Mensaje de bienvenida

¡Y sin embargo algunas personas dicen que se aburren!¡ Démosles libros!¡Démosles fábulas que los estimulen!¡Démosles cuentos de hadas! Jostein Gaarder

domingo, 30 de octubre de 2011

Ocurrió en Halloween. Infantil y 1er ciclo

Ocurrió en Halloween


Este cuento y el dibujo están hechos por un niño de cinco años llamado Pablo.
Pablo tenía muchas ganas de tener un cuento en mi blog y, hoy, su deseo se ha cumplido.
Enhorabuena Pablito.


Había una vez un castillo que solo aparecía el día de Halloween.
Asustaba a las personas, por eso todas huían del pueblo.
El pueblo se quedaba solo, vacío y entonces las casas se llenaban de monstruos.
Después de Halloween se iban los monstruos, el castillo desaparecía y
la gente volvía al pueblo y era feliz hasta el próximo día de Halloween y
colorín colorado este cuento se ha acabado.

domingo, 23 de octubre de 2011

Renata, una gata atrevida. Educación Infantil


Renata es muy atrevida,
cuando trepa a los tejados
casi se juega la vida.
Se encarama hasta el cielo
pero luego, la muy tonta,
no sabe bajar al suelo.
Cuando se sube al alero
siguiendo a los gorriones
permanece hipnotizada
con su canto bullanguero.
Esta última semana
se ha pasado varios días
sin querer  comer de nada
escuchando sus gorjeos.
Desde abajo la llamamos
pero no quiere escucharnos
debemos tranquilizarnos
y pensar cómo arreglarlo.
Mi madre muy enfadada
ha avisado a  los bomberos,
les dice que no se baja
porque está muerta de miedo.
Subidos por los tejados
corren detrás de Renata
la sujetan con cuidado
y bajan a nuestra gata.
-¡Eres una descarada!
grita mi madre enojada.
-Mamá, mira que es un hada
insisto cuando la cojo.
-Esta niña no escarmienta
 si se  te vuelve a escapar
la tendré que regalar.
-¡Qué susto que nos has dado!
Le susurro en el oído.
-Ay, Renata por tu culpa
hoy mi madre me ha reñido.
Si te vuelves a escapar
Te tendré que castigar.

jueves, 13 de octubre de 2011

Guille y Pablo; Pablo ya llega al lavabo. Infantil, 1er. y 2º ciclo.

Todos los días, cuando Pablo va  a lavarse la cara o las manos, necesita que su mamá le aúpe porque todavía es pequeño, él solito no llega; se pone de puntillas y se asoma a ese plato gigante que tiene encima de la cabeza, lo mira con resignación e intenta abrir el grifo, pero nada, es imposible, no llega. -Mamá, ayúdame, no puedo lavarme.
Su madre viene rápido, lo toma en brazos, cierre la tapa del retrete  y lo sube allí porque desde esa altura, lo tiene más fácil: así, sí que puede lavarse cómodamente.
Su abuela, que ha visto el trabajo que le cuesta a su nieto hacer eso todos los días, le dice:

-Pablo, voy a comprar un taburete, lo voy a colocar debajo del lavabo y cuando tengas que abrir el grifo, no tienes más que subirte en él. Ya verás cómo así vas a poder hacerlo tú solito.
-Abuela, ¿Qué es un tamburete? Pregunta curioso.

-­Taburete, Pablo- le rectifica.
Desde que le trajeron el taburete, él ya no necesita llamar a su mamá. Cuando tiene que lavarse o coger agua, lo saca de debajo del lavabo, se sube a él con mucho cuidado y llega perfectamente al grifo. Un día se llevó un buen susto porque al abrirlo, salió mucha agua de golpe y lo mojó entero.  Al pequeño  le gusta mucho jugar  mientras se lava, hace mucha espuma porque se pone mucho jabón y se le pasan las horas  muertas debajo del grifo.

-Ciérralo, que hay que cuidar mucho el agua - le dice Guille.

