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miércoles, 18 de mayo de 2011
Dibujos inspirados en el cuento Puitas y sus amigos se mudan, realizados por los niños del CEIP La Cañadica de Mazarrón.
sábado, 14 de mayo de 2011
Carta de los niños del CEIP Los Tarahales para los niños de Lorca.
12 de mayo de 2011
Carta a los niños de Lorca.
Queridos niños:
Somos los alumnos de 4º curso del CEIP Los Tarahales de Las
Palmas de Gran Canaria. Hemos visto en la televisión y
comentado en clase lo ocurrido allì, por el gran terremoto.
Si alguien de vuestras familias ha fallecido, les damos el pèsame.
Si alguno ha resultado herido, deseamos que se cure muy, muy
pronto. Tened fuerzas y sed valientes, porque hay que seguir
luchando siempre, todo no se ha acabado. Contad con nuestro
cariño, apoyo y solidaridad.
Les invitamos a conocer nuestra isla, vengan, que se lo pasaràn
muy bien.
¡ Animo ! Ya pasò. Rezamos por todos ustedes cada dìa,
esperando que pronto vuelva a la normalidad. Reciban un abrazo
muy fuerte de los niños de todo el centro.
P. D. “Mucha suerte y adiós”
Su profesora, Loreto Jiménez García, me la envía con mucho cariño con la esperanza de que la puedan leer muchos niños de Lorca.
domingo, 1 de mayo de 2011
Guille y Pablo: Nace mi hermanito. Infantil y 1er.ciclo
Guille se ha despertado y ha llamado a su mamá:
-¡Mamá, mamá, he soñado que tenía un hermanito que se llamaba Pablo! ¡Yo quiero tener un hermano!
-Muchos amigos de mi colegio tienen hermanos, yo también quiero tener uno.
-No te preocupes cariño, seguro que algún día lo tendrás -le responde sorprendida.
Pasa el tiempo y, un día, su mamá, muy contenta, le dice:
-Guille, vamos a tener un bebé, aunque no sabemos si será niño,
a lo mejor es una niña.
–No mamá, va a ser un niño y se va a llamar Pablo -replica-. Quiero que sea un chico para jugar al futbol.
-No te preocupes Guille, las niñas también juegan al futbol.
Algunas veces, cuando su mamá se acuesta porque está muy cansada, Guille pone su cabeza encima de ella y le habla flojito:
-Oye, soy tu hermano Guille. ¡Tengo muchas ganas de que salgas de ahí para conocerte! tienes que estar muy aburrido tan solo.
-No digas eso, Guille. El bebé está creciendo aquí dentro y se está haciendo fuertote. Cuando nazca, tendrás tiempo de conocerle y de jugar con él o con ella.
Pasan los días y la barriga de su mamá crece y crece. Se nota que el bebé está cada vez más grande.
Desde que va a aumentar la familia, Guille ve más movimiento en su casa ¡Qué suerte! Le han comprado un dormitorio nuevo y el suyo será para su hermanito. Sus muebles se le han quedado pequeños.
-Hoy, al despertarse, observa mucho jaleo; sus padres están poniendo en una maleta la ropa del pequeñín.
-¿Mamá, es que nos vamos de viaje? - pregunta.
-No, nos vamos a ningún sitio, creo que el bebé ya va a nacer-responde mientras le acaricia la cabeza con la mano.
Guille se pone muy contento, él también quiere ir con sus padres al hospital para conocer a su hermano, pero ve que sus abuelos vienen para llevárselo. ¡No quiere irse con ellos!
-¡Quiero ver a Pablo! –grita pataleando en el suelo, llorando a moco tendido.
-Mira Guille -le explica su abuela-, primero van tus papás para hablar con el médico; cuando les den una habitación para estar allí, vamos nosotros.
-No llores cariño –le suplica su mamá-, cuando vengas al hospital, tu hermanito ya habrá nacido.
En casa de los abuelos suena el teléfono:
-¡Ha sido niño un niño! -exclama su tía muy contenta-. Por fin vas a poder jugar al futbol con tu hermanito, y se va a llamar Pablo como tú querías.
Guille está muy nervioso; va a conocer a su hermano y ya no se separará más de él. Nada más entrar en la habitación, ve a su mamá acostada en la cama.
-Ven Guille, mira, tu hermanito quiere conocerte -le dice.
Guille se sube a la cama con ella y, entre los dos, sujetan en brazos a Pablo. Entonces, su abuelo les saca una foto a los tres. El niño está muy colorado y le parece muy feo, aunque los demás dicen que es muy guapo y que está muy gordito.
-Está está casi criado –comentan los abuelos.
