla.
Le gusta mucho jugar con ellos y  desde pequeñita se la ve que tiene genio pues gruñe cuando la regañan si hace algo malo.
Es muy inquieta y no para de correr por el jardín. A veces tira alguna maceta. Cuando oye algún perro fuera, rodea la valla ladrando y trepando por ella  hasta que se va. ¡A la pobre Nana la vuelve loca!
La compañía de Cheetah ha sido muy beneficiosa para ella. Ha mejorado mucho y está más contenta, sin embargo el cachorrito se ha hecho grande y a veces las dos perras se pelean. Cheetah no respeta que Nana sea más mayor y quiere comer antes que ella, así es que Nana tiene que hacer valer sus derechos.
Aparte de los roces en la comida, se llevan muy bien y les gusta mucho dormir juntas.
Nana
Un día Nana no se puede levantar, se encuentra peor, avisan a la veterinaria  y esta le dice que la perrita se está muriendo.
La mamá empieza a llorar porque ella tiene a Nana desde hace mucho tiempo, casi desde que era una niña ¡Menos mal que los niños no están en casa!
Nana mira a Mayca y cierra los ojos para siempre. Cuando llegan Guille y Pablo, preguntan por ella porque no la ven.
-Susi se la ha llevado a la clínica para ver si mejora-, les dice su madre esperando el momento adecuado para darles la mala noticia. Ellos se conforman y juegan con Cheetah.
Los días van pasando y los niños cada vez están más encariñados con su nueva perrita. Cuando Mayca cree que ya están preparados, les dice:
- Me ha llamado Susi, Nana se ha ido al cielo de los perros.
Los dos niños se quedan callados. Pero luego Pablo le pregunta:
-¿Entonces mamá, ya no la vamos a ver más?
-No Pablo, ahora tienes a Cheetah para que te haga compañía.

Guille y Pablo sienten mucho la falta de Nana y han estado todo el día tristes, pero los niños enseguida olvidan. A la mañana siguiente, al levantarse, salen a jugar con su nuevo cachorrito; los chavales son así.

lunes, 22 de octubre de 2012

Guille y Pablo, el niño mágico 1º y 2º de Primaria



 El niño mágico

Pablo está sentado viendo la televisión. A él no le gusta que le besen ni que le achuchen. Siempre que llegan sus abuelos, para no tener que darles un beso, se busca unas excusas muy raras y se esconde donde pilla: detrás del sillón, debajo de la mesa de la cocina, en el lavadero o se queda tumbado en el sofá y  se tapa con alguna manta.  Guille, que es mas mayor, sale a recibirles y les da a los dos un beso y un abrazo muy fuerte
-Hola Guille, ¿Estás solo? -le preguntan sus abuelos guiñándole un ojo
-Pues sí, Pablo se ha ido.
-No estoy, soy invisible, hoy soy  un niño mágico, así que no me busquéis  porque no me podéis ver -dice una vocecita que sale de algún rincón de la casa.
Los abuelos le siguen el juego y empiezan a buscarle por la cocina.
-¿Estás debajo de la mesa? A lo mejor está en un armario.
-Creo que es verdad que se ha ido de casa.
Guille está cansado de que todos los días haga lo mismo. 
-Está en el sofá, tapado con una manta  -susurra al oído de la abuela, un poco fastidiado.
 . -Nos vamos a sentar a descansar un poco -dicen los abuelos y, con cuidado para no hacerle daño, se sientan en el sofá encima de él.  Pablo empieza a chillar porque le han descubierto.
-¡Anda!, pero si estás aquí, venga danos un beso que ya te hemos pillado –le piden.
-A ver :
Pito pito gorgorito
¿Dónde vas tú tan bonito?
A la era verdadera
Pin pan pun fuera
-Hoy no toca beso -dice  Pablo.
-Pues entonces, hoy, tampoco toca cuento –le contesta la abuela.
A Pablo le gustan mucho los cuentos, así que,  se decide  a darles un beso; les da uno a cada uno, pero tan pequeño que casi no se nota.
-Venga, abuela que ya te lo he dado, cuéntame un cuento.
- Bueno, vale: Erase  una vez  una ranita amarilla que vivía en una charca en medio de un bosque...
-Abuela, las ranas no son amarillas, son verdes -le interrumpe Pablo.
-Pablo, hay  ranas de muchos colores
-¿Pero aquí, en este planeta?
La abuela se ríe:
-Sí es este planeta. ¿Quieres verlas en internet?
-Sí, sí, vamos a verlas.
La abuela, Guille y Pablo se meten en internet y ven la gran cantidad de ranas de colores  que hay por el mundo: naranjas, a rayas, amarillas y negras, rosas y negras a rayas, verdes con lunares negros, cabeza naranja y patas azules.
-¡Qué bonitas! abuela. Venga sigue con el cuento.
La abuela mira el reloj y ve que se ha hecho muy tarde; los niños tienen que cenar e irse pronto a la cama
-Lo siento, pero ya no es hora de seguir con el cuento, mañana cuando vuelva os  lo  seguiré contando, siempre que estés dispuesto a darnos un beso al abuelo y a mí. 
-Pues no sé, a lo mejor, mañana también soy mágico.
 -Este niño no tiene arreglo  -comentan riéndose  sus abuelos, mientras Guille se despide  de ellos con un beso y un abrazo muy fuerte.
-¡Hay que ver que diferentes son estos chicos! No parecen hermanos. 
-No te preocupes mujer, cuando se haga mayor ya se le quitará esa 
manía.


El dibujo del sofá es de Guille. Os hubiese gustado ver a Pablo tapado con una manta sirviéndole de modelo, mientras Guille le dibujaba.


jueves, 18 de octubre de 2012

Un ogro simpaticón de Liana Castello Educación infantil y 1er. ciclo de Primaria

 
 
Liana Castello es una estupenda escritora argentina que escribe cuentos infantiles. A mí me ha gustado tanto  este que, con su permiso, lo he colgado en mi blog para que disfrutéis con el.
 
 
 
 

jueves, 4 de octubre de 2012

Guille y Pablo: Guille y la decisión del lobo. 2º y 3º de Primaria.





