Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

jueves, 1 de marzo de 2012

Guille y Pablo:Guille viaja a Madrid; Educación infantil, 1er ciclo y 2º ciclo de primaria.


-¿Guille quieres venir con nosotros a Madrid? –le pregunta su abuela.
Ella tiene muchas ganas de que su nieto conozca la ciudad donde  ha nacido. El niño abre los ojos sorprendido, y da un grito de alegría:
-¡Bien, bien!, me encantaría.
Piensan en una fecha en la que la  Guille no pierda colegio y deciden ir el puente del Primero de Mayo. Ya lo tienen todo preparado: los billetes de tren, el hotel y los lugares que van a visitar.
¡Por fin llega el día tan esperado por Guille! Su mamá le ha hecho la maleta sin que se de cuenta su hermanito, Pablo. Seguro que si este se enterase empezaría a llorar para que lo llevasen también, pero él es muy pequeño para ir de viaje solo sin sus padres. 
Es la primera vez que  Guille viaja en tren, por eso está muy emocionado. Se ha sentado al lado de la ventanilla y la abuela le ha abierto una mesita plegable que tiene delante del asiento para que pueda dibujar. Se ha traído un cuaderno y lápices de colores. 
El viaje dura casi cuatro horas, pero a él se le ha hecho corto: ha visto al revisor, que es un señor que cuida de que no se monte nadie sin billete, le han dado auriculares para que escuche música y le han traído la comida que estaba muy rica. Lo que más gracia le ha hecho han sido los saleritos y  una  botellita de aceite muy pequeña que le han puesto. 
-¡Parece de juguete! dice. Se lo ha comido todo. También ha jugado con su abuelo y así se ha distraído durante el viaje. El tren ha recorrido el camino durante un rato al lado de un río y han pasado por encima de un puente ¡Qué emocionante!