Pero para Pablo , el lavabo es el mar. A veces, piensa que es el capitán pirata Pata de  Calamar que tiene un barco muy grande en donde lleva prisionero a un marinero, y vence a  todos los barquitos de plástico que le han regalado para su cumpleaños; entonces, allí, tienen lugar grandes batallas. Otras veces, coge los animales de  su hermano y también juega con ellos: un cachalote, una orca y un delfín. Se imagina montado en este último, recorriendo los mares, detrás de una ballena muy juguetona que se esconde entre los arrecifes. Se pone empapado y mancha todo el suelo. Luego se seca las manos y coloca la toalla en el toallero, pero como la pone mal, siempre acaba en el suelo. Guille  le mira y se sonríe porque le hacen mucha gracia  sus ocurrencias.

-¡No sé qué voy a hacer contigo, siempre te estás mojando! –le dice su madre  enfadada bajándole del taburete-.Lo voy a esconder y, de este modo, no podrás jugar más con el agua.

Su madre ha guardado el banquillo y, así, el niño no puede subirse para jugar él solo. Pablo está un poco triste, echa de menos las batallas marítimas.
Un día al venir del colegio, su mamá le dice:

-Pablo, si quieres merendar, corre y lávate las manos.

Como tiene mucha hambre, no se ha dado cuenta  de que no ha necesitado el taburete; ha llegado al lavabo y ha podido abrir el grifo perfectamente sin ninguna ayuda, bueno se ha puesto un poquito de puntillas. El niño ha salido corriendo muy contento:

-¡Mamá, abuela, ya llego al lavabo!. He crecido mucho y, por eso, no he tenido que subirme  al tamburete, además hago pipí de pie, como mi hermano y ya no mancho la tabla del váter.

Las dos lo miran muy satisfechas y su mamá le dice:

-Ves Pablo, como bebes mucha leche y comes mucha fruta, te estás haciendo muy mayor.

Pablo se la queda mirando en silencio y se ríe. Ahora podrá volver a jugar con los barquitos como hacía antes, ya no necesita subirse a ningún lado; coge el bocadillo que le  han preparado y se lo come de un tirón; todavía tiene que crecer más si quiere llegar él solo a la estantería de los cuentos, como su hermano Guillermo.


martes, 11 de octubre de 2011

Tango, el perro pastor; 1er. capítulo

Aquí podéis leer el primer capítulo de Tango, el perro pastor. Estoy segura que si lo hacéis, no os conformaréis con estas páginas sino que querréis llegar al final. Espero que os guste.
       1
      La familia
      aumenta