Guille se había quedado dormido leyéndole un cuento a su hermano; Pablo siempre elegía el de Caperucita porque le hacía mucha gracia el lobo. El libro se le soltó de las manos y se cayó  desde la cama al suelo. Se abrió por la primera página.
Decía así:
Por fin había terminado de llover. El sol se asomaba tímidamente entre las nubes observando  lo limpio que había quedado  el bosque, después del chaparrón. Él, y su aliada la lluvia, tenían los árboles y las flores de un brillante precioso, así que se sentía muy contento.
El lobo, escondido detrás de un magnífico castaño, había aguantado estoicamente el aguacero. ¡Qué le iba a hacer! Desde que a Perrault se le había ocurrido colocarlo en este cuento, estaba acostumbrado a soportar las inclemencias del tiempo, tanto en invierno como en verano, siempre lo mismo; además ya estaba un poco aburrido  de esperar todos los días a que pasase Caperucita, hacerle siempre las mismas preguntas y repetir las mismas fechorías.
-¿Dónde vas, Caperucita? ¿Qué llevas en esa cestita?... No me extraña que diga que soy tonto o por lo menos desmemoriado –pensaba el lobo mientras se sacudía fuertemente las gotas de agua que habían quedado dentro de su pelo-. Si al menos pudiésemos variar el diálogo, no sé…por ejemplo: ¿Qué tal, Cape? ¿Cuándo terminas las clases? ¿Te mola tu profe? ¿Por qué no me das ahora el trozo de pastel  y, así, me ahorras el trabajo de ir a casa de tu abuela? Mira que la pobre ya no está para que todos los días se lleve esos sustos,  un día le va a dar un patatús, y yo tampoco tengo ganas de ponerme su camisón, que cada vez me queda más estrecho; ahora estoy más viejo  y mis hechuras no son las de antes. ¡Lo que daría  por un conejito al ajo cabañil! Pero aquí no hay nada que comer, solo frutos del bosque y flores. ¡Tendría que haberme hecho vegetariano y, así, estaría mucho más tranquilo!
Creo que Caperucita ya viene por allí, ¡ahí va! si la acompañan un montón de turistas japoneses. Bueno, hoy sí que habrá que representar  muy bien  el cuento.
El lobo se acicaló pasándose la lengua por sus patas y por la cara y, cuando ya estuvo satisfecho del resultado, empezó como todos los días su actuación:
-¡Hola, Caperucita! ¿Dónde vas tan aprisa?
-Voy a casa de mi abuelita, que está enferma.
-¿Y qué llevas en esa cestita?
-Pues un trozo de pastel y una jarrita de miel.
-¿Y dónde vive tu abuelita?
Así comenzaba otro día para el lobo, con  las mismas situaciones de siempre:
-Ahora tendré que echar a correr para llegar antes que ella y asustar a la abuelita, y meterme en la cama y, luego, que si tengo los ojos y los dientes muy grandes y, después…, lo que venía después, eso sí que no lo podía resistir; cuando veía aparecer al cazador  se le ponían los pelos de punta y le entraba un temblor en las patas que no podía dominar.
¡Hasta cuándo este suplicio! Lo tenía muy pensado, lo mejor sería cambiarse de cuento.
-Mañana mismo me mudo.
A la mañana siguiente, cuando Pablo se levantó, volvió a pedirle a su hermano que le leyese el cuento de  Caperucita, pero cuando Guillermo lo abrió exclamó:
-¿Qué le ha pasado a este libro? No está el lobo en ninguna parte; parece como si alguien hubiese recortado los dibujos.
-Pues así no me gusta –le dijo Pablo- anda léeme otro, coge El libro de la Selva.
Guille  tomó el cuento que le había dicho su hermano de la estantería y  se dispuso a leérselo, mas cuando lo abrió, los dos hermanos se llevaron una agradable sorpresa: en medio de una  preciosa  manada estaba su lobo. Descansaba lamiéndose las patas;  a su lado se  podían  ver los restos de un pequeño animal que acababa de cazar ; por fin,  se  le veía satisfecho  en ese lugar; allí  solo se ocupaba de hacer lo que más le gustaba en la vida, ser un lobo. Los niños lo miraron  sonriendo, le hicieron un guiño y cerraron con cuidado el libro. 

El dibujo lo hemos hecho entre mi nieto Guille y yo. Le convencí, a medias, de que dejase de ver el fútbol para realizarlo.

martes, 25 de septiembre de 2012

Caperucita Liberty

Liberty con un precioso chubasquero rojo

Caperucita LIBERTY no tiene miedo del lobo, nunca ha visto ninguno  y  será muy difícil que le salga alguno entre los árboles, empezando porque en las ciudades  ya casi no hay árboles, así que lobos tampoco. No tiene  que llevar ninguna cestita a ninguna abuelita, ni tampoco llamar a los cazadores para que la salven; esos son tonterías comparado con el trabajo que le han encomendado; es algo mucho más importante y delicado  y no puede fallar nunca porque eso supondrá un gran  peligro para Maite, la persona a la que  ha sido designada.
Como veis es una perrita preciosa y muy lista.
 


LIBERTY es una labrador hembra de un color canela clarísimo, tanto es así que Maite, que todavía ve un 5% creía que era blanca cuando se la entregaron en  el LEADER DOG  for  the blind en Rochester Hill, Michigan.
En España había  una lista de espera de tres años y ella necesitaba sentirse libre y no depender de nadie para salir a la calle. Por eso se decidió a ir allí
 Cuando hace unos meses nos contó que lo tenía todo preparado, pensamos que era  una locura, una empresa muy difícil y arriesgada para una mujer con el 5% de visión. Pero la Once ya lo tenía todo organizado, se iban a marchar a Estados Unidos  cinco personas a buscar a su perro guía con la única compañía de un intérprete.
Quedamos en vernos en Valencia, donde ella vive, en los jardines del rio frente al Palau y la vimos llegar triunfante  y vencedora, guiada por su perra LIBERTY.
- Cuando me entregaron  a LIBERTY-, nos contaba-, el instructor me dijo que al verme  supo que esa era mi perra. Lo hacen así con todos;  estudian a las personas primero y luego le adjudican a  su guía. Me encantó su nombre “Libertad”

Contándonos a mi hermana y a mí su bonita historia


Nos contó tantas cosas bonitas sobre  los instructores, los perros y sus dueños que estábamos  emocionadas. Quizá  algún día escriba un cuento sobre LIBERTY y Maite,  una pareja de valientes que ahora pasean  por Valencia. Cuando llegó la hora de volver nos dijo que en ese momento ya no la podíamos acariciar  ni distraer porque empezaba  su trabajo
-Find the bordillo-, le dijo-,  Ahora Find casa
Las vimos alejarse por la rampa que teníamos enfrente y admiramos el valor de Maite, la dedicación de los instructores, el cariño de las familias que tienen a los perritos cuando nacen sabiendo que al año los tienen que devolver y  la sabiduría de LIBERTY. Todos esos actos desinteresados han conseguido que Maite pasee en libertad con LIBERTY.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Guille y Pablo. Empieza un nuevo curso Ed. Infantil y 1er. ciclo de primaria.






Las vacaciones han terminado para todos y los niños se preparan para empezar un nuevo curso.
Guille y Pablo se han levantado un poco nerviosos, por eso no tienen ganas de tomar nada; sin embargo su mamá les ha hablado de  lo importante que es desayunar bien para poder estar fuertes y trabajar mucho. Los niños se han convencido y  han tomado un poquito de zumo y un gran vaso de leche con galletas. Guille este año pasa a 2º de primaria  y Pablo a 2º de infantil.





El colegio está en el centro de Murcia y durante el trayecto, los tres van cantando Hombre lobo en París, que es una canción que les gusta mucho. Su mamá deja el coche en un garaje para poder acercarlos sin prisa. Pablo siempre que entra al garaje, antes de salir del coche, se cuelga del agarrador  con una mano, se encoge y hace tantas piruetas que parece auténticamente un mono. Su madre siempre le regaña, pero a él le encanta. Le dice que no lo va a hacer más pero se le olvida y al día siguiente lo vuelve a repetir.
El patio del cole es grandísimo, con muchos árboles y muchos columpios para que los niños y las niñas se diviertan. Hoy es el día de bienvenida, por eso estarán solo dos horas y, al día siguiente, ya tendrán el horario completo.