Por fin entran en la estación de Atocha. Guille al salir del tren está tan nervioso que no se da cuenta y mete el pie entre el andén y el vagón ¡Menos mal que sus abuelos lo llevaban bien sujeto!
-¡Vaya susto que nos has dado! -le dicen-. ¡Gracias a Dios que no te ha ocurrido nada grave!
Pasado el mal trago, Guille empieza a observar todo lo que le rodea en la estación.
-¡Madre mía, qué grande es! ¡Cuántas escaleras mecánicas!
Al salir a la calle mira todos los edificios y dice que son muy bonitos. Él es un niño muy observador y se fija en todo. Cogen un taxi para ir al hotel pasando por el Paseo del Prado. Sus abuelos le dicen:
-Mira Guille ese es el Museo del Prado, en donde está la mayor colección de pinturas de España.
 Se queda asombrado; le gusta mucho Neptuno, La Cibeles y la Plaza de Colón.
Por fin llegan al hotel. Cuando sube a la habitación empieza a buscar por los armarios:
-¿Qué buscas Guille? -le pregunta su abuela.
-Aquí no hay cocina ni salón, esta casa no me gusta.
-En los hoteles, las habitaciones solo tienen baño y dormitorio. Luego verás el restaurante. Allí es dónde se come -le explican.
-Pues a mí no me gusta. Esta casa es muy pequeña. Prefiero que tenga cocina y salón.
 Guille parece decepcionado, no le agrada la habitación del  hotel.
Antes de que se haga tarde se van a ver el Museo de Ciencias Naturales. Allí Guille se vuelve loco cuando descubre la réplica del dinosaurio que está en medio de una gran sala. El niño no se cansa de ver todos los animales que hay disecados. También visitan una sala llena de trofeos de caza donados por cazadores, otras con insectos, meteoritos y otras rocas.  Está tan fascinado con  todo lo que ve, que llega la hora de cerrar y les tienen que echar porque Guille no se quiere ir de allí. Luego muy cansados regresan al hotel.
Es la primera vez que va a dormir en un sitio así. Con sus padres siempre va a casas rurales porque dicen que Guille y Pablo son muy pequeños para ir a hoteles. De noche se ha asomado al balcón y ha visto la Plaza de Colón toda iluminada y dice que Madrid le encanta.
Han bajado a cenar al restaurante y al llegar el camarero, ha traído unas servilletas humeantes enrolladas para que se limpien las manos.
 -¡Qué bien rollitos primavera! 
 Todos se han echado a reír incluido el camarero. Guille tiene tanta hambre que ha confundido las servilletas de color marrón con la comida china.
-A este niño tenemos que sacarlo más-, dicen los abuelos.
Por fin se van a la habitación a descansar porque el día ha sido muy agitado. A Guille le va gustando más el hotel.
A la mañana siguiente los abuelos no saben si llevar a su nieto al Planetario o al Museo Arqueológico, pero él elige la visita al museo. Quiere ver las tumbas de los faraones. Al entran, observa todo con admiración. Va por delante mirando y diciendo:
-¡Mira abuela!, qué collar de oro más bonito, ¡mira abuelo! un esqueleto dentro de la tumba de un  faraón.
-Eso es un sarcófago-, le explican.
Le gusta todo lo que ve a pesar de ser tan pequeño. 
 Después han ido a pasear al Retiro para ver el estanque de las barcas y, como está la Feria del libro,  visitan los stands de cuentos. Guille no sale de su asombro ante tantos libros bonitos. ¡Los quiere todos! 
Sus abuelos le compran un cuento de dragones para él y otro para su hermano. También ha visto a Poco Yo y se ha hecho una foto con él. Ellos se han comprado un libro de Juan José Millás titulado “El mundo” y el autor les ha escrito una dedicatoria muy bonita.
Por último van al estanque de las barcas y le compran un barquillo.
-Abuelo, ¿cómo se llama esta galleta tan grande? ¡Está muy rica!
-Se llama barquillo -le contesta-. Mira Guille, el señor que los vende es el barquillero y seguramente solo los verás en Madrid, que yo sepa no hay barquilleros en otras ciudades. 
Después, echa gusanitos a los peces del estanque y a las palomas. Y ¡menudo lio se ha armado! Parece que el agua esta hirviendo de la cantidad de peces que han acudido a comer el maíz inflado. Los abuelos están reventados pero Guille sigue tan fresco. Quiere ver más cosas. Después de comer van al cine a ver una película de Indiana Jones.
-Guille nos vas a matar -dicen muy cansados.
Cuando por la noche vuelven al hotel duermen como lirones. A la mañana siguiente regresan a Murcia.
Guille se pone muy contento cuando  ve a sus padres esperándole en el andén de la estación. Pablo está con ellos. Los dos hermanitos se  dan un abrazo muy fuerte.
-Mira, os he traído muchos regalos -dice Guille muy excitado por tantas emociones.
-Mamá, tengo muchas cosas que contarte.
  Los dos niños empiezan a charlar muy contentos. Pablo le pregunta:
-¿Dónde estabas? Te he buscado en tu habitación y no te he encontrado. Guille no sabe qué responderle pero al final le dice:
-Cuando seas mayor los abuelos te van a llevar a Madrid ¿verdad abuelos?
Los abuelos se miran cansados y no responden. ¡Ya no están para tantos trotes!




Las ardillas Lipa y Lipe; Educación infantil, 1er y 2º ciclo de primaria.

