Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

lunes, 13 de febrero de 2012

Cuentacuentos Ilustres: Beatriz Montero.

Queridos niños:

Como estamos en Carnaval y hay mucha gente que se disfraza de monstruo, os subo este vídeo para que veáis que no hay que tenerles miedo. El vídeo  es de una cuentacuentos estupenda que se llama Beatriz Montero; a mí me encanta. Aquí está contando su cuento Enrique y los monstruos. Espero que os guste mucho.

jueves, 2 de febrero de 2012

Ya estamos en Carnaval, poesía. Educación infantil,1er y 2º ciclo.


                                                              Por fin ha llegado el día   
                                                              De  abrir todos los baúles
                                                              Con rasos, sedas y tules
                                                              Hay que elegir el disfraz
                                                              ¿Has cogido el antifaz?
                                                              Sin él no irás a la fiesta
                                                              Porque te conocerán

                                                              Puede ser de troglodita
                                                             O también de mariquita
                                                             Aunque quizá no te guste
                                                             Llevar alas con manchitas.
                                                             Aquí hay uno de pollito
                                                             Con su cresta anaranjada
                                                             Provocarás carcajadas

                                                             Si eliges el de pirata
                                                            Con parche y pata de palo
                                                            Procura no tropezar
                                                            Y andar con mucho cuidado
                                                            Pues si te tapas el ojo
                                                            Quizá no puedas ver bien
                                                            Ni luchar con mucho arrojo

                                                             Si quieres el de princesa
                                                             Debes llegar en calesa
                                                             Y estar muy bien arreglada
                                                             Pues para llevar corona
                                                            O estar sentada en el trono
                                                             No vale ir de fregona
                                                             Ni vestir con abandono


                                                           Más recuerda este consejo
                                                           Que te da alguien muy sabio
                                                           Y a la vez también muy viejo
                                                           Cuando vayas a salir
                                                          Tu disfraz has de cubrir
                                                          Con abrigo o chubasquero
                                                          Porque estamos en febrero.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Pablo, el niño que no tenía besos. Educación infantil, 1er. y 2º ciclo de primaria.

A Guille y Pablo, los nietos más cariñosos que una abuela puede tener.