-¡Si es pequeñísimo y seguro que no sabe comer solo! “Muchas veces no entiendo a los mayores” -piensa.
-Vamos Guille, es hora de irse a casa –dice su abuela cogiéndole de la mano
Él les mira con cara de sorpresa, no quiere marcharse. ¡Pobre Guille!
Todavía no tiene cuatro años y no entiende que se tiene que ir y que su mamá, su papá y Pablo se van a quedar en ese sitio tan feo, por lo menos un día más. Llora desconsoladamente mirando a sus padres y al pequeño. No tiene consuelo.
Su tía Paloma le coge en brazos y le pregunta al oído:
-¿Quién se va a comer conmigo un helado?
-¡¡¡Yo!!! –contesta muy contento.
Parece que eso ha surtido efecto: les da un beso a todos y se despide hasta el día siguiente.
Mientras se comen el helado, pregunta:
-Oye tía, ¿por qué Pablo se chupa tanto los puños?, ¿por qué no abre los ojos?, ¿por qué llora tanto?, ¿me habrá conocido?, ¿sabrá que soy su hermano mayor?
Su tía no tiene tiempo de contestar a tantas preguntas. Cuando está respondiendo a una, ya tiene tres o cuatro más, en cola, esperando contestación. Guille está muy contento y ha comprendido que Pablo debe estar en el hospital con sus padres un día más.
Esa noche, Guille ya no sueña con el pato Paco, sueña con un jardín muy grande en donde dos niños juegan al balón, esos niños se llaman Guille y Pablo. ¡Está muy feliz!
El gallito Escarlati 2º y 3er ciclo


Nuestra historia sucedió en un pequeño pueblo en donde no se conocían las prisas ni la contaminación de las grandes ciudades. Nada enturbiaba la paz de sus vecinos. Todas sus casitas eran blancas y limpias y en todas ellas había además de un palomar, un corral y un gallinero que se comunicaba con un pequeño huerto. Era en este lugar, en donde los niños de la casa y también los animales que vivían por allí sueltos, pasaban sus mejores ratos. Los primeros, jugando sin parar con los amigos que venían a verlos de vez en cuando y, los segundos o sea, las gallinas, los pollitos y los patos picoteando durante todo el día, buscando algo de comida que llevarse al pico.
Los chavales, unas veces subían a ver las palomas y, otras veces, visitaban el gallinero observando a las gallinas; luego contaban los huevos que habían puesto y también comprobaban si habían nacido algunos pollitos. Un día, jugando en el pequeño huerto, de entre todos las aves que estaban por allí picoteando entre las hierbecillas, una les llamó la atención; pasó andando por su lado como si fuera de puntillas, con el cuello muy estirado, tanto, que hubiesen pensado que miraba a los demás por encima del hombro. Más que andar parecía que quisiera arrancar el vuelo en cualquier momento. No tuvieron más remedio que reírse. Uno de los niños miró al pollito y dijo con sorna:
-¡Qué bicho más raro! parece que anda sin pisar el suelo y por la forma de su cuello, se diría que parece una avestruz. Todos se rieron de la ocurrencia de Quique:
–Un gallo avestruz ¡que original! Lo volvieron a mirar extrañados y fueron corriendo muy divertidos a contárselo a su madre.
Los patos y los otros animales del corral comentaron entre sí:
-Veis, hasta los niños se han dado cuenta, ese pollito es muy orgulloso y presumido. Nunca agacha la cabeza y parece que nos mira a todos como si los demás fuéramos tontos.
Agustina, la mamá gallina, oyó el comentario y pensó con tristeza que ya era hora de hablar con su hijo, el gallito del cuello estirado. Así que, como las cosas importantes no se deben de dejar para el día siguiente, se dirigió a Escarlati II que así se llamaba y le dijo:
-Vamos a ver Escarlati II, llevas unos días muy raro, sé que te ocurre algo y no me lo quieres decir. Te veo siempre triste, preocupado y andando de una forma muy extraña. Ya te estás haciendo mayorcito y nuestros vecinos se empiezan a reír de ti. Confía en tu madre y cuéntale lo que te inquieta.
Escarlati II la miró y se le llenaron los ojos de lágrimas:
-Mira mamá, no quiero que te apene lo que te voy a decir pero los días veo pasar por encima de nuestras cabezas a muchas aves que volando van de un sitio a otro, libres y divertidas: las cigüeñas de la torre, las palomas de nuestra casa, los jilgueros ¡Quiero volar como otros pájaros! … ¿Por qué no puedo hacerlo? Siempre picoteando en el suelo y buscando gusanos ¡qué asco! ¡ No me gusta ser un pollo, hasta la palabra pollo, me pone la carne de gallina, y perdona por la comparación. ¡No hay cosa más tonta y aburrida que ser ave de corral!