Era media noche; las montañas del valle del Roncal estaban bañadas por la luz de una inmensa luna. El cielo tenía tantas estrellas que era difícil dejar de mirarlas. Los gigantes de piedra que formaban las foces por donde se deslizaban las aguas del río Esca se levantaban amenazadores.
Asombrado ante tanta belleza, pensaba que ningún otro sitio era tan bonito como su pueblo. Adrián vivía cerca de Burgui, un pequeño rincón situado a la entrada del valle del Roncal. Esa noche, el agua se oía bajar con fuerza y a él siempre le había gustado escuchar su sonido. Había salido a refrescarse después de la gran actividad vivida en su casa hacía unos momentos; sin  embargo, el frío del mes de diciembre le hizo desistir del paseo que tenía previsto y rápidamente volvió a entrar.
Don Jacobo, el veterinario, estaba de pie al lado de la cuadra lavándose las manos en una palangana que Carmen le había llevado para que se asease. Estaba bastante cansado después de ayudar a Duna en la tarea de traer al mundo a una camada de ocho cachorros. Whisky, el padre de los perritos, había estado observando muy nervioso todas las idas y venidas del veterinario.
Adrián se arrodilló cerca de su perra con cara de admiración. ¡Cómo era posible que hubiera llevado ocho cachorros en la barriga y encima acompañar a su padre a cuidar el rebaño! Duna era una perra fantástica.
Cuando entró de nuevo, Patxi, el padre de Adrián, estaba hablando con el veterinario:
—Don Jacobo, yo valoro mucho su trabajo y no voy a regatearle ni un euro, pero sabe bien que, si no fuera porque estos perros son muy necesarios para cuidar nuestras ovejas, no me gastaría ni un céntimo en ellos. Necesitamos todo el dinero para poder sobrevivir. Los pastores no salimos de pobres. Usted, mejor que nadie, conoce nuestro problema.
—¡Ande, Patxi, no sea pesimista! Ya verá cómo este año todo irá mejor. Las predicciones del tiempo dicen que lloverá bastante y, si los pastos son buenos, tendrá mejores ovejas y aumentará su rebaño.
—¡Dios le oiga, don Jacobo! Si todo fuera como usted dice… Pero ahora ya no nos compran ni la lana ni la piel de las ovejas. Desde que aparecieron los tejidos sintéticos y el plástico, tengo que pagar para que me ayuden a esquilar el rebaño y encima pierdo dinero. Como esto siga así, voy a tener que dejar el ganado e irme a la ciudad a buscar trabajo.
La cara de Patxi mostraba una gran pena, pues, para él, dejar el valle del Roncal hubiera sido su muerte. No conocía otra tierra y la llevaba en la sangre. En las noches de invierno, siempre que podía, le contaba a su hijo historias de cuando era pequeño. Le hablaba de su abuelo, el padre de Patxi, que había sido almadiero y siempre le oyó decir que ni él ni su abuela querían para sus hijos un trabajo tan peligroso… Esa fue una de las causas por las que no siguió sus pasos; la otra, la más importante, fue la construcción de la presa de Yesa, que cambió parte del curso de los ríos en el Pirineo navarro y, por consiguiente, acabó con la industria de la almadía. Así que, aunque pensaba que los almadieros tenían una ocupación más excitante que la suya, siendo casi un niño, catorce años, Patxi ya subía con el rebaño y se quedaba en las cabañas como si fuera un hombre.
Cuando su padre hablaba de marcharse de allí, Adrián le escuchaba con preocupación. Siempre que sacaba ese tema, el chico se ponía triste; no se imaginaba el día a día sin él y, aunque tenía mucho genio, la vida sin su compañía se le haría cuesta arriba.
Él le acompañaba a los puertos, como se dice en Burgui cuando suben a los prados de Belagua en la montaña con las  ovejas, siempre que podía con sus dos perros pastores. Estos bellos y dóciles animales eran Duna y Whisky, que guiaban el rebaño con una inteligencia y maestría superior a la de las personas. Por eso, para Adrián, el día de hoy había sido un gran acontecimiento. Casi como si hubiera aumentado su propia familia. ¡Los quería tanto!
Antes de irse, don Jacobo dejó el nombre de unas inyecciones de calcio para Duna:
—Ocho cachorros tiran mucho y la madre puede enfermar dijo el veterinario.
—¡Menos mal que tengo apalabrados siete perros y su venta me dará un poco de dinero para pagar los gastos!
Adrián escuchó a su padre y le preguntó:
—Padre, ¿me podré quedar con uno, verdad?
—Ya veremos. Si me sale otro compromiso, los vendo todos. No están los tiempos para desaprovechar ni un euro.
—Pero, papá, tu amigo Pedro Jesús  tiene tres perros y nosotros solo tenemos a Duna y a Whisky.
—Pedro Jesús tiene más ovejas qué nosotros y puede permitirse todos los perros que quiera.
Adrián se fue a su cuarto con los ojos llenos de lágrimas. ¡Eran tan bonitos! Y además sabía que a Duna le sería más fácil la separación de sus cachorros si le dejaban al menos uno.
La mamá de Adrián, Carmen, se dio cuenta de la desilusión de su hijo. Se despidió de don Jacobo, que continuaba hablando con Patxi, y le siguió a su cuarto.
Adrián se había echado en su cama mirando a la pared, pero, por los suspiros que daba, su madre adivinó que estaba llorando. Se sentó a su lado y, pasándole la mano por la cabeza, empezó a acariciarlo suavemente:
—Adrián, hijo, no te preocupes todavía. Tu padre no te ha dicho que sea seguro que los vaya a vender todos. Por lo menos van a estar con Duna dos meses más o menos. No pienses en que se van a ir y disfruta de ellos durante ese tiempo.
—Mamá, por favor, convéncele para que me deje quedarme uno. Yo le prometo que lo entrenaré para que gane los concursos de recogida de ganado y así no será una carga para la casa.