 Pablo, al llegar, le ha dado un beso a su señorita y se ha puesto contentísimo al ver a todos sus amigos. Los han colocado en fila, con una mano en el hombro del compañero que tienen delante y, así, haciendo el tren, se han preparado para ir a clase.
-Siempre tenemos que entrar de esta forma, mamá-le explica mientras se despide de ella moviendo la mano que le queda libre.
Como es el primer día de clase no han llevado babi.  Al salir, Pablo comenta que se lo ha pasado muy bien porque no  han trabajado, solo han jugado  y se han tomado el bocadillo en el patio.
-Mamá, la señorita dice que estoy muy guapo,  y que me he hecho muy mayor -le comenta a su mamá muy orgulloso cuando va a recogerlo.
Guillermo como ya es mayor se está volviendo un poco vergonzoso y no ha querido darle un beso a su profesora.Él está en otra parte del edificio y le han subido una planta más arriba.
En la clase de Guillermo han pasado lista y cada niño ha elegido su sitio

Hoy solo han coloreado y han hablado de las vacaciones pero mañana, tienen que traer todos los libros forrados y los cuadernos con los nombres puestos.
En casa, después de comer, han  forrado el material para llevarlo todo listo al día siguiente. Se han acostado temprano para poderse levantar al día siguiente descansados.
El segundo día de colegio, ya ha sido un día normal de clase. Pablo ha venido muy contento porque ha aprendido a escribir su nombre. Lo ha escrito en un rectángulo de cartulina, que la señorita ha pegado encima de su mesa:
-Así no os confundiréis  y cada uno de vosotros se sentará en su sitio sin que haya problemas-ha indicado la seño a todos los niños.
Luego han cantado una canción muy bonita que se llama “Jugando al escondite”. Pablo no para de tararearla en casa. Su abuela, como también se la sabe  la canta con él.
 Guille ya ha empezado con las fichas y también ha hecho un copiado.
Cuando sus padres les ven tan mayores y tan trabajadores, se sienten muy orgullosos de ellos.


Las ilustraciones están sacadas de páginas de internet que ofrecen amablemente los dibujos para colorear o imprimir.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Mi pequeño homenaje a Roald Dahl


Queridos amigos, estoy intentando  escribir algún comentario sobre Roald Dahl en el día de su nacimiento y  me doy cuenta de que no puedo decir nada sobre este magnífico escritor que no se sepa; por eso voy a contaros cómo  he aprendido a quererlo y gracias a quién ha sido.

Carátula de la película.
Cuando yo era una niña leía  muchos tebeos y cuentos de hadas  de la colección Azucena,  pero sobre todo estaban de moda los cuentos de Charles Perrault , de Hans Christian Andersen, de los hermanos Grimm  y de Julio Verne, sin embargo, no pude leer  de pequeña  el maravilloso libro de Matilda o  Charlie y la fábrica de chocolate. Yo primero los conocí como películas. La película de Matilda me encantó  y eso que ya tenía nietos, pero es que nunca he dejado de ser niña. Después conocí el blog Cuando Matilda se haga mayor  y su autora y todos sus seguidores me transmitieron la admiración que sentían por este escritor. En una de las entradas de este blog hablaban sobre la literatura infantil y  cómo había adultos a los que les daba vergüenza reconocer que leían cuentos y a otros que les daba igual lo que pensase la gente, si les gustaba un cuento lo leían aunque fuesen mayores.

Ilustración de Quentin Blake.
 Yo en ese momento estaba leyendo David Copperfield pero me daba vergüenza decirlo; creía que ese libro lo tendría que haber leído cuando era joven y no ahora. Sin embargo me di cuenta que había mucha gente mayor que leía literatura infantil y que disfrutaba haciéndolo como a mí me pasaba.  Desde ese momento pensé que leería lo que me apeteciese  cuando quisiera. Al terminar Copperfiel me decidí  a leer Matilda ya que en el blog que os he dicho siempre hablaban de ella y, además,  con muchísimo cariño.
Bien os diré que he disfrutado con esta historia muchísimo. Todos los personajes están también descritos que parece que los tienes delante cuando lo estás leyendo.
Me ha asombrado la psicología de su autor para entender el mundo de los niños sobre todo cuando leí la historia de su vida y  me enteré que  nunca trabajó en el mundo infantil.
Inmediatamente leí Charlie y la Fábrica de Chocolate y ahora empiezo con El Vicario que hablaba al revés.
En fin, estas letras son mi humilde homenaje a ROALD DAHL, un  excelente escritor que cada vez es más conocido entre nuestros niños. Espero que si alguien  todavía  no  ha tenido entre sus manos ningún cuento suyo no espere más y se decida a sumergirse en sus  libros; cuando lea el primero no parará hasta saborearlos todos. Estoy segura.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Historia de un rio. 2º y 3er ciclo.