-Mira hijo -le dijo Agustina la gallina muy disgustada-, por mucho que andes de puntillas para parecer más alto y estires el cuello para tenerlo más largo, no te vas a parecer nunca a las cigüeñas de la iglesia ni vas a volar tan alto como ellas. Pero si tienes paciencia, comprenderás cuando seas mayor, que los gallos tienen un oficio muy importante y que la vida de todo el pueblo depende de ellos.
El pollito miró a su madre con los ojos muy abiertos y le dijo:
-Pues yo he visto un gallo encima de la torre, así que, él sí que ha podido volar más alto que nosotros.
-¿Un gallo encima de la torre? -dijo extrañada Agustina-. A ver, enséñamelo.
Escarlati y su madre se fueron andando hacia una parte del corral, desde donde se veía bien dicha torre y, efectivamente, allí estaba el gallo encima del campanario de la iglesia.
Se movía girándose sobre sí mismo, según soplaba el viento. Agustina se echó a reír:
-Hijo, eso no es un gallo, es una veleta. No es un animal de verdad sino de hierro y está ahí encima para indicar la dirección del viento.
Escarlati se puso colorado, pero no se le notó porque ya se le estaban poniendo las plumas de la cabeza naranjas y rojas como las de su padre, así que, la vergüenza que sintió por el error cometido pasó desapercibida.
-Ten paciencia cariño, que dentro de poco te llegará tu momento- le repitió Agustina.
-¿Falta mucho para ese día mamá?
-Confía en mí que yo te avisaré, cuando crea que estás preparado para la misión que tienen reservada los gallos del corral - le contestó.
El pollito se marchó más tranquilo meditando sobre todo lo que le que le había dicho su madre.
Esta le vio alejarse y dijo para sí:
-Tengo que hablar con su padre. Ya es hora de que le enseñe a Escarlati II, que la vida de un gallo no es tan aburrida como cree. Además, está creciendo muy rápido y no me parece bien que todos los animales se rían de él porque crean que es un estirado.
El padre de Escarlati II, Escarlati I, era un gallo de armas tomar. Todas las gallinas del vecindario estaban enamoradas de él, tenía una planta majestuosa; se paseaba por el corral despacio, moviendo la cabeza para todos lados, luciendo su precioso plumaje. Las plumas de la cabeza pasaban desde los tonos amarrillos hasta los rojos más vivos y los bordes de las alas eran de color naranja. El resto del cuerpo era gris oscuro y la cola de color negro azabache, alternando con algunas pinceladas blancas. También, si te fijabas con atención, podías ver que alguna pluma azul marino salpicaba su cuerpo para hacerlo más bello todavía.
Cuando Agustina llegó delante de él, suspiró orgullosa viendo lo guapo que estaba su marido y pensó, que pronto su hijo se convertiría en un gallo tan espectacular como su padre.
-¡Escarlati, tengo que hablar urgentemente contigo!, le dijo.- Vamos a un sitio en donde podamos estar más tranquilos. Se fueron debajo de unos árboles, lejos de las miradas indiscretas de algunos vecinos y Agustina, le puso al corriente del problema que tenía su hijo. Los dos decidieron que cuando terminara el invierno y entrara la primavera, sería el momento del relevo, el padre descansaría para dejar a Escarlati II la responsabilidad de ser el gallo del gallinero.
Llegó el tiempo fijado, los árboles, las plantas del huerto, los animales y, todo lo que rodeaba la casa, había experimentado un gran cambio. Se notaba que la vida bullía por todos lados: era la primavera.
Una noche Escarlati I habló con su hijo:
-El momento ha llegado. Mañana de madrugada tendrás que estar a punto. Veremos si sabes ganarte el nombre de” El gallo del gallinero”.
Esa noche nuestro joven no pudo dormir. Cuando llegó su padre a por él, ya estaba listo:
-Acompáñame - le dijo.
Escarlati II ya no era el gallito tímido y raro de antes, pues durante el resto del invierno se había convertido en un digno sucesor de su padre. Le siguió lo más rápido que pudo, pero su progenitor iba tan ligero, que estuvo a punto de caerse varias veces. ¡Estaba muy nervioso!...
Por fin, después de unos cuantos tropezones, llegaron a lo más alto del tejado. Cuando hubieron descansado un poco, el padre se volvió hacia él y le dijo solemnemente:
-Escucha hijo, dentro de unos segundos vas a ser testigo de un gran milagro que todos los días sucede en la naturaleza, el paso de la oscuridad a la luz, de la noche al día.
