Enseguida que la vio en el escaparate, mi padre se sintió atraído por ella. Era de un precioso color verde hoja seca, de línea clásica y con un tejido de buena calidad.
-Seguro que no se me pasará enseguida de moda, estas prendas son muy duraderas-, le dijo a mi madre.
Entraron en la tienda y pidieron al dependiente que se la enseñaran. La observaron detenidamente y comprobaron que efectivamente era lo que estaban buscando. Se la probó y se aseguró de que efectivamente fuera su talla. Parecía que estaba hecha para él. Le preguntó a mi madre si le gustaba y ella le aseguró que le sentaba bien. Preguntó el precio y aunque le pareció un poco cara, la compró.
Desde aquel día la gabardina de mi padre fue su compañera: salía con él todos los días de invierno a las ocho de la mañana camino del banco en donde trabajaba. Tomaba el autobús con él cuando me llevaba al colegio. Le protegía del frio durante los plantones que mi padre tenía que soportar desde que me dejaba, hasta que él entraba a trabajar media hora más tarde que yo. También le quitó muchos chaparrones y algunas nieves que en aquella época tenían la sana costumbre de caer en Madrid.
Desde la percha en la que todos los días la colocaba, cuando llegaba a su oficina, observaba el ir y venir de los clientes y de los empleados del banco. Ya era como de la familia.
En verano descansaba de su duro trabajo, en el fondo de un armario, dentro de una bolsa de tela y con unas bolitas de naftalina en los bolsillos para evitar que se apolillase.
Así estuvo durante unos cuantos años hasta que un día, cuando mi madre se disponía guardarla de nuevo en su saco para que pasara el verano, la observó detenidamente y dijo:
-¡Caramba Pepe!, esta gabardina está muy rozada ya no puedes ir a trabajar con ella sobre todo ahora que eres jefe de quinta.
Mi padre pensó que mi madre tenía razón, y que tendría que buscarse otra el próximo otoño.
La gabardina al escuchar a mi madre se sintió traicionada, le entró un pánico terrible y pensó que su vida se había acabado. Se vio arrojada a la basura o en el mejor de los casos, encima de los hombros de un mendigo.
De repente vio que mi madre se le acercaba con unas tijeras y sintió que llegaba su final; iba a convertirse en trapos para el polvo.
Con mucha destreza mi madre empezó a trabajar: le descosió el forro y le cortó un poco las mangas, después le metió unos centímetros el bajo y la estrechó. Le cosió un forro nuevo de cuadros escoceses para hacerla reversible y le puso un cuello y unos puños de pana del color de los cuadros del forro. La gabardina estaba totalmente nueva, ¡había quedado preciosa!
-Conchita, la gabardina ya está terminada, ven a probártela.
Me la puse y fui a mirarme al espejo para ver cómo me sentaba. Cuando ella se vio reflejada en él, no se lo podía creer. Estaba muy moderna y rejuvenecida. Los arreglos que le había hecho mi madre la habían sentado de maravilla. Ya no había problema: la gabardina seguiría con nosotros, no tendría que marcharse. Volvía a trabajar en la casa, pero ahora, para la niña de la familia.
Este relato está basado en un precioso recuerdo de mi infancia.
espero que os guste.
¡Ah! la gabardina era más bonita que la que he dibujado.
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sábado, 7 de enero de 2012
lunes, 2 de enero de 2012
Guille y Pablo: Guille y el ratoncito Pérez.Educación infantil
Queridos amigos: como prometí a los socios del club El Mellado antes de Navidades, en enero cuento esta historia que ocurrió de verdad. Gracias a Guille, que salvó al ratoncito,todos los niños del mundo pueden tener regalos, cuando se les cae un diente. Un beso muy fuerte.
Hoy Quille se ha asustado porque al limpiarse los dientes se ha dado cuenta de que uno, una de las palas como dice su abuelo, se le mueve. Muy preocupado sale corriendo para contárselo a su mamá.
-Mamá, mamá, se me va a caer un diente ¿eso duele mucho?