Pablo era el pequeño de la casa. Era simpático, inquieto y muy ingenioso. Todo el mundo se reía mucho  con sus ocurrencias. Solo tenía una pequeña manía: a Pablo no le gustaba dar besos.
-¡Eso es cosa de bebés! -decía a su hermano Guille. 
Él, que todavía no había cumplido los cuatro años, se sentía todo un hombre. Sus juguetes preferidos los gormitis,  los bacugan y otros de ese estilo; esos no besaban, solo peleaban. Todos los días, sus abuelos iban a visitarlos pero, cuando se despedían, él  ponía cara de circunstancias y con mucha desfachatez les decía:
-¡Abuelos, se me han acabado los besos! Solo me quedan pedorretas.
Ellos no comprendían esa cabezonería  de su nieto.  Guille que se daba cuenta de que su abuela se ponía triste, se acercaba inmediatamente a  Pablo, le ponía la mano en la cara y hacía como si estuviera dando cuerda a un reloj.
-Ya  te he cargado la batería, Pablo.
Entonces, Pablito se dirigía a sus abuelos  muy serio:
-¡Ya se me han cargado las pilas! Tengo tres besos abuela.
 Se acercaba a ellos y les daba uno a cada uno, pero solo uno.
Una noche, como era su costumbre, Pablo no  quiso darle un beso a su abuela. Ella se fue muy triste a su casa y a la mañana siguiente, se levantó muy malita. Avisaron al doctor para que viniera a verla y este le preguntó:
-¿Qué síntomas tiene doña Concha? 
-Pues mire doctor, me duele mucho el corazón, no tengo ganas de levantarme de la cama, no quiero escuchar música, ni leer cuentos, ni tampoco contarlos. He perdido la ilusión por las cosas bonitas. ¡Estoy muy triste!
Don José, la auscultó y se dio cuenta de que casi no se escuchaba su corazón. Estaba desorientado, no sabía lo que tenía.
-Es una enfermedad muy rara -dijo rascándose la cabeza. 
  A la mañana siguiente, toda la familia fue a visitar a la enferma y al comprobar que estaba bastante mal, empezaron a preocuparse. Preguntaron a los vecinos  y a los amigos si ellos conocían a alguien que pudiese remediar su mal.
- Yo creo que sé quién puede hacerlo: doña Blanca, una doctora  que vive en las afueras de la ciudad, en la calle de las Magnolias; seguro que tiene el remedio para su mal -dijo alguien que vivía por allí cerca.
Le dieron las gracias y cogieron el coche para llegar cuanto antes. Allí se encontraron con una casita pequeña, muy blanca rodeada de árboles llenos magnolios y  naranjos en flor.  Llamaron al timbre y salió a abrirles una señora con un aspecto muy agradable. Tenía el pelo y la piel muy claros y vestía una bata muy limpia y luminosa. Les dijo que entrasen.
 –Pase, pasen y tomen asiento. A ver, ¿qué les ocurre?
Le contaron porque habían ido a visitarla y le explicaron todos los síntomas de la enfermedad de la abuela.  La doctora se quedó muy pensativa. Al final les dijo:
-Yo creo, que su madre tiene Tristitis.
-¿Tristitis? -preguntaron extrañados. ¡Esa enfermedad no la habían oído nunca!
–Sí, a veces pasan cosas en la vida que te van poniendo triste, hasta que llega un día en que caes enferma. Puede ser que esta señora se haya llevado algún disgusto.
 Pablo se quedó pensativo y en seguida le vinieron a la cabeza todas las noches en las que su abuela se iba cabizbaja a su casa. ¡Se dio cuenta de que él podría ser la causa de sus males!
-Solo se puede curar dándole un  jarabe llamado “Elixir del cariño” -dijo doña Blanca.
-¡Elixir  del cariño! -exclamaron–, y ese jarabe ¿dónde se compra?
-No se preocupen; yo tengo la fórmula y sé cómo se hace. Ya verán como cuando se lo tome, la enferma mejorará.
La doctora buscó la fórmula en lo alto de una estantería muy antigua. La repasó para no olvidarse de nada y les explicó lo que había que hacer:
-Lo primero que necesitamos son muchas flores, así que hay que salir al jardín y llenar esta cesta con las más bonitas que encontréis.
Buscaron alrededor de la casa y recogieron un montón de amapolas, rosas, margaritas y pensamientos, todas ellas preciosas; las colocaron en el cesto que les había dejado la doctora y, cuando hubieron terminado, se las llevaron al laboratorio. 
-Y ahora, ¿qué hacemos? -preguntaron.
-Ahora hay que poner un beso en cada flor- -dijo doña Blanca-. Luego las trituraremos y les añadiremos agua de azahar, que calma las irritaciones. Los besos, mezclados con los pétalos y el agua de azahar son la mejor medicina para la Tristitis.
Pablo  rápidamente empezó a coger flores del cesto y a depositar besos en cada una de ellas. Al principio le costó trabajo, para que vamos a negarlo, pero poco a poco se fue acostumbrando a la suavidad de los pétalos y, al final, terminó por gustarle. Cuando terminaron, lo trituraron todo, cocieron la mezcla con el agua de azahar y llenaron un frasco muy bonito que había preparado la doctora
 –Es muy importante que el recipiente sea alegre y de vistosos colores, así se le alegrará el corazón. Tiene que tomarse tres cucharadas al día. Espero que con esto, mejore -les deseó.
Le dieron las gracias y se despidieron muy contentos. Volvieron rápidamente a casa y subieron las escaleras hasta el primer piso;  allí encontraron a la abuela con muy mala cara. La mamá de Pablo cogió una cuchara y le dio a probar el jarabe:
-¿Está bueno? -le preguntó el niño-. Lo hemos hecho nosotros con besos y flores.
-¿Tú también has ayudado?, no puedo creerlo. ¡Si a tí no te gusta dar besos!
Pablo sintió como se ponía colorado de vergüenza. Su abuela tenía razón pero lo que ella no sabía es que ya no le importaba darlos. Se acercó y  le dio dos  en la cara. Le pareció que tenía la piel igual de suave que los pétalos de las flores. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
-Abuela, yo lo que quiero es que te cures y que no estés triste.
Ahora sabía  lo importante que era querer  a la gente y demostrárselo. A partir de aquella cucharada, doña. Concha empezó a mejorar y ya no necesitó tomar más porque sus nietos le dieron todos los besos que   ella quiso. El jarabe que sobró, se lo dieron al panadero, que vivía muy solo y a veces le entraba mucha tristeza; con el jarabe del cariño, se le pasaba. Por eso a veces cuando iban a comprar el pan, Guille y Pablo además del dinero le daban un beso y le decían:
-Esto es para que se le pase la tristitis don Ramón.
Don  Ramón se ponía muy contento y ese día era muy, muy feliz.
-Y Colorín colorado este cuento se ha acabado -dijo la abuela de Guille y Pablo cuando terminó de contarles el cuento-. ¿No te acuerdas cuando eras pequeño? No había forma de que nos dieses un beso a ninguno.
Pablo se  puso colorado y la miró sorprendido; no, él no recordaba nada de eso.
-Abuela ¿de verdad que no quería dar besos a nadie?
-Pues sí, es verdad, no te gustaba besar a nadie ni que te besaran. Me alegro de haber escrito un cuento con esta historia, así  cuando seas mayor te gustará contársela a tus hijos. Y, ahora sí:
 COLORÍN COLORADO ESTE CUENTO SE HA ACABADO.