Lipa, la ardilla, vivía con  sus padres y su hermano Lipe en una palmera muy alta en  medio del    jardín de una  urbanización cercana a un bosque de pinos. La familia se había mudado desde el bosque  y había colocado su nido entre los dátiles maduros que producía la esbelta palmera. Les gustaba más este   lugar porque,  desde arriba, se veía muy bien todo el paisaje; además, allí se encontraban más seguras; era muy difícil subir hasta donde estaban. Solo los mirlos, los gorriones y alguna paloma despistada se posaban de vez en cuando sobre sus  ramas.Todos los días, Lipa descendía por el tronco seguida por su hermano; bajaban y subían durante largo rato persiguiéndose y haciendo un ruido con la boca parecido al que  producen las cajas chinas cuando se golpean con la baqueta; entonces, todos los niños que  se estaban divirtiendo con sus padres en el jardín dejaban sus juegos y se paraban embobados para verlas. Otras veces, les gustaba saltar de golpe desde la altura de su vivienda a las  ramas de las tipuanas que tenían cerca. Entonces, todos los gorriones que estaban apoyados en ellas salían volando despavoridos al notar que había caído algo desde el cielo sin saber lo que era aquello que tanto les había asustado. Este juego les divertía mucho y, a veces, atravesaban todo el jardín  saltando de árbol en árbol; a cada salto, un montón de alas y plumas salpicaban el aire como cuando una piedra cae a un estanque y una infinidad de gotitas de agua se dispersan por la fuerza del golpe.
En el jardín había algunos pinos, pero tenían cada vez  menos  piñas, así que, las ardillas se habían acostumbrado a comer de todo lo que pillaban por allí: dátiles, trozos de bocadillo, resto de fruta y algunas nueces que les llevaban los niños.
Un día, en la urbanización recaló una familia de gatos. Nadie sabía cómo habían llegado hasta allí. Lipa había empezado a bajar y a subir como siempre hacía, hasta que se dio de narices con el hocico de un  minino rayado, como los tigres. Se quedaron los dos quietos, observándose mutuamente pero, con un movimiento rápido, la ardilla subió por el tronco hacia su casa. El gato intentó trepar también por la palmera, sin embargo  enseguida se soltó; no pudo seguirla. A partir de entonces, la vida de las ardillas se hizo más difícil; también la de los pájaros, pues tanto las ardillas como los gorriones eran un alimento muy apetitoso para los nuevos vecinos.
La  madre ardilla les advirtió del peligro:
-Hijos, ahora el jardín no es tan seguro como antes. No debéis bajar al césped bajo ningún pretexto. Los gatos están siempre pendientes de lo que pueden cazar para comer y nosotros estamos dentro de su dieta.
Cuando se les pasó el susto  pensaron  que si  seguían moviéndose por encima de las copas de los árboles, no habría ningún riesgo. Los gatos no se atreverían a subir tan alto.
Lipa seguía cayendo de golpe sobre las ramas y  seguía asustando a los pobres gorriones. Su madre no paraba de decirle que no lo hiciera pero, los jóvenes, a veces,  piensan que lo saben todo y no hacen caso de los consejos de los mayores.
Llegó la primavera y los pájaros empezaron a construir sus nidos. Había alguno en casi todos los árboles y la mamá de las ardillas las llamó un día para hablar con ellas:
-Tenéis que tener cuidado, los pajaritos pequeños son muy delicados y se pueden caer fácilmente. Si eso ocurre, no tendrán salvación, los gatos se los comerán.
Lipa y Lipe anduvieron con mucho cuidado de rama en rama, hasta que un día olvidaron la advertencia de la madre y empezaron, otra vez, a correr por encima de ellas. Los pájaros, advirtiendo el peligro que corrían sus crías, fueron a hablar con la mamá ardilla:
-Doña Ardilla, nosotros sabemos que es muy difícil educar a los hijos, pero  los suyos están poniendo en peligro la vida de los nuestros. Si siguen así tendrán que marcharse de este jardín.Ustedes tienen el bosque de pinos en dónde pueden alimentarse de piñas, no necesitan vivir en una palmera.
Las ardillas se pusieron muy tristes y prometieron tener más cuidado desde ese momento. Se moverían despacito, hasta que los gorriones  fueran mayores.
Un día, el nido que estaba colocado en la rama más baja de una tipuana fue encontrado tirado en el suelo. No  quedaba ni un huevo sano; los gatos, al verlo, lo habían destrozado buscando pajaritos. La mamá gorrión enseguida pensó en que había sido Lipa, porque era un poco atolondrada, para qué lo vamos a negar y, aunque ella aseguraba que ya no se movía como una loca por encima de los árboles, los gorriones no la creyeron. Todos decidieron que las ardillas se tendrían que marchar.
Lipa, llorando, suplicaba, pero ya era tarde, no le hicieron el menor caso.
-Tienen que marcharse por nuestra seguridad.
Ya tenían todo preparado para la mudanza y toda la familia estaba muy nerviosa pensando en la forma de atravesar la carretera que separaba el jardín del bosquecillo de pinos; allí los gatos les podrían jugar una mala pasada.
Desde el poste de la luz, Dña. Lechuza les observaba con un ojo cerrado y otro abierto. No sabía bien lo que ocurría, pero cuando vio a la familia preparar los hatillos con algo de comida para el corto viaje, levantó el vuelo desde donde estaba y se posó en una tipuana cerca de la palmera.
-¿A dónde vais? ¿No veis que es muy peligroso que os marchéis ahora? Hay gatos por todas partes.
La mamá ardilla le contó todo lo que había pasado y porqué tenían que mudarse.
-Lipa dice la verdad. Yo vi al gato subir  al árbol y tirar el nido. Es muy injusto que tengáis que marcharos porque no os crean. No tenéis que  iros. Vamos a hablar con los gorriones.
Las ardillas  se pusieron muy contentas  al ver que había alguien que creía a Lipa  y acompañaron a Dña. Lechuza, que  empezó a contar todo lo ocurrido a los pájaros:
-De modo que es verdad lo que dice Lipa, no tienen porqué marcharse. Además ese nido estaba mal colocado. Lo pusisteis demasiado bajo; eso no es culpa ni de Lipa ni del gato, solo vuestra.  Todos tenéis que ser más cuidadosos de ahora en adelante.
La madre gorrión  se dio cuenta de que Dña. Lechuza tenía razón, ella tampoco se había esforzado mucho en la colocación del nido.
Después de escuchar a Dña. Lechuza,  los que estaban allí reunidos comprendieron que tendrían que vigilar sus actuaciones un poco más, por su seguridad: los gorriones prometieron colocar  los nidos más altos, las ardillas  andar suavemente por las ramas y  Dña. Lechuza  montaría vigilancia por las noches para que todos los animales pudiesen dormir tranquilos. Juntos  cuidarían unos de los otros para librarse de los hambrientos gatos.
Esa noche, Dña. Lechuza vio salir de una casa una niña con un plato lleno de restos de pescado. Lo colocó  en un rincón del jardín y se volvió a meter en casa. Inmediatamente empezaron a aparecer mininos por todos lados. Ahora sí que estaba tranquila, los gatos también tendrían su comida.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Toyo, un trocito de vida acuática.