-Observa bien y déjate llevar. Transcurrieron unos minutos que a Escarlati II le parecieron horas. Miró a lo lejos. El cielo estaba maravilloso cuajado de estrellas. De vez en cuando, se oía el ladrido lejano de un perro vagabundo. De repente, un magnífico espectáculo apareció delante de sus ojos, un punto brillante con un halo rojo surgió en el horizonte, el cielo empezó a aclararse muy despacio y comenzó a ver mejor. Las estrellas fueron apagándose poco a poco y las nubes que había en el cielo se vistieron con colores grises, rosas y rojos. La belleza del momento le lleno tanto de emoción que, sin saber por qué, hinchó su pequeño pecho y la alegría que sentía le hizo cantar su primer “KIKIRIKÏ.”
Le gustó la sensación y lo volvió a repetir: KIKIRIKÏ., KIKIRIKÏ...
Cantó una y otra vez hasta el agotamiento. Lo que vino un poco después le gustó aún más: observó desde el tejado, como el pueblo se despertó al oír su canto y gracias a él, empezó a cobrar vida. Las luces comenzaron a apagarse y desde donde estaba subido pudo ver lo que sucedía: el panadero abrió la panadería; los amos se desperezaron en la cama; los niños subieron las persianas y se asomaron a las ventanas para comprobar el tiempo que hacía; el Sr. cura tocó las campanas para anunciar la misa de siete; el Sr. Paco, dueño del Kiosco, recogió como todas las mañanas los paquetes de periódicos que el repartidor había dejado en la puerta y los colocó en los expositores de hierro junto con las revistas; entonces empezó a vocear el diario del día: -¡El Ideal, compren el periódico con las noticias más frescas!….
Todos los animales del corral salieron fuera y miraron hacia el tejado asombrados. Ellos sí reconocieron, que el canto que les había despertado ese día, no era el de siempre. Era el de un gallo más joven e ilusionado:
- ¿Habéis escuchado? Creo que es Escarlati hijo-decían los patos a las gallinas.
-Tiene un canto aún más bonito y potente que el de su padre -añadía un gatito desperezándose.
-Ahora sí que ya no se va a poder dormir más en este corral- replicó un viejo perro que destacaba por su pereza-.¡Si esto se vuelve a repetir me voy de esta casa!
Todos los que le escucharon se echaron a reír porque sabían que no lo iba a hacer. Siempre protestaba por todo, pero ¿dónde iba a ir a sus años?
Agustina muy orgullosa, se dirigió al grupo que estaba allí reunido y les dijo:
-Por fin se ha dado cuenta de la importancia de su misión. Desde hoy será muy feliz.
Mientras desde el tejado….
-KIKIRIKI; KIKIRIKI, Escarlati seguía cantando.
Poco a poco todo volvió a la normalidad. Se hizo completamente de día, las luces del pueblo se apagaron por completo y Escarlati I se volvió a su hijo y mirándole orgulloso le dijo:
-Verdaderamente ¿crees ahora que es aburrido ser Gallo?
Escarlati hijo miró a su padre emocionado y, ambos, con sus bonitas plumas se dieron un gran abrazo.
Los chavales, unas veces subían a ver las palomas y, otras veces, visitaban el gallinero observando a las gallinas; luego contaban los huevos que habían puesto y también comprobaban si habían nacido algunos pollitos. Un día, jugando en el pequeño huerto, de entre todos las aves que estaban por allí picoteando entre las hierbecillas, una les llamó la atención; pasó andando por su lado como si fuera de puntillas, con el cuello muy estirado, tanto, que hubiesen pensado que miraba a los demás por encima del hombro. Más que andar parecía que quisiera arrancar el vuelo en cualquier momento. No tuvieron más remedio que reírse. Uno de los niños miró al pollito y dijo con sorna:
-¡Qué bicho más raro! parece que anda sin pisar el suelo y por la forma de su cuello, se diría que parece una avestruz. Todos se rieron de la ocurrencia de Quique:
–Un gallo avestruz ¡que original! Lo volvieron a mirar extrañados y fueron corriendo muy divertidos a contárselo a su madre.
Los patos y los otros animales del corral comentaron entre sí:
-Veis, hasta los niños se han dado cuenta, ese pollito es muy orgulloso y presumido. Nunca agacha la cabeza y parece que nos mira a todos como si los demás fuéramos tontos.
Agustina, la mamá gallina, oyó el comentario y pensó con tristeza que ya era hora de hablar con su hijo, el gallito del cuello estirado. Así que, como las cosas importantes no se deben de dejar para el día siguiente, se dirigió a Escarlati II que así se llamaba y le dijo:
-Vamos a ver Escarlati II, llevas unos días muy raro, sé que te ocurre algo y no me lo quieres decir. Te veo siempre triste, preocupado y andando de una forma muy extraña. Ya te estás haciendo mayorcito y nuestros vecinos se empiezan a reír de ti. Confía en tu madre y cuéntale lo que te inquieta.