martes, 31 de enero de 2012

Trabajos de los niños de infantil del colegio Albar Fañez de Minaya.

Queridos amigos y seguidores de mi blog:
Aquí os muestro los trabajos que, Gema Saiz, una profesora del colegio Albar Fañez de Minaya,preparó para trabajar  mi poesía:UN CASTILLO EN LA ARENA,  con sus alumnos de infantil.
Me he permitido copiar exactamente lo que ella me ha escrito sobre su trabajo en el aula.

Primero la hice con pictogramas y con letra cursiva que es la que estamos usando para el inicio de la lecto-escritura




La aprendieron rápidamente  y la recitamos con gestos (que me inventé).
Luego sobre la poesía escrita tenían que escribir el nombre de cada imagen al lado. Y se la llevaron a casa.
También hicimos una actividad de dibujo libre sobre lo que les inspiraba la poesía, y escribir el nombre de la autora.

Actividad plástica, sobre un dibujo que plasma el sentido del poema, aplicar distintas técnicas plásticas (pintura, pegar bolitas....)












 Permitidme que ponga esta última frase, tal y  como ella me la ha escrito para regalarme los oídos:
 Ha resultado un poema de lo mejor que he visto últimamente.

Siento que no se vean las fichas con más intensidad, pero puede servir como modelo de lo que da de sí una poesía en el aula.
Gemi es la creadora de El Blog Encantado y os puedo asegurar que los profesores de infantil pueden tomar muy buenas ideas de él.
Gracias Gemi.

sábado, 28 de enero de 2012

Visita al colegio Virgen de la Fuensanta en La Alberca de las Torres


Puerta principal del colegio.
El martes, 24 de enero, hice una visita a mi colegio, el lugar en dónde trabajé mis últimos años como maestra. Las dos tutoras de quinto, Margarita  y Carolina  me invitaron para  que, a la vez que hablabamos de mi libro TANGO, EL PERRO PASTOR, los niños viesen lo importante que es la lectura como forma de enriquecimiento personal.De paso, firmé los ejemplares del mismo que habían comprado los alumnos .A los niños les hizo mucha ilusión que la autora les pusiese una dedicatoria.
 Fue muy agradable estar allí de nuevo. Salir de secretaria del centro y volver como escritora fue una experiencia muy bonita. Estuvimos todos en la biblioteca, que es un aula muy alegre, como podréis comprobar en las fotos.

Me sorprendió el conocimiento que tenían sobre la historia de Tango; realmente les había calado. Hablamos de los personajes, de que algunos de ellos existen en la realidad: por ejemplo Pedro Jesús,Yolanda y sus hijos,  del  bonito pueblo de Burgui  y de lo importante que es la lectura para aquellos que quieran  dedicarse a escribir cuando sean  mayores. Ya hay algunos niños que están haciendo sus pinitos y han escrito sus primeros cuentos.
A todos les hubiese gustado tener un perro como Tango. ¡Menudo amigo!
Como siempre, les expliqué lo que es el íncipit de los libros y después de copiarlo y de leerlo todos juntos. Se los firmé.