Queridos niños, lo primero de todo es advertiros que esto no es un cuento;lo que escribo aquí es lo que se siente cuando se tienen mascotas en casa; se les coge tanto cariño, que cuando nos abandonan se nos  encoge un poquito el corazón. Solo su recuerdo nos alegrará de nuevo.
La  foto de Cleo la he cogido de internet gracias a un señor que se llama FANCES 300 y que la ha subido a su blog. Le doy las gracias por poder usarla para adornar mis pensamientos. Mañana, 1 de marzo pondré dos cuentos preciosos que seguro os gustarán.

Toyo
Me sentaba delante de la pecera cuando estaba cansada y me relajaba verlo bailar su incansable coreografía acuática. Su cola, abanico de tul, acariciaba  el agua de la pecera desde hacía ya tres años.
Al mirarlo, evocaba a Cleo, la pececita de Pinocho, porque Cleo era  chica, y volvía a mi infancia.
Yo le decía a mi hija:
-Paloma, ¿por qué le has puesto ese nombre tan feo?
-Mamá, te lo he dicho muchas veces. La urbanización en dónde estaba la feria se llamaba así, Toyo.
A mí me daba igual, yo siempre la llamaba Cleo como  en el cuento.
Mi hija lo trajo una tarde de verano metido en una bolsa de plástico en el coche de línea desde Almería.
-Me ha tocado en la feria-, nos dijo-. En un puesto de tiro al blanco.
Nadie de la familia daba un duro por él; pensamos que no viviría, tan chico, no más grande que el gajo de una mandarina, del mismo color. Sin embargo empezaron a pasar los días, unos tras otros y él siguió trazando círculos y más círculos en su globo de agua, infatigablemente siempre alegre. Era un trocito de  vida de color anaranjado.
Aumentamos el tamaño de la pecera según él fue creciendo y nos conocía. Cuando nos acercábamos se asomaba al borde del agua y esperaba que le echásemos comida.
Hace poco quisimos mejorar sus condiciones de vida. En el cumpleaños de Paloma, mi hija mayor, Mayca, le compró un acuario más grande, con plantas naturales y todo. Un pedacito de mundo acuático encerrado en un prisma de cristal. También le trajo otros compañeros.
Toyo, Cleo para mí, al principio nadaba entre las plantas como loca; se le notaba que disfrutaba al tener más espacio. Sin embargo le molestaban sus compañeros. Siempre sola, no aceptaba bien la compañía, se había convertido en un pez mal criado.
Algo empezó a ir mal, le salió una mancha roja en la aleta dorsal y sus movimientos tan ligeros se volvieron pesados, hasta se quedaba quieta en la superficie  como si ya  no le sirviese el agua y quisiera respirar aire.  Al final no se mantenía erguida, empezó a inclinarse como un navío dañado por una tormenta hasta que dejó de respirar y murió.
Una cosa tan pequeña y todos la echamos de menos; ya no tendré su consuelo cuando me siente buscando la gracia de su ballet. El acuario se ha quedado casi vacío. ¡Pobre Cleo!

lunes, 27 de febrero de 2012

Enormes pequeños artistas.