Escarlati II la miró y se le llenaron los ojos de lágrimas:
-Mira mamá, no quiero que te apene lo que te voy a decir pero los días veo pasar por encima de nuestras cabezas a muchas aves que volando van de un sitio a otro, libres y divertidas: las cigüeñas de la torre, las palomas de nuestra casa, los jilgueros ¡Quiero volar como otros pájaros! … ¿Por qué no puedo hacerlo? Siempre picoteando en el suelo y buscando gusanos ¡qué asco! ¡ No me gusta ser un pollo, hasta la palabra pollo, me pone la carne de gallina, y perdona por la comparación. ¡No hay cosa más tonta y aburrida que ser ave de corral!
-Mira hijo -le dijo Agustina la gallina muy disgustada-, por mucho que andes de puntillas para parecer más alto y estires el cuello para tenerlo más largo, no te vas a parecer nunca a las cigüeñas de la iglesia ni vas a volar tan alto como ellas. Pero si tienes paciencia, comprenderás cuando seas mayor, que los gallos tienen un oficio muy importante y que la vida de todo el pueblo depende de ellos.
El pollito miró a su madre con los ojos muy abiertos y le dijo:
-Pues yo he visto un gallo encima de la torre, así que, él sí que ha podido volar más alto que nosotros.
-¿Un gallo encima de la torre? -dijo extrañada Agustina-. A ver, enséñamelo.
Escarlati y su madre se fueron andando hacia una parte del corral, desde donde se veía bien dicha torre y, efectivamente, allí estaba el gallo encima del campanario de la iglesia.
Se movía girándose sobre sí mismo, según soplaba el viento. Agustina se echó a reír:
-Hijo, eso no es un gallo, es una veleta. No es un animal de verdad sino de hierro y está ahí encima para indicar la dirección del viento.
Escarlati se puso colorado, pero no se le notó porque ya se le estaban poniendo las plumas de la cabeza naranjas y rojas como las de su padre, así que, la vergüenza que sintió por el error cometido pasó desapercibida.
-Ten paciencia cariño, que dentro de poco te llegará tu momento- le repitió Agustina.
-¿Falta mucho para ese día mamá?
-Confía en mí que yo te avisaré, cuando crea que estás preparado para la misión que tienen reservada los gallos del corral - le contestó.
El pollito se marchó más tranquilo meditando sobre todo lo que le que le había dicho su madre.
Esta le vio alejarse y dijo para sí:
-Tengo que hablar con su padre. Ya es hora de que le enseñe a Escarlati II, que la vida de un gallo no es tan aburrida como cree. Además, está creciendo muy rápido y no me parece bien que todos los animales se rían de él porque crean que es un estirado.
El padre de Escarlati II, Escarlati I, era un gallo de armas tomar. Todas las gallinas del vecindario estaban enamoradas de él, tenía una planta majestuosa; se paseaba por el corral despacio, moviendo la cabeza para todos lados, luciendo su precioso plumaje. Las plumas de la cabeza pasaban desde los tonos amarrillos hasta los rojos más vivos y los bordes de las alas eran de color naranja. El resto del cuerpo era gris oscuro y la cola de color negro azabache, alternando con algunas pinceladas blancas. También, si te fijabas con atención, podías ver que alguna pluma azul marino salpicaba su cuerpo para hacerlo más bello todavía.
Cuando Agustina llegó delante de él, suspiró orgullosa viendo lo guapo que estaba su marido y pensó, que pronto su hijo se convertiría en un gallo tan espectacular como su padre.
-¡Escarlati, tengo que hablar urgentemente contigo!, le dijo.- Vamos a un sitio en donde podamos estar más tranquilos. Se fueron debajo de unos árboles, lejos de las miradas indiscretas de algunos vecinos y Agustina, le puso al corriente del problema que tenía su hijo. Los dos decidieron que cuando terminara el invierno y entrara la primavera, sería el momento del relevo, el padre descansaría para dejar a Escarlati II la responsabilidad de ser el gallo del gallinero.
Llegó el tiempo fijado, los árboles, las plantas del huerto, los animales y, todo lo que rodeaba la casa, había experimentado un gran cambio. Se notaba que la vida bullía por todos lados: era la primavera.
Una noche Escarlati I habló con su hijo:
-El momento ha llegado. Mañana de madrugada tendrás que estar a punto. Veremos si sabes ganarte el nombre de” El gallo del gallinero”.