Braulio estaba sentado en una roca de la orilla; bostezaba aburrido ante la perspectiva de una pesca escasa. Este no era un deporte muy adecuado para sus trece años. Se estaba haciendo tarde y temía volver a casa de vacío; de repente notó un fuerte tirón de la caña.
-Ahora sí que he pescado algo grande. Esta vez no se me escapa.
Clavó la caña con fuerza entre dos piedras  y rápidamente  cogió una red  para sacar  la trucha que debía de estar enganchada en el anzuelo. Tiró con mucho cuidado para que no se le escapase, pero cuando la pieza apareció de debajo del agua, se llevó una desagradable sorpresa.
- ¡Qué asco! Ya ni siquiera se puede pescar en este río -dijo enfadado,  mientras intentaba soltar del anzuelo  un zapato que se había enganchado en él. Se indigno tanto que se salió del agua y empezó a recoger todos los útiles de pescar.
-¡Ya está bien!  No pienso perder más mi tiempo con la dichosa manía de mi madre: “Braulio ve a pescar, seguro que te distraes”.  Yo no vuelvo  por aquí,  cada vez hay más basura en el rio. ¡No me explico cómo la  gente no cuida  lo más importante que tenemos! Mira que el sitio de tirar un zapato ¡es indignante!
Braulio era un chico muy concienciado con los problemas que la escasez de agua estaba generando en gran parte del planeta. Muchas veces pensaba que cuando fuera mayor se iba a hacer voluntario de Greenpeace para defender los derechos de la Tierra. Mientras recogía todo, le pareció escuchar que alguien le llamaba. Miró por todos lados pero no vio a nadie.
-¡Eh, Braulio!
Esta vez estaba seguro, lo había vuelto a oír  pero… ¿de dónde salía la voz?
-Aquí, soy yo.
-¿Quién anda ahí? -preguntó asustado sin  encontrar a la persona que le estaba hablando. “Estará escondido detrás de los árboles” pensó. -¡Que salga quien sea!  Es de cobardes esconderse.
Por un momento estuvo a punto de echar a correr y buscar ayuda. No se podía esperar nada bueno  de  alguien que  le llamaba y no daba la cara.
-Aquí, soy yo, el río, ¿es que no me ves? Has estado pescando toda la tarde en mis aguas, bueno, más bien intentándolo.
El chico de repente creyó que estaba sufriendo alucinaciones, había venido sin gorra.
-Me está bien empleado, mi madre me lo tiene dicho: ”Braulio, no te olvides de la gorra que el sol  pega muy fuerte en verano”
-Perdona, pero no lo estás soñando, te estoy  hablando yo, el río en el que te bañabas hasta hace poco ¿Es que ya no te gustan mis aguas?
Braulio seguía sorprendido,  la voz que le llamaba era tan tranquilizadora que, casi sin darse cuenta, como si fuera lo más normal del mundo, se fue calmando y  mirando a la corriente de agua contestó:
-Me gustaban antes cuando estaban limpias pero, ahora, ya ves lo que he pescado en ellas, un zapato viejo. Todo se está contaminando -dijo con pena.
-Pero, yo no tengo la culpa,  habéis sido vosotros,  los humanos,  los que me habéis maltratado,  humillado y manchado el cauce por el que corro desde hace miles de años. ¿Te crees que me gusta? Antes los guijarros relucían cuando los rayos del sol se reflejaban en ellos, ahora casi no se ven; mi agua baja muy turbia. 
Braulio volvió a mirar a todos lados, seguía sin creer que estaba hablando con un accidente geográfico -era así cómo se llamaba a los ríos cuando los  estudiaba en la escuela-,  sin embargo, por allí no había nadie que pudiese reírse de él, así que como no sabía qué hacer, se sentó encima de los juncos que había en la orilla y escuchó al rio Grande que siguió hablándole:
-Te contaré mi historia y comprenderás cómo mi deterioro se debe  al mal uso que han hecho de mí las personas. -Braulio escuchó en silencio; reconocía que  el río tenía toda la razón-. Bueno, yo sé que ese es tu nombre porque he  oído  a tu madre miles de veces pronunciarlo  cuando te bañabas aquí, en este remanso y, no siempre le hacías caso. Braulio por aquí, Braulio por allá; necesito que alguien me defienda, además haciéndolo, defenderás  los derechos de tus hijos y de tus nietos cuando los tengas; las personas necesitan tener agua limpia en sus ríos. Escúchame con atención:
Hace muchísimo tiempo nací  en medio de dos gigantescas montañas. Desde que me asomé entre las rocas, corrí alegremente hasta la desembocadura en el mar. Siempre estaba contento porque todo lo que me rodeaba era hermoso. Durante todo el camino que hacía desde la montaña hasta el valle, me acompañaban frondosos bosques llenos de árboles corpulentos que introducían sus raíces por debajo de la tierra  húmeda hasta llegar a mí. En el cauce superior, yo corría  más rápido entre las rocas; se me antojaba que me deslizaba por  toboganes esculpidos en mi lecho  que  formaban grandes cascadas. Después, cuando recorría el valle, lo hacía con más tranquilidad; allí  nadaban reposadamente las truchas y los barbos haciéndome cosquillas cuando rozaban los guijarros con sus aletas  y  después de muchos kilómetros  me encontraba con el mar. Durante los momentos en que el agua dulce salía a mi encuentro para saludarme, algunas especies  marinas que habitan en los estuarios entraban en contacto conmigo. Los camarones y los cangrejos vivían allí  y  servían de alimento a montones de aves migratorias. Aparecían los patos salvajes y las pequeñas zancudas que encontraban su comida entre los fondos del estuario. La vida bullía por todas partes y todo era gracias a mí.
-Debía de ser bonito viajar desde las montañas hasta el mar entre tanta naturaleza -interrumpió Braulio.
-Antes sí, pero ahora las cosas no son lo mismo. En la época  de la que te hablo  bajaban a mí los habitantes de los bosques: las hadas, las ninfas, los gnomos, los elfos y otros seres que, por estar siempre ocultos,  no te puedes ni imaginar que existen. Todos los días se aseaban en mi orilla y pasaban mucho tiempo bañándose  y jugando conmigo.  Después se tendían sobre el lecho de hojas que había en mis orillas hasta que se secaban bien sus alas y sus ropas de seda. Las hadas y las ninfas se peinaban sus largos cabellos, ellas llevaban siempre peines con  púas finísimas que les hacían los duendes con las acídulas de los pinos,  y mirándose en mis aguas cristalinas, que eran como espejos, empezaban a cepillarse  el pelo,  que  adornaban  con flores recogidas en mis orillas o arrancadas de mis entrañas como los nenúfares. Así pasaban las horas, todos  a mi alrededor,  porque yo les surtía de agua  limpia y fresca.
-¿De verdad  existen los seres mágicos del bosque? yo no me lo creía  pero, si tú lo dices… Y ahora, ¿siguen bajando a bañarse en tus aguas?
-Ahora no -contestó el rio Grande con tristeza-, hace tiempo que no veo a ninguno; ellos necesitan el agua limpia para vivir, si no mueren.
Braulio se quedó muy triste y pensativo, era una pena que esos personajes tan maravillosos hubiesen desaparecido de la tierra. El chico observó que los pájaros habían dejado de cantar y los insectos de zumbar,  todos escuchaban la historia del rio Grande.
-Sigue contándome  tu vida, por favor,- le suplicó.
-Bien, cuando se marchaban los seres mágicos  del bosque, llegaban los animales a beber. Había infinidad de aves, jabalíes, ciervos, corzos, pequeños conejos, garduñas y otros roedores; pero el más temido por todos era el oso. Normalmente, cuando este último estaba cerca de mis orillas, los demás animales se escondían y cuando él se marchaba, acudían otra vez porque el peligro había pasado. Cuando más me  divertía  era en la época en que los salmones regresaban a su lugar de nacimiento. Disfrutaba jugando con los osos y con estos gigantescos pescados, aunque   sufría  mucho cuando veía el esfuerzo que hacían los pobres para remontar mis aguas sin que  pudiera ayudarles. Pasó mucho sin que nada enturbiara mi vida,  hasta que  un día llegaron a mis orillas unos seres  que nunca había visto.  Ahora, ya sé que eran hombres, pero en aquella época me parecieron unos animales muy extraños; me sorprendía verlos  andar sobre dos patas y que se entendieran entre ellos  de forma diferente. Luego supe que vosotros os comunicáis  por medio del habla. Estuvieron bañándose en mis aguas y, después,  descansaron en mi orilla como hacían mis amigas las ninfas y las hadas; a partir de entonces se quedaron a vivir cerca de mí y desde aquel instante empezó mi decadencia. Observé con tristeza que desde que los hombres llegaron, los seres mágicos de los bosques no bajaban  tanto, solo  lo hacían cuando los otros estaban dormidos, yo creo que les tenían miedo. Un día, todavía lo recuerdo con tristeza, algunos ciervos y jabalíes estaban pastando tranquilamente cerca de mí, un grupo de hombres  apareció chillando, llevando en sus manos palos largos terminados en puntas de piedra. Los animales salieron asustados corriendo, pero los que no pudieron escapar acabaron muriendo atravesados por aquellas varas tan peligrosas. Fue la primera vez que asistí a una cacería. No me gustó nada, observé en aquellos seres una violencia que no había visto nunca en mis amigos, ellos  siempre mataban cuando tenían hambre, pero aquella vez me pareció que los humanos  lo hacían también para divertirse y, desde aquel momento, todo a mi alrededor empezó a experimentar grandes  cambios. Ese día, mi  agua se llenó de la  sangre de mis amigos; tardé mucho tiempo en poder limpiarme y sentirme otra vez contento y despreocupado. Poco a poco, los recién llegados aprendieron a construir casas cerca de mis orillas; necesitaban de mi agua para vivir y, además, tenían bastante caza así es que el sitio era ideal para quedarse. Empezaron a podar árboles para hacerse cabañas y a cortar ramas que convertían en  leña en el invierno.  Yo lo perdonaba todo por los niños, que eran muy graciosos; a ellos les gustaba mucho estar cerca de mí y cuando llegaba la hora de sus juegos me divertía como años atrás lo hacía con los seres mágicos del bosque. Poco a poco recobré la alegría porque veía que  eran felices conmigo. 
-No me creo que tengas sentimientos como las personas, eres un río, solo agua.