He subido este vídeo para que comprobéis cómo, con esfuerzo, se consigue todo lo que uno se propone.
Mirad estos niños coreanos cómo dominan la guitarra. Solo tenéis que esperar a que termine la música de fondo de mi blog, para escucharlos.Espero que os guste.
Un abrazo

jueves, 23 de febrero de 2012

Mis ilustradores favoritos: José Luís Ocaña

Es el ilustrador que ha dado vida a la cabecera de este  blog poniéndole un toque de color y alegría. Según dice, él es ilustrador de nacimiento.Cuando era pequeño se pasaba el día garabateando los libros de texto y, con otro amigo, copiaban los comics americanos como Spiderman o Hulk; siempre estaban dibujando. Los dibujos animados eran su ilusión, le gustaba  Heidi, Marco,Mazinger Z  y Comando G.
Es autodidacta ¿Sabéis lo que es eso? Pues quiere decir que  no asistió nunca a clases de dibujo; lo que sabe lo aprendió él solito a base de practicar y practicar. Al principio siempre dibujaba en blanco y negro, pero su padre insistía en que le metiese color a los dibujos. A él le daba miedo, le parecía  que trabajar con colores era algo muy complicado pero, un día le hizo caso y  no se podía creer lo que ganaban los dibujos; así empezaron a aparecer esas preciosas acuarelas que gustan tanto a todo el mundo. Su padre fue la persona que más le apoyó y le animó cuando, a los diecinueve años, decidió dedicarse por entero al mundo de la ilustración.
 Amplió su formación académica en Madrid, en Animación Digital y trabaja desde 1997 en varias Productoras Publicitarias, en Madrid y Málaga, no sólo como operador CG sino también como creativo. El País y La Opinión de Málaga son algunos de los periódicos que han publicado ilustraciones suyas. Actualmente es ilustrador de la revista de arte americana InspiredViewpoints
 Además también a hecho cortos para el cine con mucho éxito; como podéis ver es un trabajador incansable y estoy segura que dentro de poco nos sorprenderá con las ilustraciones de maravillosos cuentos. Mientras tanto podéis entrar en su blog y admirar todos los dibujos que tiene ahí subidos:  http://elviajedellapiz.blogspot.com/
Desde aquí le agradezco los dos dibujos tan bonitos que ha hecho para mi blog.

lunes, 20 de febrero de 2012

Mis ilustradores favoritos:Xénia d´Armengol

Os voy a contar algo de Xénia d´Armengol.Nació en Barcelona y,  según ella, desde pequeña tuvo una gran afición a dibujar  aunque fue su abuelo, que era pintor de cuadros al oleo, el que la introdujo en el mundo de la pintura. Me parece que tuvo una infancia muy feliz por las cosas que ella escribe sobre sus años de niña  y, también,  tiene un corazón grandísimo. Recuerda que su madre siempre tenía una mano caliente para su mejilla y una fría para la frente. ¿A que es precioso?
Le gusta pintar con cualquier material: con ceras, guache, acuarelas, oleos etc..  Hasta que no terminó sus estudios no se dedicó verdaderamente a pintar. Le encanta su ciudad, Barcelona, pero también le gustaría darse una vuelta  por  Nueva York y Canadá.
Os pongo aquí la dirección de su blog parea que lo visitéis y veáis que caras de niñas tan preciosas pinta.  http://xenia-armengol.blogspot.com/
Le vuelvo a agradecer que me adornase mi cuento El disfraz mágico con sus ilustraciones, porque ahora sí que parece mágico de verdad.

jueves, 16 de febrero de 2012

Reposición de El disfraz mágico.


Ayer me llevé una  sorpresa muy agradable cuando vi en facebook  los  dibujos que había hecho la estupenda ilustradora Xènia de Armengol , inspirada en mi cuento El disfraz mágico.

Me gustaron  muchísimo, pues como todos los suyos son fantásticos  y,  además, me encantó que  leyese mis cuentos como si fuese una niña más.  Me contó que según lo iba leyendo se le iban ocurriendo  las ilustraciones. Le agradezco que, de una manera desinteresada,  me deje poner el dibujo en mi blog  porque, desde hoy, está más bonito gracias a ella.
Como estamos en Carnaval y, además, ahora sí que tenemos Un disfraz mágico, os lo vuelvo a mostrar para que veáis lo bonito que está. Un beso muy fuerte para Xenia.