-No hijo, no. Eso no tiene importancia, le ocurre a todos los niños y a ti como es natural, también. Se te están empezando a mover los dientes de leche; esos son los primeros que salen y duran cinco o seis años. Los dientes de leche se cambian por otros más fuertes que son para toda la vida. Hay que limpiarlos muy bien para que duren hasta cuando seas viejecito, porque si se te cae unos de esos, ya no hay repuesto.
Guille ha escuchado muy atento las explicaciones de su madre y, sí, parece que se le va a caer el primero y está muy emocionado. Todos los días se mira al espejo para comprobar si todavía está muy agarrado o más flojo; tiene muchas ganas de que se le caiga porque su mamá le ha dicho que cuando ocurra eso, envolverán el diente en una gasa y lo pondrán debajo de la almohada y, por la noche, vendrá el ratón Pérez que le dejará un regalo, aunque se llevará su diente a cambio.
-Mamá ¿quién es el ratoncito Pérez?-, le pregunta una y otra vez muy intrigado.
-Pues mira, es muy amigo de los niños, por eso les trae regalos cuando se les caen los dientes.
-¿Y cómo puede con ellos si él es muy pequeño?
-Es un poco mago y tiene mucha fuerza.
-¿Y qué hace con tantos dientes? ¿Para qué los quiere?
A esa pregunta, su madre no le puede responder; la verdad es que ella tampoco sabe qué es lo que hará Perez con los dientes de los niños. Por fin se le ocurre una respuesta:
-A lo mejor se está haciendo un castillo de nácar, como los dientes son muy blancos…
Guille la escucha sorprendido, pero parece que le gusta la solución de su pregunta ¡Un castillo de nácar!
El niño todas las mañanas se mueve el diente con el dedo pero todavía está muy agarrado a la encía. Un día sin darse cuenta le da un mordisco al bocadillo y el diente se le queda enganchado en el pan.
-Mamá ven, corre, ya se me ha caído. Hoy lo tenemos que poner debajo de mi almohada-, le dice muy contento.
No ve el momento de que llegue la noche pero por fin es la hora de acostarse y Guille está muy nervioso:
-¿Por dónde entrará, si es muy pequeño? -, le pregunta a su mamá.
-No te preocupes, él es un ratón y sabe buscar los agujeros para meterse por las casas.
Guille no se puede dormir, no para de dar vueltas y vueltas en la cama . ¡Está tan inquieto!... De repente se acuerda de algo: su padre tiene puestos algunos cepos para los ratones en el garaje ¿Y si Pérez cae en uno de ellos? Rápidamente se levanta de la cama y va a decírselo a su madre para que no ocurra una desgracia irremediable.
-¡Mamá! Hay que avisar a papá; tiene que quitar los cepos, si pilla al ratoncito, se puede morir y, nuestra culpa, no podrá llevar más regalos a otros niños. Por favor hay que llamarlo ahora.
-No te preocupes, espera a que llegue y, entonces bajareis a quitarlos.
Guille está muy preocupado,no para de llorar; no quiere ni pensar lo podría haber pasado si no se hubiese dado cuenta, por eso no quiere irse a la cama hasta que llegue su padre. Por fin oye la llave de la puerta, se seca las lágrimas y, más sereno, sale corriendo a contarle lo que le preocupa.
Su papá y él han bajado al garaje y uno a uno, han quitado todos los cepos que había puestos.
-¿Ya estás tranquilo?-, le pregunta su padre.
-Sí papá, te imaginas que hubiésemos pillado al ratoncito en uno de esos cepos.
Su padre le mira con cariño y le acaricia la cabeza.
Guille se ha acostado satisfecho por haber realizado una buena obra, aunque esa noche le cuesta más dormirse que otras veces.
A la mañana siguiente, mete la mano debajo de la almohada y se encuentra una caja de pinturas ¡Qué bien con lo que le gusta pintar! Muy contento se la enseña a sus padres.
-Como hoy es sábado voy a dibujar durante todo el día.
Todos están muy contentos en la casa. La familia sabe que de no ser por Guille podría haber ocurrido una catastrofe. Los niños del mundo tienen mucho que agradecerle; así el ratoncito podrá seguir visitando las casas de otros chiquillos para llevarles sus regalos cuando se les caiga su primer diente.