-¡Solo agua dices! ¡Soy la vida! -contestó indignado-. Gracias a mí viven miles de personas en la ciudad y lo peor es que no os dais cuenta de ello cuando me echáis toda la basura que se os antoja.
Braulio se dio cuenta de que el río tenía razón y le invitó a que siguiera hablando:
-Bueno no te enfades, sigue  con tu historia aunque mi madre se va a preocupar si ve que no estoy en casa a las nueve.
-Vale en seguida termino. Cada vez había más humanos viviendo en mis orillas hasta que construyeron la ciudad  en dónde tú vives ahora. Cortaron miles de árboles para hacer las casas y construyeron industrias que,  desde entonces, vierten en mis aguas aceites  y metales pesados, además  en el cauce bajo, los agricultores abonan sus cosechas con nitratos y a veces echan pesticidas. Todo eso  acaba en mis aguas. El bosque que me rodea  cada vez es más pequeño,  por eso, ahora llueve menos y mi agua está más turbia.
Braulio miró el reloj,  y aunque se estaba haciendo tarde,  estaba viviendo un momento mágico junto a su río y le daba pena dejarle, pero anochecía y pensó  que tenía que interrumpirle:
-Estoy muy a gusto a tu lado pero, tengo que irme, sino lo hago mi madre me echará una bronca y no podré venir más –dijo levantándose y sacudiéndose  las briznas de hierba que tenía en los pantalones.
-¿Me prometes que volverás? Tenemos que hablar, tienes que intentar estudiar mucho para poder ayudar a conservar toda la naturaleza que todavía queda intacta.
-Te lo prometo, en el momento que pueda regresaré; hasta la vista.
Braulio se subió en su bicicleta y se alejó con el corazón encogido, nunca hubiese pensado que los ríos tuviesen sentimientos; a lo mejor también los tenían los bosques, las montañas y, por supuesto, los animales. Toda la percepción que tenía del mundo había cambiado. Tenía que poner  todo su empeño en conservar aquello que todavía tenía intacta su belleza. Cuando llegó a su casa salió a recibirle su perra Tula; ese día le pareció que estaba más contenta que de costumbre, era como si saludase a su compañero o más bien a su cómplice. Su madre salió a la puerta.
-¿Qué tal la pesca?, ¿ha habido suerte?
-¡Qué va! Un zapato viejo. Mamá deberíamos de hacer algo para que la gente no eche basura al río. Es una pena que no haya casi pescado por causa de lo que vierten  al agua. Me han dicho que las fábricas contaminan mucho.
Su madre le escuchó sorprendida; no estaba acostumbrada a que Braulio se preocupara  tanto por cosas serias.
-Venga, sube a bañarte que es tarde. Hoy vamos a cenar a las tantas. 
-Mamá, mejor me ducho, no debemos malgastar el agua.
La madre de Braulio se quedó callada, su hijo estaba  estaba madurando y eso la satisfacía mucho. Mientras  cenaban, salió un anuncio que llamó a atención de Braulio.
-Déjalo ahí, por favor mamá, quiero saber lo que dicen de Greenpeace.
  La presentadora anunciaba unos campamentos: Greenpeace oferta sus  últimas plazas para campamentos de verano a para niños de 9 a 17 años.
-Mamá, todavía quedan plazas para mi edad, me gustaría  ir a esos campamentos; allí te enseñan a resolver  los problemas que tenemos con el medio ambiente
-Hay que ver la perra que te ha entrado con este tema. Así,  sin pensarlo, la verdad es que no sé. Ya les escribiré y  tomaremos una decisión. Ahora  hay que acostarse,  mañana te dan las notas finales,  si te suspenden, no hay campamentos que valgan.
Braulio  pasó aquella noche en blanco y si dio alguna cabezada, no pudo descansar bien, pues entre sueños, veía a las ninfas y a los elfos  que con sus dedos largos y finos le acusaban de haber tirado un montón de zapatos viejos al rio. Se levantó de madrugada y no quiso dormir más, estaba muy nervioso. 
En los días siguientes pasaron dos acontecimientos  muy importantes para  Braulio: las notas fueron estupendas y  por otro lado  su madre le comunicó que podía ir a los  campamentos que  Greenpeace tenía organizados. Estaba deseoso de volver al lugar en el que había mantenido la conversación con el rio Grande. Aquella tarde tenía planeado acercarse para hablar con él, pero sus amigos se empeñaron en acompañarle.
-Tienes que enseñarnos a pescar. Mi padre me ha dicho que lo haces muy bien.
-Pero si ya no hay pesca en el río. Además yo no tengo gana de ir esta tarde -Braulio estaba poniendo excusas para verse libre de ellos, pero ni por esas convenció a la peña; a las cinco  estaban esperándole con las bicicletas y con las cañas.  Llegaron al sitio de siempre y no había pasado ni media hora cuando los chicos empezaron a ponerse nerviosos.
-Oye, aquí  no pica nada.
-No me creo que tú pesques algo,  ¿no será que pasas por el criadero de truchas y le compras alguna a tu madre?
-¡Hay que ver las tonterías que decís! Como tengo tanto dinero, voy y me lo gasto en una trucha, este tío está tonto -contestó Braulio enfadado con  su compañero. 
De pronto oyeron a uno de los chicos gritar de alegría. Se  había  enganchado un pez y no era pequeño, no.  El chaval tiró con todas sus fuerzas y cuando pudo sacarlo del agua, todos los que esperaban con expectación la aparición de una brillante trucha, se llevaron un disgusto.
-¡Es el otro zapato! – dijo Braulio desternillándose de risa. 
El muchacho que lo había sacado se molestó tanto por la actitud  de su amigo que tiró la caña y  se fue hacia él;  agarró a Braulio por el hombro dándole un puñetazo y allí empezó la primera pelea de su vida  y también la última. Cuando el chico logró quitarse de encima al energúmeno  de su amigo, dijo gritando:
-¡Ya está bien!  Aquí no queda pesca ¿Habéis visto lo que hay en el agua? Porquería, solo eso; se acabaron los peces los ciervos, las ranas y hasta las culebras. Todos debían de estar  aquí pero ya no hay ningún animal. Han desaparecido por nuestra culpa. En vez de pelear deberíamos  intentar limpiar todo  para el bien del rio  –aclaró Braulio enfadado.
-Oye, ¿porqué no sacamos los residuos que no deban estar aquí? Yo tengo mis gafas de bucear- añadió uno de sus amigos.
-Sí, es una buena idea; ya que somos seis, tres podemos limpiar el  río y los otros  las orillas.
-Vale -dijo Javi-, antes de estar como pasmarotes, prefiero ayudar.
Y ante la mirada acuosa del rio, los chicos empezaron a trabajar como nunca lo habían hecho; los buceadores sacaron anzuelos y plomos unidos a los hilos de pescar, un neumático, dos rebecas que estaban enredadas en los juncos,  cinco cascos de botellas, más algunos trozos de cristal y bolsas de plástico a montones. Los de tierra recogieron en una de las bolsas todas las latas de refresco que había por allí tiradas, bolsas de patatas fritas y platos  de plástico de alguna merienda que no se habían molestado en limpiar.
-Bueno, y ahora ¿dónde echamos toda esta basura?-preguntó Javi a Braulio.
-Debemos de llevarlas a los contenedores de la ciudad. Aquí estropean el paisaje.
-Lleva razón Braulio, ahora que está más limpio, dan más ganas de volver que antes.
-Bueno, vámonos ya,  que los que no os habéis mojado no tenéis frio, pero yo me estoy helando  -dijo Félix que estaba con toda la ropa empapada-, voy a coger una pulmonía.
-Echad vosotros delante, quiero buscar entre aquellos pinos. He visto más desperdicios. 
Todos sus amigos emprendieron el regreso al pueblo. Cada uno llevaba una bolsa de basura que había recogido del bosque; por primera vez en mucho tiempo los habitantes de Montegrande habían puesto su grano de arena en la limpieza de la naturaleza. Braulio estuvo durante un rato paseando hasta que comprobó que no había nadie por los alrededores, no quería que se supiese su  secreto; se sentó en la orilla del río y esperó a que este le hablase. Pasó más de una hora; llegó a pensar que lo del otro día había sido solo sueño, pero…no, estaba seguro de que había hablado con el río Grande. Esperó que  le hablase pero nada,  no oía ni una palabra. Se estaba poniendo nervioso, se levanto y se dirigió a Grande algo enfadado:
-¡Qué! ¿Me vas a decir algo o no? Me gustaría hablar contigo y no sé si me escuchas.
-Pues claro que te escucho, pero es que me he quedado mudo al veros recoger tanta basura. Llevaba mucho tiempo con molestias  por culpa de  las rebecas enrolladas en mis juncos, y de los plásticos pegados en mi lecho. ¡Qué maravilla! Por fin me siento libre. Gracias Braulio.
-No, no me las des, ya he comprendido que lo que haga por ti lo estoy haciendo también por mí.
-Llevas mucha razón, los ríos somos como las venas de la Tierra y la basura que echáis a ellos sería comparable a vuestro colesterol. Todos los ríos van a desembocar al mar y le llevamos al pobre cantidades inmensas de  desechos que no sabe qué hacer con ellos. Si yo estoy triste, imagina cómo estará él. Los animales marinos también están muriendo por culpa de tantos plásticos en el agua. El haber recogido aquí unas cuantas bolsas a lo mejor ha salvado la vida a una tortuga o a un delfín.
-Grande, tengo que decirte algo, en realidad he venido a despedirme, vas a estar mucho tiempo sin verme; me voy con Greenpeace, quiero aprender a ser responsable con todo lo que me rodea, he convencido a mi madre, verás cómo vas a estar orgulloso de tu amigo Braulio.
-No lo dudes, por eso te elegí a ti entre todos los que han venido a mis orillas, sabía que responderías.
El muchacho  estaba contento, se sentía  integrado en  el bosque que le rodeaba; parecía que podía oír los susurros de los animales. Pensó que hacía calor, se quitó la ropa, se metió en el agua y nadó hasta la otra orilla en donde él nunca había estado. Oyó risas y murmullos y, sin saber por dónde habían venido, se encontró rodeado de un montón de seres mágicos del bosque que habían bajado a darle las gracias. Confiaban en Braulio y querían compartir con él ese momento. Vislumbraban un poco de luz dentro de un futuro   bastante oscuro. La esperanza empezaba a instalarse entre ellos;  algún día la  Tierra volvería a ser  otra vez tan bella como lo había sido hace muchísimos años. 