Quique llegó a casa con una nota de su colegio:
“El martes de Carnaval, todos los niños deberán venir disfrazados para el festival que se celebrará en el salón de actos”
-Tendremos que comprarte un disfraz nuevo para la fiesta -dijo su madre, mirándole de arriba abajo para calcular la talla que tendría su hijo en ese momento-.Has crecido mucho desde el año pasado. El niño se rió orgulloso al escucharla.
Al día siguiente, Quique estaba muy nervioso; iban a ir con su abuela a elegir el disfraz. Cuando llegaron a la tienda, había tantos que no sabían por cual decidirse: de piratas, de chinos, de indios, de vaqueros. Él los miraba todos callado, sin elegir ninguno.
-¿Quieres uno de pirata? le preguntó su madre.
Él movió la cabeza para los lados un poco enfadado.
-Pues no, parece que no le gusta este- le comentó a su abuela.
Entonces, el niño vio uno que le llamó mucho la atención; se soltó de la mano y salió corriendo a cogerlo.
-Este, mamá, quiero ir de jirafa –dijo muy contento pensando que ya había encontrado el que quería.
-¡Claro, cómo no se me había ocurrido antes! Con lo que le gustan los animales, quiere vestirse de jirafa. Ven Quique, vamos a probártelo.
La madre del niño descolgó el disfraz de la percha en dónde estaba colgado y se dirigieron los tres hacia una fila de personas, que esperaban el turno para poder entrar en la única habitación de la tienda, que tenía un espejo.
-Lo siento señora, pero este disfraz no está disponible. Tiene un letrero que lo indica:”No está a la venta” -les dijo la dependienta, cuando vio que se lo llevaban al probador.
El niño, al oír a la señorita, cogió una rabieta tan grande que nadie lo podía consolar.
-Quiero este, quiero este - decía entre sollozos y suspiros.
La dependienta, viendo que Quique no tenía consuelo, se conmovió.
-Bueno, cójanlo, no creo que mi jefa lo tenga reservado.
El niño dejó de llorar inmediatamente y cuando les llegó el turno, se metieron en el probador con el disfraz, para ver cómo le quedaba. Le quitaron con cuidado la funda de plástico que lo protegía: era precioso. Parecía hecho de la piel de una jirafa de verdad, todo de una pieza. En la cabeza tenía dos cuernecitos negros, que al niño le hicieron mucha gracia.
-Ven Quique, mete primero las piernas y luego los brazos. Ahora la cremallera y por último te pondremos la cabeza -le explicaba su madre.
El niño se miró al espejo y sonrió viendo lo guapo que estaba.
-Estupendo, te queda muy bien -dijo la abuela.
Las dos lo estaban contemplando cuando, de repente, observaron que ocurría algo muy raro, la tela del disfraz empezó a pegarse al cuerpo del pequeño como si se tratara de su piel, su cuello se estiró tanto, que la cabeza empezó a subir y a subir hasta que no cabía en el probador, y la nariz y la boca se transformaron en un verdadero hocico de jirafa. La abuela salió gritando:
-¡Socorro, socorro, ayuda! el disfraz está embrujado.
En ese momento, entró la dueña de la tienda, y al escuchar los gritos, fue derecha al probador con un cubo a agua que echó sobre el disfraz, ante la mirada asustada de Quique y de su madre. Rápidamente, el cuello del niño empezó a encogerse, la tela se le separó de la piel y volvió a ser cómo era antes: un niño rubio, con cara de niño, no de jirafa.
-Lo siento mucho- les decía la señora de la tienda disculpándose toda sonrojada-, no sé cómo la dependienta se ha atrevido a vendérselo, si ponía bien claro, que no estaba a la venta. Desde que me lo trajeron de África, este disfraz no me ha dado más que problemas. Mañana mismo le devolveré.
-No la regañe, señora, la culpa ha sido de mi hijo, que se ha puesto muy pesado. La pobre chica no ha tenido otro remedio que dejar que se lo probara -decía la madre de Quique respirando hondo, mientras se le pasaba el susto y la abuela se tomaba una tila.
Quique no dijo nada; sabía que por culpa de su cabezonería, había estado a punto de convertirse en una jirafa de verdad. Ahora le iban a echar una buena bronca de camino a su casa.
A la mañana siguiente, llamaron a la puerta, un repartidor les entregó un disfraz de indio, que les enviaba la dueña de la tienda, con una nota volviendo a disculparse por lo sucedido el día anterior. Cuando la madre lo vio, llamó a su hijo:
-Mira Quique, por lo menos con este no te crecerá el cuello, si acaso alguna pluma –comentó sonriendo para quitarle importancia a lo sucedido el día anterior.
El niño, mirándola con preocupación y sin ganas de bromas, le dijo:
-Mamá, pensándolo bien, no quiero ir a la fiesta.