Carmen le besó en la frente y le prometió que hablaría con él.
Pasaron dos o tres semanas y los cachorros ya andaban alrededor de su madre y jugaban entre ellos. Una tarde, Adrián recibió una visita que le llenó de alegría. Era Luis, el hijo de los vecinos de la casa de al lado.
Se llevó una gran sorpresa, hacía tiempo que no le veía.
Luis vivía en Pamplona y solo venía al valle en vacaciones o algunos fines de semana. No era normal que, quedando pocos días para la Navidad, hubieran adelantado su viaje. Por allí no había muchos chicos con los que distraerse; por eso, cada vez que los vecinos llegaban era como una fiesta.
—¡Qué alegría, Luis, qué suerte que estés aquí; tengo muchas cosas que contarte!
—¿Han nacido ya los cachorros? Hemos venido principalmente para conocerlos.
Los dos eran de la misma edad, pero Luis iba un curso por delante, ya que Adrián perdía bastantes clases cuando tenía que ayudar a su padre con el rebaño. Eso le retrasaba en sus estudios. Los chicos del valle iban todos a un instituto en Roncal, pero el número de alumnos era pequeño, por eso Adrián tenía pocos amigos.
La profesora ya había hablado varias veces con Patxi para hacerle razonar sobre este asunto:
—Mire, si su hijo falta tanto, no va a poder elegir otro trabajo cuando sea mayor que el de pastor. Es lo único que va a saber hacer. Es una pena que un chico tan listo y con tanta sensibilidad no tenga las mismas oportunidades que el resto de sus compañeros.
Patxi reconocía que la profesora tenía razón y durante unos días el chico iba a clase con regularidad, pero, poco a poco, el trabajo con el ganado le iba agobiando y un buen día le decía:
—Adrián, mañana me tienes que ayudar sin falta; hay varias ovejas a punto de parir; mientras yo las atiendo, tú tienes que encargarte del resto del ganado.
Así empezaba otra vez a saltarse las clases, con el consiguiente disgusto de todos, menos de Patxi, que se sentía aliviado con la ayuda de su hijo. El único entretenimiento que tenía Adrián era hacer figuras talladas en madera. ¡Cualquier tronco que estuviera en su mano se podía transformar en lo que él quisiera!
Adrián cogió del brazo a Luis y le señaló el camino con mucha delicadeza, sabía la dificultad que tenía para ver bien. Luis padecía una enfermedad en la vista llamada retinosis pigmentaria que le producía falta de visión, lo que le restaba bastante movilidad; aunque no era normal que la padeciesen las personas tan jóvenes, a él se la diagnosticaron siendo bastante pequeño.
—Ven conmigo, te los voy a enseñar. Los tenemos guardados en la cuadra porque allí están más calentitos; tienes suerte, porque todavía no los hemos vendido.
Luis, más que verlos, los acariciaba y los tocaba con muchísima ternura.
—¡Qué suaves y juguetones! Son preciosos. Si mis padres me dejaran quedarme con uno…
—Es imposible, Luis. Si nos lo hubieses dicho antes, te podríamos haber reservado uno, pero ahora ya los tenemos todos apalabrados.
Al chico se le hizo un nudo en la garganta y a Adrián también, porque le quería mucho y sabía que un perro le haría mucha compañía. Aunque él vivía en la ciudad, allí tampoco tenía muchos amigos. Aquí en el monte era diferente, pues solo al cruzar la verja ya estaba Adrián esperándole para estar con él.
Adrián se acordó enseguida de los consejos que le dio su madre la noche del parto de Duna y le dijo:
—Luis, no te preocupes. Disfruta de ellos ahora que estás aquí. Además, Duna tendrá otra vez cachorros antes de que nos demos cuenta y, entonces, te prometo que te guardaré uno.
Así quedó todo. Estuvieron jugando con los perritos y, ya llegada la noche, Adrián
acompañó a Luis a su casa. Mientras, Amalia, la madre de Luis, había llamado a los padres de Adrián para pedirles permiso para que se quedase a cenar y a dormir con su hijo. Cuando terminaron de cenar subieron a la habitación y Luis enseñó a Adrián algunos de sus libros escritos en Braille.
Era la primera vez que él veía unos libros con las páginas llenas de puntitos en relieve, en lugar de con letras e ilustraciones; estaba muy sorprendido. Luis le explicó que estaban escritos especialmente para ciegos:
—El señor que inventó este sistema se llamaba Braille y, gracias a él, yo puedo leer todo lo que quiero, lo mismo que tú.
—Hombre, yo ya había oído hablar de un método para ciegos, pero, chico, ver los libros de esta forma me ha dejado de piedra. ¡Vaya tío listo ese Braille!
Luis se echó a reír; le dio a Adrián un libro de aventuras y estuvieron leyendo hasta bien entrada la noche.
—¡Cómo me gusta que tu madre me haya invitado! Así, mañana no me tendré
que levantar temprano para ayudar a mi padre con el rebaño. Buenas noches, Luis.
—Buenas noches.
Adrián soñó que vivía en una casa preciosa. Tenía todo lo que quería y no necesitaba vender sus perros para sacar dinero. Luis soñó que estaba en el prado con un montón de cachorros que se le subían encima y no paraban de lamerle la cara y jugar con él.
Al día siguiente, se levantaron pronto y salieron a jugar con Duna y los perros. Whisky estaba con Patxi en los corrales con el rebaño. Había muchas ovejas recién paridas y necesitaban muchos cuidados. Sin embargo, Adrián estuvo todo el tiempo con su amigo.
Así pasó el fin de semana y todo volvió a la normalidad: los vecinos regresaron con pena a Pamplona y Adrián volvió al instituto, aunque de vez en cuando interrumpía sus estudios para ayudar a su padre con el rebaño