.



Las fotografías han sido cogidas de Internet.

miércoles, 11 de julio de 2012

Guille y Pablo: Guille y Pablo y la poción mágica, Infantil y primaria





Guille y Pablo siempre están dando la lata con que quieren hacer magia.
-Queremos un maletín de  mago-, insisten.
-Pedídselo a los Reyes Magos-, les dicen sus padres, pero ellos siguen con la misma cantinela. En cuanto pueden, a falta de un laboratorio para hacer experimentos, se meten en  la cocina y empiezan a  mezclar especias con harina, aceite y mil cosas más  para hacer pociones como hacen las brujas de los cuentos; hay que tener mucho cuidado con ellos, porque enseguida lo ponen todo perdido.
Hoy están emocionados,  han visto una película de Magia y han salido totalmente decididos: quieren ser magos.
Cuando han llegado a casa de su abuela, le han dicho que quieren hacer una poción mágica. Quieren mezclar muchos ingredientes en un frasco y luego enterrarlo; están seguros de que cuando sean mayores y vayan a buscarlo se habrá convertido en oro.
-Mi papá lo hizo cuando era pequeño y dice que un día vamos a ir al monte al sitio en dónde lo enterró y entonces habrá lingotes de oro.
La abuela parece que no se lo cree mucho, pero como ha visto  tanta ilusión en la  carita de sus nietos accede y les prepara todos los ingredientes que ellos le piden:         

                                                  Receta para conseguir lingotes de oro:
                                                                    Ingredientes.

1 cabello de Guille,  otro de Pablo y otro de la abuela
2 pelos del conejito Max
Una hoja de arce machacada
Dos taponcitos de café molido
Cuatro o cinco miguitas de pan
Unas gotitas de detergente
Un chorrito de vinagre y otro de vino
Un pellizquito de sal
Un poquito de perejil, otro poquito de orégano
Una cucharadita  cacao
Una cucharadita de mostaza y otra de curry para que salga bien  el color del oro.


Cuando lo tienen todo preparado, la abuela les dice que todas las  pociones necesitan tener alguna palabra mágica para que surta efecto el hechizo. Ellos se quedan dudando un poco y,  después de pensar un rato, eligen una frase que repiten mientras mezclan todo con un poco de agua:
                                          Ala de murciélago, ojo de tritón, cola de ratón,
                                                     que en oro se convierta la poción.
 La abuela les sigue la corriente y cuando la  tienen preparada  van a enterrarla con mucho misterio. Buscan un sitio en el jardín debajo del arce para que tenga buena sombra en verano, hacen un hoyo y colocan el frasco dentro. Le ponen una piedra blanca encima y hacen una cruz sobre ella.  Luego dicen muy contentos:
-Cuando seamos mayores, desenterraremos el frasco y seremos muy ricos.
La abuela les escucha y  sonríe.
-La mayor riqueza que podéis desear es  vivir en un mundo de fantasía. Si cuando seáis mayores, os acordáis  de la poción y  venís a desenterrar el frasco con vuestros hijos, será cierto que vuestra ilusión os hará los más ricos del mundo.