Como siempre, además de salvar a Pérez, Guille me ha hecho el dibujo.
Hoy Quille se ha asustado porque al limpiarse los dientes se ha dado cuenta de que uno, una de las palas como dice su abuelo, se le mueve. Muy preocupado sale corriendo para contárselo a su mamá.
-Mamá, mamá, se me va a caer un diente ¿eso duele mucho?
-No hijo, no. Eso no tiene importancia, le ocurre a todos los niños y a ti como es natural, también. Se te están empezando a mover los dientes de leche; esos son los primeros que salen y duran cinco o seis años. Los dientes de leche se cambian por otros más fuertes que son para toda la vida. Hay que limpiarlos muy bien para que duren hasta cuando seas viejecito, porque si se te cae unos de esos, ya no hay repuesto.
Guille ha escuchado muy atento las explicaciones de su madre y, sí, parece que se le va a caer el primero y está muy emocionado. Todos los días se mira al espejo para comprobar si todavía está muy agarrado o más flojo; tiene muchas ganas de que se le caiga porque su mamá le ha dicho que cuando ocurra eso, envolverán el diente en una gasa y lo pondrán debajo de la almohada y, por la noche, vendrá el ratón Pérez que le dejará un regalo, aunque se llevará su diente a cambio.
-Mamá ¿quién es el ratoncito Pérez?-, le pregunta una y otra vez muy intrigado.
-Pues mira, es muy amigo de los niños, por eso les trae regalos cuando se les caen los dientes.
-¿Y cómo puede con ellos si él es muy pequeño?
-Es un poco mago y tiene mucha fuerza.
-¿Y qué hace con tantos dientes? ¿Para qué los quiere?
A esa pregunta, su madre no le puede responder; la verdad es que ella tampoco sabe qué es lo que hará Perez con los dientes de los niños. Por fin se le ocurre una respuesta:
-A lo mejor se está haciendo un castillo de nácar, como los dientes son muy blancos…
Guille la escucha sorprendido, pero parece que le gusta la solución de su pregunta ¡Un castillo de nácar!
El niño todas las mañanas se mueve el diente con el dedo pero todavía está muy agarrado a la encía. Un día sin darse cuenta le da un mordisco al bocadillo y el diente se le queda enganchado en el pan.
-Mamá ven, corre, ya se me ha caído. Hoy lo tenemos que poner debajo de mi almohada-, le dice muy contento.
No ve el momento de que llegue la noche pero por fin es la hora de acostarse y Guille está muy nervioso:
-¿Por dónde entrará, si es muy pequeño? -, le pregunta a su mamá.
-No te preocupes, él es un ratón y sabe buscar los agujeros para meterse por las casas.
Guille no se puede dormir, no para de dar vueltas y vueltas en la cama . ¡Está tan inquieto!... De repente se acuerda de algo: su padre tiene puestos algunos cepos para los ratones en el garaje ¿Y si Pérez cae en uno de ellos? Rápidamente se levanta de la cama y va a decírselo a su madre para que no ocurra una desgracia irremediable.
-¡Mamá! Hay que avisar a papá; tiene que quitar los cepos, si pilla al ratoncito, se puede morir y, nuestra culpa, no podrá llevar más regalos a otros niños. Por favor hay que llamarlo ahora.
-No te preocupes, espera a que llegue y, entonces bajareis a quitarlos.
Guille está muy preocupado,no para de llorar; no quiere ni pensar lo podría haber pasado si no se hubiese dado cuenta, por eso no quiere irse a la cama hasta que llegue su padre. Por fin oye la llave de la puerta, se seca las lágrimas y, más sereno, sale corriendo a contarle lo que le preocupa.
Su papá y él han bajado al garaje y uno a uno, han quitado todos los cepos que había puestos.
-¿Ya estás tranquilo?-, le pregunta su padre.
-Sí papá, te imaginas que hubiésemos pillado al ratoncito en uno de esos cepos.
Su padre le mira con cariño y le acaricia la cabeza.
Guille se ha acostado satisfecho por haber realizado una buena obra, aunque esa noche le cuesta más dormirse que otras veces.