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El verano en Alicante. Feria de artesanía en la Explanada:Talleres para la confección de adornos hechos con azúcar y para la elaboración del jabón casero.

La Asociación de Artesanos de Alicante (A.P.E.A.) en colaboración con la Cámara de Comercio, organiza la Feria de Artesanía durante el verano en la Explanda; también prepara talleres para los niños en dónde pueden participar y aprender a hacer muchas manualidades.Yo tuve la suerte de ver un taller realizado por Raúl Asensio, Presidente del la Asociación de pasteleros de Alicante y otro para la fabricación de jabón, realizado por Mª José Alcocer Abellán, aunque sé que se hicieron algunos más.
El primero, fabricó con azucar broches, pendientes, collares y pulseras. Los niños disfrutaron por triplicado, primero haciendolos, luego luciendolos y después comiéndoselos porque estaban buenísimos.
                                                 Raúl trabajando con el azúcar.

                                          Insertando bolas de azúcar que imitan el ámbar.


                                         Collar terminado; está precioso y además muy rico.


                                                             Otros dulces adornos


Aquí vemos a Raúl y a una seguidora del taller montando otro collar, delante de la foto hay numerosos adornos todos hechos con azúcar; los niños se divirtieron muchísimo con él.

Otra tarde, cuando paseabamos por la Explanada me encontré con otro taller en el que estaban elaborando jabón. Siempre me ha atraido este trabajo pues el olor que despide el jabón casero, me recuerda a mi madre, que aprovechaba el aceite frito para elaborar unas maravillosas pastillas de jabón que lavaban mucho mejor que cualquiera de los detergentes que anuncian hoy por televisión.
La profesora artesana del taller, Mª José Alcocer me envió amablemente la receta por si alguno de vosotros quiere hacer jabón como lo hacían las  abuelas. ¡Mucho cuidado! Siempre hay que hacerlo con una persona mayor  porque es muy peligroso.

                                           Elaboración de jabón para lavar la ropa 

Esta es la manera que me ha enseñado mi madre para hacer jabón, ella lo aprendió de sus mayores en Jumilla, el pueblo donde nació.