Los dibujos que ilustran este cuento estan sacadosde la página de Google que indico debajo.


https://www.google.com/search?q=ni%C3%B1os+haciendo+experimentos&hl=en&prmd=imvns&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=nkX9T7uFIsql0QWTs7zABw&ved=0CFMQsAQ&biw=1280&bih=666

martes, 10 de julio de 2012

Guille y Pablo: Pablo ya sabe nadar. Educación Infantil y 1º de primaria.


Dibujo sacado de http://www.conmishijos.com/ocio-en-casa/dibujos-para-colorear/dibujos-n/nino-nadando.html



Ha llegado el buen tiempo y apetece darse un baño de vez en cuando, sobre todo, si vives en un lugar caluroso en donde  la temperatura normal a medio día, ronda entre los 30 y los 35º.
 Guille, Pablo y sus abuelos han ido a la piscina a refrescarse. Pablo, sin darse cuenta del peligro que tiene el agua, ha echado a correr y se ha tirado sin saber nadar, sin manguitos ni flotador, en la parte más honda de la piscina de mayores.
La suerte para Pablo ha sido que estaban cerca de él varias personas que  se han dado cuenta de su imprudencia y le han sacado del agua inmediatamente. Sus abuelos casi se mueren del susto. Cuando ha salido de la piscina, Pablo, temblando, ha dicho a sus abuelos:
-¡Por poco me ahogo, como el año pasado!
Sí, el verano anterior, Pablo hizo la misma travesura. Se tiró al agua por donde no hacía pie y fue su padre el que se metió a por él.
Sus abuelos, al ver que Pablo no tiene sentido del peligro, le han regañado y él, llorando, ha prometido que nunca lo va a hacer más. La verdad es que ha cumplió la promesa y  ya no se baña sin los manguitos. Pero para aprender a nadar tiene que quitárselos de vez en cuando.
Antes de irse de vacaciones a  la playa, los abuelos le han apuntado a un cursillo de natación y Pablo ha ido muy contento y ha hecho todo lo que le ha dicho el monitor, sin embargo se ha puesto malo unos días y no ha podido aprender del todo. Por eso hay que tener mucho cuidado con él. Lleva toda la semana practicando a ratitos, pero todavía no consigue flotar. El socorrista le ha dicho a su mamá que use el chaleco salvavidas en lugar de los manguitos, así que un día se baña con el chaleco y al siguiente con los manguitos.
 Lo primero que ha aprendido ha sido a bucear avanzando por debajo del agua.  Desde que este verano empezó a bañarse en la piscina y en la playa, sus padres y sus abuelos le han insistido en lo importante que es saber nadar, por eso, él ha puesto mucho interés y cuando está en el agua dice:
-¡Venga, que tengo que practicar!
Un día le comenta a su mamá:
-Quítame el chaleco que creo que ya floto.
Su mamá duda un poco pero al final le hace caso. ¡Por fin Pablo avanza en el agua como los peces! Ya lo ha conseguido, sabe nadar.
Muy orgulloso cuando ha vuelto de vacaciones les ha dicho a sus abuelos:
-¡Ya sé nadar!, abuela, venga que te voy a enseñar como lo hago.
 Se han bajado a la piscina y él no para. Primero, en la piscina de los niños pequeños, se ha hecho, buceando, un montón de largos. Después, se ha pasado a la de los mayores y se la ha cruzado por la parte ancha de una vez sin descansar.
Además, Pablo se ha inventado diferentes formas para tirarse al agua: estilo rana, estilo viejecito, estilo cojito y de bomba. El estilo rana es el que  tiene más seguidores, pues va saltando como un batracio por el borde de la piscina  croando sin parar hasta que se sumerge en la piscina; sus amigos le aplauden. El estilo viejecito consiste en andar agachadito como si llevase un bastón.
-¡Bravo! -le dicen todos-, estás hecho un campeón.
Cuando sale del agua, se ducha muy bien para quitarse el cloro y se lía alrededor del cuerpo una toalla como si fuera una túnica romana. Su abuela entonces le llama Paolus en vez de Pablo.
-¿Por qué me llamas Paolus?
-Porque pareces un romano, y los romanos hablaban en latín.
Pablo se queda igual que si le hubiese dicho que hablaban en chino, pero le hace gracia y se ríe. Otras veces se pone el gorro y las gafas de natación de su tío y, sus abuelos le dicen que parece la hormiga atómica. Él es muy feliz porque  siente que ya es como su hermano Guille: un niño mayor.
 Poco a poco se están terminando las vacaciones y cuando  su abuela le pregunta si quiere ir al colegio,  Pablo dice que no,  que quiere jubilarse como ella.
-Mira, en el cole vas a ver a tus amigos y vas a poder jugar con ellos como el año pasado.
A Pablo se le va iluminando la cara poco a poco. Recuerda cómo juega en el patio del colegio y le van entrando ganas de volver.
-¿Sabes abuela? Todavía no me quiero jubilar. Quiero jugar un poquito más con mis amigos.
Más tarde llega mamá con los libros que les ha comprado y con los uniformes y Guille y Pablo se ponen muy contentos.
La época de los estudios está a punto de empezar.

Dibujo sacado de http://www.canstockphoto.es/ilustracion/colegio.html


jueves, 7 de junio de 2012

Tango, el perro pastor, en marionetas para el 1er. ciclo. Animación lectora.Dramatización.


Todas las actividades entaban enfocadas a animar a los niños a leer.



 Como os  comenté en mi visita al Colegio Juan Carlos I de Llano de Brujas,  dentro de la Semana de animación a la lectura, la profesora Fuensanta Leantes y sus alumnos  de 6º C adaptaron el cuento Tango, el perro pastor, para los niños de 1er. Ciclo.



Escenario en donde realizaron la obra de títeres.
 Aquí os pongo unas fotos de las marionetas que hicieron para el teatro. Más adelante intentaré  subir el video de la representación,que acompañaron con canciones con letra sobre la historia de Tango.No tengo fotos de las ovejas, pero estaban preciosas.
Tango, el protagonista, hecho c on tela y relleno como las demás
Adrián y Luis con los los padres del primero.


Aquí tenéis al oso que dio un tremendo susto a Luis.