A la mañana siguiente, mete la mano debajo de la almohada y se encuentra una caja de pinturas ¡Qué bien con lo que le gusta pintar! Muy contento se la enseña a sus padres.
-Como hoy es sábado voy a dibujar durante todo el día.
Todos están muy contentos en la casa. La familia sabe que de no ser por Guille podría haber ocurrido una catastrofe. Los niños del mundo tienen mucho que agradecerle; así el ratoncito podrá seguir visitando las casas de otros chiquillos para llevarles sus regalos cuando se les caiga su primer diente.
Como siempre, además de salvar a Pérez, Guille me ha hecho el dibujo.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Madrid en Navidad
Hola chicos, otra vez es Navidad; yo en estas fechas vuelvo a mi niñez y como nací en Madrid, necesito acercarme a esa ciudad, pasear por las calles en donde viví y sentir el ambiente navideño de estas fechas. Madrid, ahora, está muy bonito porque todo se llena de luces y la gente sale a pasear y a disfrutar de la iluminación y del bullicio callejero. Yo también disfruto del frio. Para mí no es Navidad si no hay abrigo, bufanda y guantes.
En estas fechas en Madrid hay muchas cosas que ver: exposiciones, museos, musicales y todo tipo de comercios que ofrecen muchas cosas bonitas. Os aconsejo, si vais, que veáis el musical de ELREY LEÓN, es muy bonito, seguro que os gusta.También podéis acercaros al Museo del prado, allí hacen actividades para niños que son muy divertidas, visitar la Plaza Mayor, La Cibeles para ver los espectáculos de luz que se ofrecen por la noche y, sobre todo, pasear.
Si queréis que os diga la verdad, después de unos días de andorrear por aquí y por allí, vuelvo con las pilas cargadas y con el corazón lleno de buenos deseos para todos. Os he preparado un video resumen de mi visita. No os creáis que el montaje ha sido cosa mía, no. Mi amiga Mª José Carrillo, profesora del colegio El MOLINICO de la Alberca, ha hecho este estupendo trabajo y, además, lo ha acompañado de un villancico muy alegre. Espero que os guste y podáis haceros una idea de lo bonita que es la Navidad en Madrid.
En estas fechas en Madrid hay muchas cosas que ver: exposiciones, museos, musicales y todo tipo de comercios que ofrecen muchas cosas bonitas. Os aconsejo, si vais, que veáis el musical de ELREY LEÓN, es muy bonito, seguro que os gusta.También podéis acercaros al Museo del prado, allí hacen actividades para niños que son muy divertidas, visitar la Plaza Mayor, La Cibeles para ver los espectáculos de luz que se ofrecen por la noche y, sobre todo, pasear.
Si queréis que os diga la verdad, después de unos días de andorrear por aquí y por allí, vuelvo con las pilas cargadas y con el corazón lleno de buenos deseos para todos. Os he preparado un video resumen de mi visita. No os creáis que el montaje ha sido cosa mía, no. Mi amiga Mª José Carrillo, profesora del colegio El MOLINICO de la Alberca, ha hecho este estupendo trabajo y, además, lo ha acompañado de un villancico muy alegre. Espero que os guste y podáis haceros una idea de lo bonita que es la Navidad en Madrid.
OS DESEO FELICES FIESTAS Y QUE LA VIDA SEA PARA TODOS COMO UN CUENTO CON
UN FINAL FELIZ
Piruletas me felicita las fiestas.
Esta es la felicitación Navideña que he recogido del blog de Piruletas. Muchas gracias es muy bonita.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Villancico .El burrito sabanero
Desde que soy maestra, no ha habido una Navidad en la que yo no haya enseñado este villancico a mis alumnos, por eso lo cuelgo aqui para los que quieran aprenderlo. Es muy alegre y a los niños les gusta mucho.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Unos magos diferentes. Para todas las gentes de buena voluntad.
Siempre que llegan estas fechas, mi padre me acompaña en el recuerdo. Con él montábamos siempre el belén. Él nos hizo vivir momentos inolvidables. Se lo dedico con todo mi amor.Espero que os guste mucho. Un abrazo para todos.
-
Unos Magos diferentes.