Esa noche nuestro joven no pudo dormir. Cuando llegó su padre a por él, ya estaba listo:
-Acompáñame - le dijo.
Escarlati II ya no era el gallito tímido y raro de antes, pues durante el resto del invierno se había convertido en un digno sucesor de su padre. Le siguió lo más rápido que pudo, pero su progenitor iba tan ligero, que estuvo a punto de caerse varias veces. ¡Estaba muy nervioso!...
Por fin, después de unos cuantos tropezones, llegaron a lo más alto del tejado. Cuando hubieron descansado un poco, el padre se volvió hacia él y le dijo solemnemente:
-Escucha hijo, dentro de unos segundos vas a ser testigo de un gran milagro que todos los días sucede en la naturaleza, el paso de la oscuridad a la luz, de la noche al día.
-Observa bien y déjate llevar. Transcurrieron unos minutos que a Escarlati II le parecieron horas. Miró a lo lejos. El cielo estaba maravilloso cuajado de estrellas. De vez en cuando, se oía el ladrido lejano de un perro vagabundo. De repente, un magnífico espectáculo apareció delante de sus ojos, un punto brillante con un halo rojo surgió en el horizonte, el cielo empezó a aclararse muy despacio y comenzó a ver mejor. Las estrellas fueron apagándose poco a poco y las nubes que había en el cielo se vistieron con colores grises, rosas y rojos. La belleza del momento le lleno tanto de emoción que, sin saber por qué, hinchó su pequeño pecho y la alegría que sentía le hizo cantar su primer “KIKIRIKÏ.”
Le gustó la sensación y lo volvió a repetir: KIKIRIKÏ., KIKIRIKÏ...
Cantó una y otra vez hasta el agotamiento. Lo que vino un poco después le gustó aún más: observó desde el tejado, como el pueblo se despertó al oír su canto y gracias a él, empezó a cobrar vida. Las luces comenzaron a apagarse y desde donde estaba subido pudo ver lo que sucedía: el panadero abrió la panadería; los amos se desperezaron en la cama; los niños subieron las persianas y se asomaron a las ventanas para comprobar el tiempo que hacía; el Sr. cura tocó las campanas para anunciar la misa de siete; el Sr. Paco, dueño del Kiosco, recogió como todas las mañanas los paquetes de periódicos que el repartidor había dejado en la puerta y los colocó en los expositores de hierro junto con las revistas; entonces empezó a vocear el diario del día: -¡El Ideal, compren el periódico con las noticias más frescas!….
Todos los animales del corral salieron fuera y miraron hacia el tejado asombrados. Ellos sí reconocieron, que el canto que les había despertado ese día, no era el de siempre. Era el de un gallo más joven e ilusionado:
- ¿Habéis escuchado? Creo que es Escarlati hijo-decían los patos a las gallinas.
-Tiene un canto aún más bonito y potente que el de su padre -añadía un gatito desperezándose.
-Ahora sí que ya no se va a poder dormir más en este corral- replicó un viejo perro que destacaba por su pereza-.¡Si esto se vuelve a repetir me voy de esta casa!
Todos los que le escucharon se echaron a reír porque sabían que no lo iba a hacer. Siempre protestaba por todo, pero ¿dónde iba a ir a sus años?
Agustina muy orgullosa, se dirigió al grupo que estaba allí reunido y les dijo:
-Por fin se ha dado cuenta de la importancia de su misión. Desde hoy será muy feliz.
Mientras desde el tejado….
-KIKIRIKI; KIKIRIKI, Escarlati seguía cantando.
Poco a poco todo volvió a la normalidad. Se hizo completamente de día, las luces del pueblo se apagaron por completo y Escarlati I se volvió a su hijo y mirándole orgulloso le dijo:
-Verdaderamente ¿crees ahora que es aburrido ser Gallo?
Escarlati hijo miró a su padre emocionado y, ambos, con sus bonitas plumas se dieron un gran abrazo.
Las bonitas ilustraciones de este cuento las ha realizado LAURA BUENO VALDES.
Gracias Laura.
viernes, 15 de abril de 2011
Pepa y Pepe, Infantil,1er y 2º ciclo.
Guille y Pablo llevaron a casa dos huevos de gusanos de seda; eran como dos puntas de alfiler de color marrón oscuro. Se los habían regalado en el colegio y, ellos, los cogieron con mucho cuidado para no perderlos por el camino. Nada más llegar, los pusieron sobre un pañuelo blanco, dentro de una caja de zapatos y esperaron a que nacieran. Los miraban todos los días antes de irse a clase para ver si habían salido los gusanos, hasta que una mañana:
-¡Mamá, ya han nacido! -grito Guille-. Hay que buscar hojas de morera.