Mi agradecimiento a Fuensanta y a los niños de 6ºC  por el buen rato que nos hicieron pasar a todos.

viernes, 1 de junio de 2012

Guille y Pablo: El dragón de papiroflexia.2º y 3er. ciclo

Dragon de papel: Estos son los trabajos del Origamista Profesional Satoshi ...
gruaboy.blogsome.com

Guille  llevaba unos días haciendo aviones de papel y aunque le salían muy bien, su ilusión era hacer  otro tipo de figuras más divertidas.
-Abuela, mi madre dice que tú  hacías animales de papiroflexia cuando eras joven.
- Sí, tiene razón,  pero ahora  ya no me acuerdo, solo podría  hacer el gorro  de soldadito y el barco-, contestó la abuela sabiendo que le iba a causar una decepción a su nieto.
  Efectivamente, Guille se llevó una desilusión, y al ver que nadie le ayudaba,  empezó a probar él solo. Como era muy habilidoso, hizo una figura que se parecía bastante a un periquito.
-¡He hecho un periquito, he hecho un periquito!-, gritó  mientras iba por el pasillo corriendo hasta donde estaban sus padres y  sus abuelos charlando.
La verdad es que la figura se parecía bastante a un pájaro, pero le faltaba algo de gracia. La abuela  pensó que su nieto necesitaba alguna ayuda, por ejemplo, un libro que le explicase cómo  hacer los animales que tanto deseaba. Al día siguiente se presentó en casa con ”El arte de la papiroflexia”. Cuando Guille  lo vio, se le iluminó la cara.
-Gracias abuela, gracias, ¡qué buena idea! Ahora aprenderé  a hacer todo lo que me gusta. Salió disparado al despacho de su padre y de allí cogió un paquete de folios  y desapareció. Al cabo de un rato entró  muy contento:
- Mirad,  he hecho una grulla y un pingüino. 
- Muy bien-, dijeron todos-. Mañana llévaselos a tu profesor para que los vea.
Al día siguiente, Guille  vino del colegio con muchos encargos; tenía que hacerles  a sus amigos un montón de animales.
-Mamá, cuando aprenda bien, empezaré con los animales de la prehistoria que son más difíciles...
La mamá de Guille le aconsejó:
-Debes  practicar con papeles de revistas y con trozos de papel regalo o de periódicos  para no gastar folios  blancos innecesariamente  y para que los animales  te queden más divertidos.
-Llevas razón mamá, cogeré del cuarto de estar las revistas y unos restos de papel charol que tengo de las manualidades del cole.
Guille se pasó toda la tarde trabajando con los papeles y pudo sacar un pez precioso y  una tortuga de color verde pero, después, hizo una rana, un  pingüino y, cuando los terminó, empezó a plegar y a plegar un trozo de papel charol rojo  que tenía en la mano hasta que se quedó satisfecho.
-¡Tatatachan!  Acabo de hacer un dragón;  este me lo he inventado, no me he fijado del libro. Mirad que colmillos tiene, y echa fuego por la boca.
Pablo que era más pequeño y algo miedoso se lo quedó mirando fijamente y dijo:
-Guille, no me gusta, me da un poco de miedo.
-Pero qué tonto ¿es que te va a hacer algo un dragón de papel? Eres un miedica.
Al oír a su hermano mayor, el niño puso a llorar.
-¿Qué pasa, chicos?-, preguntó su padre cuando oyó llorar a Pablo.
-Guille me está asustando con ese dragón que ha hecho. Dice que echa fuego por la boca. Yo no quiero que lo suba a la habitación porque luego voy a soñar con él.
-Pero Pablo, si es solo papel y, tú, Guille, no le metas miedo a tu hermano que luego  por la noche no pegamos ojo ni tu madre ni yo.
-Vale…-, añadió Guille de mala gana-.Siempre hay que hacer lo que el niño quiere-, refunfuñó.
Después de cenar y antes de acostarse, los dos hermanos recogieron todos los trozos  de papel que había por el suelo y, a continuación,  se subieron al dormitorio. Guille se metió el dragón en el bolsillo y cuando Pablo estaba distraído lo guardó en el cajón de su mesa.
-Buenas noches Pablo, que duermas bien.
 A Pablo  no le dio tiempo a contestar, nada más caer en la cama se quedó roque. Guille tardó un  poco más pero, en seguida, se quedó dormido también. La casa estaba totalmente en silencio, solo se oía un reloj de pared cuando marcaba las medias y las horas; fuera, la luna  brillaba e iluminaba la habitación sin necesidad de tener ninguna lámpara encendida.  Las campanadas  del reloj empezaron a sonar: las diez,…..las once,…., las doce. A las doce de la noche  en punto, algo muy extraño sucedió en la habitación de los niños: toda la mesa empezó a  moverse como si un terremoto la estuviese sacudiendo y, del cajón en donde estaba metido el dragón de papel salían unos rugidos   aterradores  y un resplandor con un  fuerte olor a quemado que despertó a los dos hermanos.
-¿Qué pasa Guille? Tengo miedo.
Guille estaba paralizado ante lo que estaba sucediendo, no se lo podía explicar, aunque tenía una corazonada, pero no dijo nada a su hermano. Los temblores de la mesa y los rugidos no   paraban y el resplandor  que salía por las rendijas del cajón se convirtió en llamaradas  que empezaron a provocar un humo que los ahogaba. Cogió a Pablo y los dos salieron corriendo del dormitorio.
-Papá, mamá hay fuego en nuestra habitación.
Ante los gritos de los hermanos los padres se levantaron rápidamente y lograron apagar las llamas que ya habían chamuscado los cajones.
-¿Qué guardabas en el cajón?-, dijo su madre enfadada-. Seguro que  todavía tenías algunos  petardos de  la fiesta de cumpleaños. No me hacéis caso, os he dicho que no quiero que  los metáis  en casa. Ha podido ocurrir una desgracia esta noche; menos mal que estáis bien. Pues, ahora, os va a tocar dormir en la habitación de Pablo; en la vuestra no hay quien lo haga con el olor a humo.

 Pablo siempre dormía en el cuarto  de  su hermano mayor, así se sentía más protegido, pero esa noche los dos tuvieron que pasarse al suyo. Cuando todo se tranquilizó, Guille, muy despacio, fue hacia el dormitorio y con cuidado, porque todavía estaba caliente, abrió el cajón de su mesa. Todo lo que guardaba dentro se había quemado, todo, menos el dragón rojo: él estaba intacto.
-Tendrías que haberte quemado tú también; ya sabía yo que tenías la culpa de lo que ha pasado aquí.
Guille lo cogió y con cuidado lo fue desplegando hasta que el papel se quedo casi estirado, luego le pasó varias veces las manos por encima como si quisiera plancharlo y entonces  el papel volvió a su forma original, después, lo puso debajo de unos libros que pesaban mucho para que desapareciesen  totalmente los pliegues que le había hecho y se fue a dormir. A la mañana siguiente, cuando los niños estaban en el colegio, entró la asistenta y empezó a limpiar el estropicio que el incendio había provocado; intentando ordenarlo todo,  encontró el papel bajo los libros; Maria pensó que había sido cosa de Pablo.
-¡Madre mía!  Como Guille vea que le han deshecho una de sus figuras se va a armar; menos mal que todavía se notan los dobleces.
María se sentó  y, con mucha paciencia, empezó a doblar el papel por los pliegues que todavía estaban marcados hasta que consiguió devolverle otra vez su forma anterior.
-Vaya, si era un dragón-, dijo cuando lo vio terminado-.Espero que Guille no se haya dado cuenta de que su hermano se lo había deshecho.
Y mirándolo orgullosa, con mucho cuidado, lo colocó en el último cajón  de la mesa; era lo único que se había salvado del fuego.
El dibujo, aunque no lleva firma, es de Guille.