Se acercaba la Navidad y en casa de Miguelín había mucho alboroto, ¡por fin iban a poner el belén! La mesa de la terraza ya estaba abierta; la habían forrado con papel de embalar para que no se manchase.
-Miguelín, espera un poco no seas impaciente; hay que desenvolver las figuras con cuidado, puedes romper alguna -le decía su madre, que sabía que las prisas no eran buenas.
El niño estaba nervioso, acababan de empezar a prepararlo y ya quería verlo todo terminado; se acordaba del que habían hecho el año anterior y ya se lo imaginaba tal y como lo colocaron: a la izquierda el portal y, dentro de él, el nacimiento. Esas eran las figuras más bonitas de todas, especialmente la Virgen María y San José; el niño también era muy gracioso y la mula y el buey parecían casi de verdad. Encima del portal de corcho, enganchaban el ángel, que por cierto tenía una mano rota. A la derecha estaba el pueblo con una posada, un horno para hacer pan con su fuego y todo, una fuente que echaba agua y una hoguera con luz alrededor de la cual colocaban a los pastores. En el centro, el estanque con muchos patos y un río con un puente y una lavandera. ¡Ah!, también al fondo, situaban sobre una montaña el castillo de Herodes con el rey y los soldados. Rodeando toda la mesa, hacían un camino con serrín por donde iban los Reyes Magos para encontrarse con el niño Jesús. Durante todas las fiestas, Miguelin los iba moviendo un poquito hasta que el día 5 de enero llegaban al portal.
Su madre le había asegurado que, cuando lo tuvieran todo listo, iban a ir a la Plaza Mayor a comprar algunas figuras nuevas, para sustituir a las más estropeadas.
-De este año no pasa, iremos a comprar un ángel como Dios manda, para ponerlo en el portal.
Miguelín seguía desempaquetando las figuras, las casitas, el castillo, el molino y su madre las iba colocando sobre la mesa, sin embargo, sus pequeños dedos eran todavía un poco torpes y, en un descuido, al niño se le escapó una de las manos, que se estrelló contra el suelo.
-Te he dicho que tenías que tener cuidado ¡Mira! el rey Gaspar sin cabeza. Ahora ¿qué vamos a hacer?
La madre estaba muy disgustada. El niño, que la miraba con cara de susto, empezó a llorar amargamente sintiéndose culpable.
-Venga, no te preocupes, tendremos que comprar un rey también.
Al oír los sollozos, su padre entró en el salón.
-¿Qué es lo que pasa? ¿Todos los años hay que formar este jaleo para montar el belén?
-Se me ha roto el rey Gaspar -dijo el niño entre hipos y suspiros.
-Ya le he dicho que no se preocupe, esta tarde iremos a comprar otro y también el ángel.
Al oír eso, el padre puso cara de desacuerdo, esas figuras las tenía él desde que era pequeño y no pensaba deshacerse de ellas de ninguna manera, así que inmediatamente se opuso a esa idea.
-Mirad, si ahora compramos un rey, ya no será como los otros dos; dadme el que se ha roto y esta tarde lo llevaré a un taller de artesanía que hay cerca de mi oficina en donde trabajan muy bien el barro; allí me lo arreglarán.
-El cuerpo del rey está intacto, solo ha sido la cabeza -le explicó Miguelín mientras se lo entregaba.
-Bueno, no ha sido tan grave, seguro que me lo pueden arreglar; dadme a Baltasar para que se fijen en la cara y hagan una parecida.
Ese mismo día, cuando salió de trabajar, el padre llevo al Rey Gaspar al taller para que le hicieran una cabeza nueva; también dejó a Baltasar para que se fijaran un poco en el estilo de las figuras.
-Por favor ¿tardarán mucho en arreglarla? En estas fechas, si faltan dos Reyes Magos en el belén, parecerá que no está terminado y mi hijo nos estará dando la lata sin parar.
-No se preocupe D. Miguel, pasado mañana venga a por ellas, ya estará terminada.
Pasaron dos días y allí se presentó el padre de Miguelín a por su encargo. Las dos figuras ya estaban empaquetadas así que le pagó el arreglo y se marchó tan contento, pensando en que por fin su hijo, como todos los años, podría enseñar el belén a sus amigos.