También hablamos de mi blog “La abuela atómica”; aprendieron a entrar en él y a hacer comentarios cuando lean algunos de los cuentos que tengo colgados.

Os aseguro que  todos nos lo pasamos de lo lindo y, más, teniendo en cuenta  que a estos niños los conozco desde que tenían tres añitos.
 Un abrazo para todos y  hasta la próxima visita.

domingo, 22 de enero de 2012


Queridos niños y no tan niños, hoy es mi cumpleaños y, por eso, he recibido muchas felicitaciones de montones de  amigos pero, una en especial de Esperanza Castrillo, me ha gustado mucho: un video con una música muy alegre y unos dibujos muy chulos. Lo pongo en mi blog, para que disfrutéis todos de él.
Un abrazo para todos.

sábado, 7 de enero de 2012

La Gabardina. Relato para gente con el corazón joven.

Enseguida que la vio en el escaparate, mi padre se sintió atraído por ella. Era de un precioso color verde hoja seca, de línea clásica y con un tejido de  buena calidad.
-Seguro que no se me pasará enseguida de moda, estas prendas son muy duraderas-, le dijo a mi madre.
Entraron en la tienda y pidieron al dependiente que se la enseñaran. La observaron detenidamente y comprobaron que efectivamente era lo que estaban buscando. Se la probó y  se aseguró de que efectivamente fuera su talla. Parecía que estaba hecha para él. Le preguntó a mi madre si le gustaba y  ella  le aseguró que le sentaba bien. Preguntó el precio y aunque le pareció un poco cara, la compró.
Desde aquel día la gabardina de mi padre fue su compañera: salía con él todos los días de invierno a las ocho de la mañana camino del banco en donde trabajaba. Tomaba el autobús con él cuando me llevaba al colegio. Le protegía del frio durante  los plantones que mi padre tenía que soportar desde que me dejaba, hasta que él entraba a trabajar media hora más tarde que yo. También le quitó muchos chaparrones y algunas nieves que en aquella época tenían la  sana costumbre de caer en Madrid.
Desde la percha en la que todos los días la colocaba, cuando llegaba a su oficina, observaba el ir y venir de los clientes  y de los empleados del banco. Ya era como de la familia.
En verano descansaba de su duro trabajo, en  el fondo de un armario, dentro de una bolsa de tela y con unas bolitas de naftalina en los bolsillos para evitar que se apolillase.
Así estuvo durante unos cuantos años hasta que un día, cuando mi madre se disponía guardarla  de nuevo en su saco para que pasara el verano, la observó detenidamente y dijo:
-¡Caramba Pepe!, esta gabardina está muy rozada ya no puedes ir a trabajar con ella sobre todo ahora que eres jefe de quinta.
Mi padre pensó que mi madre tenía razón, y que tendría que buscarse otra el próximo otoño.
La gabardina al escuchar a mi madre se sintió traicionada, le entró un pánico terrible y pensó que su vida se había acabado. Se vio arrojada a la basura o en el mejor de los casos, encima de los hombros de un mendigo.
De repente vio que mi madre  se le acercaba con unas tijeras y sintió que llegaba su final; iba a  convertirse en trapos para el polvo.
Con mucha destreza mi madre empezó a trabajar: le descosió el forro y le cortó un poco las mangas, después le metió unos centímetros el bajo y la estrechó. Le cosió un forro nuevo de cuadros escoceses para hacerla reversible y le puso un cuello y unos puños de pana del color de los cuadros del forro. La gabardina estaba totalmente nueva, ¡había quedado preciosa!
-Conchita, la gabardina ya está terminada, ven a probártela.
Me la puse y fui a mirarme al espejo para ver cómo me sentaba. Cuando ella se vio reflejada en él, no se lo podía creer. Estaba muy moderna y rejuvenecida. Los arreglos que le había hecho mi madre la habían sentado de maravilla. Ya no había problema: la gabardina seguiría con nosotros, no tendría que marcharse. Volvía a trabajar en la casa, pero ahora, para la niña de la familia.
Este relato está basado en un precioso recuerdo de mi infancia. espero que os guste.
¡Ah! la gabardina era más bonita que la que he dibujado.