Los niños tenían en el jardín un árbol de moras. De sus ramas cogieron unas hojas muy verdes y brillantes, para que comieran tres veces al día. Pepa y Pepe, que así se llamaban los gusanitos, crecían muy rápido. Después de comer, les gustaba esconderse entre las hojas para descansar, por eso, cuando Guille y Pablo venían a verlos, no los encontraban. Iban levantando una a una las hojas de morera, pero no los veían:
-No están aquí ni aquí ni tampoco aquí. ¿Se habrán escapado?
Por fin, debajo de la tercera o cuarta hoja que levantaban, aparecían los dos gusanos:
-¡Qué bromistas son!-decía Pablo.
Pepa y Pepe se pusieron tan gordos como los dedos de la mano de Guille. Un día al volver del colegio, como de costumbre, los niños miraron la caja, levantaron todas las hojas de morera y no los encontraron. En su lugar vieron dos ovillos pequeños de hilo: uno de color rosa y otro amarillo. Fueron corriendo asustados a buscar a su mamá:
-Mamá, esta vez sí que se han escapado de verdad. No hay nada en la caja; solo dos bolas pegadas al cartón, que parecen dos bobinas de las que tú tienes para coser.
-A ver- dijo la madre-. ¡Claro! Sí que están, pero se han metido dentro de sus capullos. Tienen que hacerse una casita de hilos de seda y, ahí dentro, se quedarán dormidos, hasta que se conviertan en mariposas. Cuando estén preparadas, saldrán del capullo. ¡Ya lo veréis! Pero, antes, vamos a despegarlos del cartón y los colocaremos encima de otro pañuelo limpio, para que cuando pongan los huevos se vean bien.
-¿Es que las mariposas ponen huevos? Yo me creía que los ponían los gusanos -comentó Pablo.
Guille y Pablo, todas las mañanas, se asomaban a su caja de zapatos para ver, si las dos bolitas de seda habían sufrido algún cambio. Un día, observaron que los capullos se estaban moviendo. Por un agujerito muy pequeño aparecieron unas patitas negras que, poco a poco, lo fueron haciendo más grande, hasta que con un gran esfuerzo, como si se estuvieran quitando un saco de dormir muy apretado, salieron Pepa y Pepe convertidos en dos mariposas blancas un poco peludas.
-Mamá, ya han salido las mariposas. ¡Qué feas son!-dijeron los niños.
-No son ni feas ni bonitas: son así, porque así tienen que ser, la naturaleza es muy sabia.
De vez en cuando, los niños se acercaban a la caja y las oían revolotear, parecía que estaban bailando. A los pocos días, una de ellas puso un montón de huevos y los chicos se alegraron mucho.
-El año que viene se repetirá la historia- les dijo su madre.
-Mamá, parece magia ¿verdad? -dijo Pablo sorprendido ante la transformación que habían sufrido los gusanos.
-Sí hijo, en la naturaleza todo es mágico y, a la vez, normal; ya lo entenderéis cuando seáis mayores.
Los niños se miraron sorprendidos ante la explicación de su madre; de verdad tendrían que esperar un poco más para comprenderlo mejor.
Ilustración: Otra vez vuelve a ser Guille el que me adorne el cuento y, de verdad, que el niño que ha dibujado es igualito a Pablo.
domingo, 3 de abril de 2011
Visita al colegio Jesús María
La autora de este precioso dibujo ha sido la niña Clara García Ayala 3ºB Infantil
Esta simpática ranita bañandose en la charca es obra del niño Santiago Colomer Andreu 3º A Infantil
El jueves día 31 de marzo, saqué a pasear a La Ranita Rafaelita. Ella tenía muchas ganas de ver a los niños en el colegio, así es que la llevé a visitarlos al colegio de Jesús María. Los niños y niñas de Infantil de cinco años de ese Centro se portaron estupendamente. Las profesoras Montserrat Ortega, Pilar Hernández y Leonor Franco los colocaron a todos juntos, en una sala muy grande, sentados en corro para que oyesen mejor el cuento que les iba a leer. Me di cuenta de que estos niños saben mucho de abuelas, animales y colores. Hablamos de las abuelas; les pregunté qué cuantas cosas hacían con ellos y me contestaron que: -Las abuelas sirven para abrazar, para coser, para dar cariño, para rezar, para preparar la comida y para contar cuentos. Después hablamos de los animales ¡Madre mía! Casi no quedaron animales sin nombrar; por último repasamos los colores del Arco Iris y les leí el cuento. Después, en clase con sus tutoras, hicieron unos preciosos dibujos de los que he puesto una muestra. Espero que se divirtieran tanto como la ranita y yo. Volveré otro día con más cuentos.