-Ya estoy en casa -dijo al entrar-, traigo los reyes. Miguelín salió corriendo para cogerlos.
-¡Alto! Yo los desenvolveré y los pondré en el portal, este año con una reparación ya es suficiente. Milagros, ya tengo las figuras –exclamó en voz alta. Sin esperar a que saliera su mujer, los dos se dirigieron al salón para completar el belén.
Quitó los papeles de la primera y salió el rey Baltasar, que se había llevado como modelo y lo colocó sobre el camino; entonces empezó a desempaquetar la segunda.
-¡Otro rey Baltasar! ¿Qué ha pasado aquí? En el taller se han confundido, yo les dije claramente que quería que hiciesen una cara parecida pero de rey Gaspar.
A Miguelín se le estaban poniendo los ojos acuosos, iba a empezar a llorar de un momento a otro.
-¡Mamá!!!!! Se han confundido no tenemos rey Gaspar. Ahora tenemos dos reyes Baltasar
La madre entró en el salón y se quedo tan sorprendida como ellos.
-Ahora sí que tenemos un belén original, un rey blanco y dos negros -dijo con un poco de sorna-, como es viernes, no podremos volverlo a llevar. Habrá que esperar al lunes. Ponlo de todas formas sobre el camino.
El padre quería quitarle importancia al asunto y decía sonriendo:
-Bueno, a ver si no hubo más que un rey negro visitando al niño Jesús, seguro que fueron más; quizá Baltasar se llevó a un amigo.
Miguelín y su madre no estaban de acuerdo con el padre; habían empezado a discutir cuando llamaron a la puerta. Salieron a abrir y se encontraron con que la vecina venía a ver el belén con su hijo Basi.
-Pasad, pasad, el belén ya está terminado aunque este año hemos tenido un pequeño problema… No había terminado de decir la frase cuando Basi el vecino de Miguelín, que además era muy amigo de él, exclamó muy contento:
-Mira mamá, dos reyes negros, aquí sí que me quieren.
Los tres se quedaron cayados ante la reacción del niño, no se esperaban que, algo que a ellos les había parecido un tremendo error, hubiese servido para darle una alegría tan grande al niño adoptado de su vecina.
-¿Has visto Basi como Miguelín y sus papás son muy simpáticos y cariñosos? Le habéis alegrado el día; no os imagináis como le cuesta adaptarse a esta vida nueva.
Estuvieron viendo y comentando todos los detalles del belén y pasado un rato se marcharon. Cuando se quedaron solos, Miguel dijo:
-¿Qué hacemos, lo llevamos a arreglar o lo dejamos así?
Miguelín y su madre se miraron, todavía se acordaban de cómo se le había iluminado la cara al niño del tercero cuando vio que también había figuras negras en el belén; si lo cambiaban se iba a disgustar mucho y ellos no querían que Basi sufriese.
- Bueno-repitió el padre-, ¿lo llevamos a lo dejamos así?
-¿Qué te parece si nos quedamos con los dos reyes negros?
Miguelín estuvo un rato callado y, de repente, como si hubiese descubierto algo importante exclamó:
-Papá, nos lo quedamos. Yo creo que ese ha sido el regalo que el niño Jesús le ha hecho a Basi esta Navidad ¿verdad mamá?
domingo, 27 de noviembre de 2011
Un castillo de arena.Infantil y 1er.ciclo
Dedicado al colegio Álvar Fáñez de Minaya
Guadalajara
En la orillita del mar
Me voy a hacer un castillo
Con el cubo y el rastrillo
Lo tengo que terminar
Rodeado de murallas
Todas pintadas de rayas
Con altas torres y un foso
Me queda majestuoso
Un soldadito valiente
lo defiende alegremente
con flechas de caramelo
y piedras que son buñuelos.
En la puerta un gran dragón
con su garganta de fuego
hace la comida luego
para el rey que es un tragón
Una preciosa princesa
Con la carita de fresa
Asomada a la ventana
Saluda a las aldeanas.
¡Qué castillo tan bonito!
Ni grande ni chiquitito
Todo hecho con arena
Cuando el agua se lo lleve
¡Qué pena!
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