Una vez nos hemos protegido adecuadamente, puesto mascarilla, guantes y gafas protectoras (ya que lo que vamos a hacer puede producir quemaduras y emite vapores tóxicos), empezamos a hacer el jabón.
Se disuelve la sosa caustica en agua y se mezcla con el aceite (que suele ser el que se ha utilizado para cocinar) y la colofonia (resina de pino), con una caña o palo largo se remueve bien todo y se deja reposar hasta el día siguiente, que será cuando lo pongamos en el fuego a calentar. Cuando empiece a hervir movemos la mezcla sin parar hasta que se han disuelto todos los componentes (una hora u hora y media). A continuación con mucho cuidado, porque quema, sacamos la pasta que se ha formado y la ponemos en los moldes para dejarla enfriar. Cuando está fría y un poco dura, con guantes (ya que aun no es jabón y puede irritar las manos) cortamos el bloque en trozos y lo ponemos en cajas con telas durante un mes, ya que es el tiempo que hace falta para que el jabón se haga y se pueda utilizar.


Hay que protegerse muy bien para hacer la pasta del jabón.

                                                Moldes para echar la pasta de jabón

                                            Cuando es jabón se solidifica, se corta en trozos.

                                           Cuando hemos terminado, las pastillas parecen trozos de cristal


Fijaos bien,estos son los utensilios que se utilizaban antiguamente para lavar: un barreño de zinc, la tabla para restregar la ropa, mucho jabón y las manos de las madres, fuertes para trabajar y suaves y tiernas para acariciar.

Con este taller sobre la fabricación del jabón, van a terminar mis trabajos sobre el verano en Alicante, espero que os haya gustado.El mes próximo volveré a contaros cuentos para que soñéis un poquito con ellos.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El verano en Alicante. Visita al Castillo.

El castillo de Alicante está sobre el monte Benacantil.Se llama de Santa Bárbara porque fue precisamente en el día de la festividad de esa santa cuando el infante D.Alfonso de Castilla, futuro rey Alfonso X el Sabio, se lo quitó a los árabes. Ha tenido muchas remodelaciónes desde que cayó en manos de los reyes cristianos. Este año han organizado en él muchas actividades para que los niños y también los adultos que los acompañen, disfruten mientras lo visitan. Aquí tenéis algunas fotografías para que os hagáis una idea de lo bonito que es.        Podéis llegar por carretera o
subir en ascensor. Para llegar a él, tenéis que recorrer un largo pasillo que atraviesa la montaña y que os llevará hasta dónde se encuentra un moderno ascensor que os elevará hasta el castillo en unos segundos. Lo primero que encontraréis son unos gigantes y cabezudos y también algunos mapas antiguos del castillo.
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Depués, al salir al patio del mismo, os encontrareis con una gran cantidad de puestos en dónde venden artesanía; parece que hemos llegado a la Edad Media

Francamente, la vista desde aquí es preciosa ¿a qué sí?.
También, antes, los niños se montaban en los caballitos, solo que no eran tan rápidos como ahora.

Después de comprar almendras garrapiñadas y algunos recuerdos, nos asomamos para ver las preciosas vistas que se divisan desde allí
Ya está anocheciendo y es hora de volver a casa, pero antes,

no podemos resistir la tentación de hacer una fotografía al escudo de Alicante, hecho con flores. Espero que os haya gustado la visita. Nos quedan algunas cosas más que contar, pero eso lo haré otro día.

domingo, 11 de septiembre de 2011

El verano en Alicante. Seguimos paseando por La Explanada

Si tenéis tiempo para pasear os podéis encontrar muchas sorpresas como estas:

Aquí tenéis a Manos Tijeras; si os descuidáis os dejará sin un solo pelo sobre vuestra cabeza.

También hay vaqueros de purpurina












Pero...¿a que o habéis visto nunca un retrete parlante? aquí lo tenéis.




Seguro que os ha extrañado la palabra Retrete; pues bien, es la palabra española equivalente a la inglesa Water.











Podéis encontraros con un ser mágico del bosque; este, se escondía entre las palmeras y les daba unos sustos de muerte a los niños.




Tambien, si queréis podéis haceros una fotografia imitando a las fotos antiguas


O probar a tocar instrumentos de paises lejanos como la China; yo lo intenté y os aseguro que no es nada fácil.


Por último, si queréis ver un espectáculo completo, os aconsejo que os sentéis en la Concha de La Explanada y disfrutaréis de conciertos, bailes y otra atracciones que os harán vuestras vacaciones muy divertidas.


El próximo día os hablaré de los Talleres de artesanía y del Castillo que es muy bonito.Hasta pronto.

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