Esta simpática ranita bañandose en la charca es obra del niño Santiago Colomer Andreu 3º A Infantil
Este dibujo ha sido realizado por la niña Carmen Moreno Alcazar 3º C
Infantil
El jueves día 31 de marzo, saqué a pasear a La Ranita Rafaelita. Ella tenía muchas ganas de ver a los niños en el colegio, así es que la llevé a visitarlos al colegio de Jesús María. Los niños y niñas de Infantil de cinco años de ese Centro se portaron estupendamente. Las profesoras Montserrat Ortega, Pilar Hernández y Leonor Franco los colocaron a todos juntos, en una sala muy grande, sentados en corro para que oyesen mejor el cuento que les iba a leer. Me di cuenta de que estos niños saben mucho de abuelas, animales y colores. Hablamos de las abuelas; les pregunté qué cuantas cosas hacían con ellos y me contestaron que: -Las abuelas sirven para abrazar, para coser, para dar cariño, para rezar, para preparar la comida y para contar cuentos. Después hablamos de los animales ¡Madre mía! Casi no quedaron animales sin nombrar; por último repasamos los colores del Arco Iris y les leí el cuento. Después, en clase con sus tutoras, hicieron unos preciosos dibujos de los que he puesto una muestra. Espero que se divirtieran tanto como la ranita y yo. Volveré otro día con más cuentos.
viernes, 1 de abril de 2011
Guille y Pablo 1: Los amigos de Guille, infantil y 1er ciclo
Guille y sus amigos.
Guille tiene tres años y muchas mascotas: Nana, una perrita blanca, Pongo, un hermoso dálmata y Paco, un pato blanco, con unas manchas negras en la cabeza y en las alas.
Además de todas sus mascotas, tiene una colección muy grande de animales de juguete.
Cuando está en casa de los abuelos, mientras llegan sus papás, su abuela y él eligen cada tarde un cuento distinto, siempre de animales, claro está, y repasan, juntos, todos los nombres de los mismos, desde los más corrientes a los más raros; Guille se los sabe todos. También leen un libro de adivinanzas de cuando su tía Paloma era pequeña. Hay dos que se sabe de memoria. Dicen así:
Alto altanero
Gran caballero,
Gorro de grana
Capa dorada
Espuela de acero
-¿Qué es? –le pregunta la abuela.Guille, con ojos pícaros y simpática sonrisa, le responde:
-El gallo.
Después, leen otra:
Animal de buen olfato
Cazador dentro de casa
Rincón por rincón repasa
Y lame, si pilla, un plato.
-¿Qué es? Vuelve a preguntar la abuela:-El gato, contesta muy ufano Guille.
Ha llegado la primavera y el pato Paco, ha crecido mucho. A veces se pelea con Nana, porque ella es una perra de caza. Un día al volver del mercado, ven a Paco con el ala rota. Los padres de Guille le han curado con mucho cuidado, pero tienen que buscar una solución: algún día, Nana le puede hacer mucho daño.
-Guille, hemos pensado que ya va siendo hora de llevar a Paco con sus amigos. No querrás que viva solo sin familia -le dice su mamá.
Guille se queda pensativo: sabe que sus padres tienen razón.
-Vamos a llevarlo a un sitio en donde hay muchos patos y patas. Así, cuando sea mayor, podrá tener hijitos y compañía.
Al día siguiente lo llevan al estanque. Lo cogen con mucho cuidado y lo meten en una caja para que no se dañe durante el trayecto.
Cuando llegan al parque, lo sacan y lo ponen sobre el césped que rodea el estanque. Llega el momento de dejarlo con sus amigos
Paco, en cuanto ve el agua, sale corriendo con mucha gracia, moviendo la cola de derecha a izquierda y se zambulle en el agua enseguida.
-¡Adiós Paco! -dice Guille-. Papá, Paco no se ha despedido de mí.
-Sí que lo ha hecho, ¿no has visto cómo movía la cola para los lados diciendo adiós? Los patos se despiden de esa manera.
Guille está feliz, desde dónde está ve a su amigo deslizarse por el estanque como si lo hubiera hecho durante toda la vida. Esta noche, Guille se ha acostado pensando en él.
-Mamá, ¿Paco tendrá miedo de noche?
-No, no lo creo, los patos viven en el agua. Seguro que duerme mejor que nunca. Dame un beso y sueña con los angelitos.
Guille se duerme, pero no sueña con los angelitos como le ha dicho su madre, sino con el gran estanque del parque y con Paco. En su sueño, lleva un flotador amarillo y Guille se baña con Paco y sus amigos.
La ilustración es de mi nieto Guillermo.
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